«El aco­sa­dor sa­be dón­de ata­car por­que el me­nor tie­ne su vi­da en la red so­cial»

La Voz de Galicia (Lugo) - - Galicia - J. M. PAN

«Hay gen­te que se co­no­ce mu­cho an­tes a tra­vés de las re­des so­cia­les que lue­go per­so­nal­men­te. Lo que an­tes em­pe­za­ba en la vi­da real y lue­go con­ti­nua­ba en las re­des so­cia­les aho­ra es al re­vés. To­do em­pie­za en las re­des so­cia­les». Lo ad­vier­te Án­gel Gó­mez, al­fé­rez de la Guar­dia Ci­vil de la uni­dad de investigación de la Po­li­cía Ju­di­cial de la Guar­dia Ci­vil de A Co­ru­ña. —El pri­mer con­tac­to es a tra­vés de las re­des so­cia­les. —Hay es­tu­dios a ni­vel na­cio­nal que in­di­can que el 21 % de los me­no­res ad­mi­ten que han te­ni­do una ci­ta per­so­nal con al­guien que han co­no­ci­do a tra­vés de In­ter­net. Eso es es­ca­lo­frian­te, em­pie­za to­do en las re­des so­cia­les. —¿Y qué se pue­de ha­cer? —Es­to no se pue­de pa­rar. No pue­des prohi­bir a los ni­ños que ac­ce­dan a In­ter­net. Es­tá en to­dos los si­tios, en to­dos los si­tios hay wi­fi, los me­no­res tie­nen te­lé­fono mó­vil... No se tra­ta de prohi­bir, se tra­ta de edu­car a los ni­ños y con­cien­ciar a los pa­dres. De esa for­ma va­mos a evi­tar mu­chí­si­mos de­li­tos. —¿Se es­tá ha­cien­do al­go en ese sen­ti­do? —No­so­tros par­ti­ci­pa­mos en el plan di­rec­tor de se­gu­ri­dad es­co­lar, en el que va­mos dan­do char­las in­for­ma­ti­vas en los co­le­gios e ins­ti­tu­tos, don­de se ase­so­ra a los ni­ños y a los pa­dres y a los pro­fe­so­res. Ha­ce po­co se ha cor­ta­do un ci­be­ra­co­so por­que los ni­ños ya em­pie­zan a ser cons­cien­tes de que es muy im­por­tan­te no con­tac­tar con gen­te que no co­no­cen, o no acep­tar re­ga­los a tra­vés de la red. La prevención es lo más im­por­tan­te. —Mu­chos pa­dres des­co­no­cen el pro­ble­ma por­que no es­tán re­la­cio­na­dos con las re­des so­cia­les. —Sí, pero el pro­ble­ma es­tá ahí. Mu­chos pa­dres se dan cuen­ta cuan­do ya ha ha­bi­do un ci­be­ra­co­so, un sex­ting, un groo­ming... y se pre­gun­tan có­mo es po­si­ble que ha­ya pa­sa­do eso y no se ha­yan en­te­ra­do. El pa­dre tie­ne que dar­le al me­nor la con­fian­za de que sa­be que pue­den usar las re­des so­cia­les pero que exis­ten ries­gos. Eso es lo que ad­ver­ti­mos en esas char­las. —¿Qué pue­de ha­cer un pa­dre? —To­do re­si­de en la edu­ca­ción. Que el ni­ño se­pa has­ta dón­de pue­de lle­gar, con quién pue­de ha­blar y con quién no. Si un pa­dre le di­ce a un ni­ño que no ha­ble con des­co­no­ci­dos, el ni­ño sa­be que no de­be ha­cer­lo ni en per­so­na ni en las re­des so­cia­les. —¿Qué es lo que más preo­cu­pa a los in­ves­ti­ga­do­res? —El sex­ting, in­ter­cam­bio de fo­tos, y el groo­ming, cuan­do los adul­tos se ha­cen pa­sar por me­no­res pa­ra ga­nar su con­fian­za y que el me­nor con el que ha con­tac­ta­do le en­víe fo­tos o ví­deos. Eso pa­sa to­dos los días. En el ca­so del groo­ming, el aco­sa­dor ame­na­za con ha­cer pú­bli­cas fo­tos ín­ti­mas. Ven el per­fil de un me­nor en una red so­cial y crean uno pa­re­ci­do, y una vez que tie­nen el ma­te­rial pa­ra ex­tor­sio­nar ya tie­nen al me­nor co­mo un ob­je­to se­xual. Sa­ben dón­de ha­cer da­ño por­que el me­nor al que han cap­ta­do tie­ne to­da su vi­da en la red so­cial, dón­de vi­ve, quié­nes son sus ami­gos, su fa­mi­lia. En­tra en una es­pi­ral y ca­da vez es peor. —¿Hay al­go que preo­cu­pe más en Galicia? —No po­de­mos cir­cuns­cri­bir­nos a un área. Un ca­so pue­de na­cer en A Co­ru­ña, pero se ex­tien­de a otras par­tes. Una de nues­tras in­ter­ven­cio­nes se ini­ció en Chi­le y ter­mi­nó en Galicia y en otras zo­nas de Es­pa­ña. Son ope­ra­cio­nes sin fron­te­ras en las que in­ter­vie­nen po­li­cías de to­do el mun­do. La de­lin­cuen­cia es glo­bal y te­ne­mos que ac­tuar de for­ma glo­bal.

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