Las in­cer­ti­dum­bres del Reino Uni­do

La Voz de Galicia (Lugo) - - Opinión - Ju­lio Se­quei­ros Ti­zón Ca­te­drá­ti­co de Es­truc­tu­ra eco­nó­mi­ca de la Uni­ver­si­da­de da Co­ru­ña

Ma­ña­na jue­ves, el Reino Uni­do acu­di­rá en re­fe­ren­do a pro­nun­ciar­se so­bre su per­ma­nen­cia o su sa­li­da de la Unión Eu­ro­pea. El re­sul­ta­do que pre­vén las en­cues­tas es prác­ti­ca­men­te un empate en­tre las dos op­cio­nes o, lo que vie­ne a ser lo mis­mo, la vic­to­ria por de­ci­ma­les de una po­si­ción so­bre la otra. Sea cual sea el re­sul­ta­do, se­rá un pro­ble­ma. Es­ta­mos ha­blan­do de una economía que es la se­gun­da de Europa en ta­ma­ño y con una po­bla­ción de 65 mi­llo­nes de per­so­nas. Cual­quier re­sul­ta­do que no fue­se una con­tun­den­te apues­ta por la per­ma­nen­cia, se­ría un re­sul­ta­do di­fí­cil de ges­tio­nar pa­ra un proyecto eu­ro­peo que es­tá per­dien­do ad­he­sio­nes, tan­to en­tre la ciu­da­da­nía co­mo en­tre los paí­ses miem­bros.

La po­si­ción de los bri­tá­ni­cos den­tro de la Unión Eu­ro­pea ha si­do siem­pre pe­cu­liar. Tar­da­ron 15 años en in­cor­po­rar­se al proyecto y, tras la ad­he­sión en 1973, su per­ma­nen­cia en la Unión ha su­pues­to per­ma­nen­tes dis­cu­sio­nes por lo es­pe­cí­fi­co de su in­su­la­ri­dad —y lo par­ti­cu­lar de su economía— so­bre to­do en te­mas pre­su­pues­ta­rios y en lo que tie­ne que ver con los de­re­chos so­cia­les de los tra­ba­ja­do­res. Es­tán au­sen­tes tam­bién en el proyecto del eu­ro y han im­pues­to una Europa de geo­me­tría va­ria­ble tra­tan­do de man­te­ner­se al mar­gen, pe­ro siem­pre den­tro de la Unión. Es un jue­go di­fí­cil: sin es­tar en el con­ti­nen­te y sin ser Ale­ma­nia o Fran­cia, me­jor co­la de león. El pa­sa­do mes de abril Oba­ma ya lo de­jó cla­ro en Londres: fue­ra de la Unión la re­la­ción especial de Es­ta­dos Uni­dos con el Reino Uni­do se re­sen­ti­ría.

En to­do el de­ba­te so­bre el bre­xit hay un as­pec­to im­por­tan­te que se co­no­ce co­mo la pa­ra­do­ja de Jac­ques De­lors: pa­ra qué con­ti­nuar con la in­te­gra­ción eu­ro­pea si ya es­ta­mos en un mer­ca­do mun­dial to­tal­men­te abier­to y com­pe­ti­ti­vo. En otros tér­mi­nos, la cons­truc­ción eu­ro­pea era un pro­ce­so no­ve­do­so y re­vo­lu­cio­na­rio en los años cin­cuen­ta, re­cién sa­li­dos de una gue­rra en­tre Es­ta­dos na­ción, y con unas fron­te­ras im­permea­bles al co­mer­cio, a los ca­pi­ta­les y a las per­so­nas. Y no so­lo en Europa, la economía mun­dial tam­bién es­ta­ba or­ga­ni­za­da so­bre es­tas mis­mas ba­ses. Hoy en día, la glo­ba­li­za­ción es la ca­rac­te­rís­ti­ca de la economía in­ter­na­cio­nal con un flu­jo prác­ti­ca­men­te li­bre de mer­can­cías y ca­pi­ta­les. En es­te sen­ti­do, la pre­gun­ta que se ha­cen los par­ti­da­rios del bre­xit es qué apor­ta de ven­ta­ja al Reino Uni­do su per­ma­nen­cia en la Unión. La res­pues­ta no es fá­cil, so­bre to­do si te­ne­mos en cuen­ta que la re­cu­pe­ra­ción de su economía, tras la cri­sis del 2008, es real­men­te es­pec­ta­cu­lar.

La pre­gun­ta no es qué se ga­na per­ma­ne­cien­do en la Unión. La pre­gun­ta es qué pier­de el Reino Uni­do aban­do­nan­do la Unión. Por ejem­plo, ten­drán que ne­go­ciar des­de ce­ro más de un mi­llar de acuer­dos co­mer­cia­les y ha­cer­lo des­de la po­si­ción de un país in­di­vi­dual, sin ese pa­ra­guas que re­pre­sen­ta Bru­se­las. Otro ejem­plo: los mer­ca­dos pre­vén una caí­da de la li­bra es­ter­li­na que po­dría lle­gar al 25 por cien­to en el ca­so de la rup­tu­ra.

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