Morata, un za­pa­dor en­tre in­ge­nie­ros

El arie­te de la Ju­ven­tus se con­so­li­da en la proa de la se­lec­ción y es pi­chi­chi, jun­to a Bale y Ro­nal­do

La Voz de Galicia (Lugo) - - Eurocopa - M. G. REI­GO­SA

Al de­lan­te­ro cen­tro se le lla­ma arie­te no por­que ten­ga su há­bi­tat na­tu­ral en el área, sino por asi­mi­la­ción con los ar­ti­lu­gios que uti­li­za­ban los sol­da­dos en la Edad Me­dia pa­ra de­rri­bar mu­ra­llas y aba­tir puer­tas. A Morata la eti­que­ta le vie­ne al pe­lo, por­que en la se­lec­ción es un sol­da­do, más bien un za­pa­dor, en­tre in­ge­nie­ros. Tie­ne la mi­sión de ho­ra­dar las de­fen­sas ri­va­les, aun­que no tan­to por el cho­que cuan­to por la mo­vi­li­dad.

Ese do­mi­nio de la es­ce­na lo ha pu­li­do en sus dos años en la Ju­ven­tus, en los que ha da­do un gran sal­to en su ca­rre­ra. Es, qui­zás, uno de los ju­ga­do­res más ita­lia­nos de la se­lec­ción es­pa­ño­la, de los que me­jor sa­be co­rrer en los dos sen­ti­dos. Sin du­da, es el que me­jor co­no­ce al ri­val de oc­ta­vos de fi­nal. Y es tam­bién el nom­bre pro­pio que es­tá atra­yen­do más aten­ción en­tre la pren­sa de la pe­nín­su­la de la bo­ta, por su mi­li­tan­cia en el Cal­cio.

Ade­más, una vez com­ple­ta­da la pri­me­ra fa­se de la Eu­ro­co­pa, Morata os­ten­ta con­di­ción de pi­chi­chi de la com­pe­ti­ción con tres go­les, com­par­ti­da con Bale y Cris­tiano Ro­nal­do.

Re­ma­ta­dor y bu­lli­dor

Lo cier­to es que en es­te cam­peo­na­to no hay de­ba­te so­bre el fal­so nue­ve, en gran me­di­da por­que el fut­bo­lis­ta que aca­ba de re­pes­car el Real Ma­drid es­tá ofre­cien­do pres­ta­cio­nes no­ta­bles en el área, pe­ro tam­bién en sus in­me­dia­cio­nes.

Morata tie­ne al­ma de sol­da­do pues­to que no rehú­ye la ba­ta­lla. Es el pri­me­ro en apli­car­se a la ho­ra de pre­sio­nar la sa­li­da de ba­lón del ri­val. Y tam­po­co se que­da quie­to cuan­do to­ca ata­car, tan­to si tie­ne el ba­lón co­mo si se ofre­ce pa­ra re­ci­bir­lo.

Es un fa­ja­dor, qui­zás por­que a lo lar­go de sus ca­rre­ra nun­ca lo tu­vo fá­cil. Em­pe­zó en la can­te­ra del Atlé­ti­co de Ma­drid y cuan­do in­tu­yó que el ho­ri­zon­te no era el me­jor pa­ra su pro­gre­sión, cam­bió Ma­ja­dahon­da por Ge­ta­fe. Un año más tar­de se in­cor­po­ró a los ju­ve­ni­les del Real Ma­drid. Y con­fir­mó un cre­ci­mien­to con­ti­nua­do. Sin em­bar­go, cuan­do lle­gó al pri­mer equi­po y per­ci­bió que se po­día que­dar sin mi­nu­tos, de nue­vo cam­bió de ai­res. Se fue a la Ju­ven­tus y aho­ra, dos años más tar­de, ha­rá el ca­mino de vuel­ta, pe­ro ya con ga­lo­nes. Por­que ya no es el be­ca­rio que se fue.

En las se­lec­cio­nes de ba­se Morata tam­bién ha de­ja­do hue­lla de go­lea­dor. En la Eu­ro­co­pa sub 19, en Ru­ma­nía, con­si­guió la dis­tin­ción de má­xi­mo ano­ta­dor, con seis dia­nas. Y re­pi­tió ga­lar­dón en la sub 21 que se ce­le­bró en el 2013 en Is­rael. Le cos­tó ha­cer­se un hue­co en el on­ce ti­tu­lar. Em­pe­zó co­mo su­plen­te, pe­ro ca­da vez que sa­lía veía puer­ta. Fue ti­tu­lar en el ter­cer par­ti­do, vol­vió al ban­qui­llo en las se­mi­fi­na­les y ju­gó la fi­nal des­de el prin­ci­pio. An­te Ita­lia, con vic­to­ria ro­ja, 4-2.

TOLGA BOZOGLU EFE

Morata ce­le­bra el pri­me­ro de los dos go­les que anotó en el par­ti­do fren­te a Tur­quía.

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