El «sor­pas­so» mo­de­ra el dis­cur­so de Po­de­mos, que no ce­só en su aco­so al PSOE

Igle­sias rec­ti­fi­ca y ya no cues­tio­na las vo­ta­cio­nes

La Voz de Galicia (Lugo) - - Elecciones - JUAN CAPEÁNS

Uni­dos Po­de­mos lle­gó a la campaña con la creen­cia firme, ava­la­da por las en­cues­tas, de que ha­bía arre­gla­do en los des­pa­chos lo que ten­dría muy com­pli­ca­do de ga­nar en las ur­nas en tan so­lo dos se­ma­nas. El tras­va­se hi­po­té­ti­co de un mi­llón de vo­tos de IU a la for­ma­ción mo­ra­da y la in­cor­po­ra­ción de un va­lor po­pu­lar co­mo Al­ber­to Gar­zón nar­co­ti­zó cual­quier vi­so de au­to­crí­ti­ca y com­pen­só con cre­ces los erro­res de los úl­ti­mos seis me­ses, que hun­die­ron la po­pu­la­ri­dad de Pa­blo Igle­sias. Y ahí ra­di­ca la arries­ga­da apues­ta de Íñi­go Errejón, di­rec­tor de campaña: asu­mi­do el sor­pas­so a los so­cia­lis­tas, so­lo que­da­ba mo­de­rar el dis­cur­so, adap­tar­lo a los in­tere­ses te­rri­to­ria­les pa­ra de­can­tar al­gún es­ca­ño que se le ca­ye­ra por el ca­mino al PP y po­ner con­tra la pa­red ca­da día a Pe­dro Sán­chez en­vian­do cons­tan­tes men­sa­jes en los que re­in­ter­pre­tan a su favor la vo­lun­tad de las ba­ses del PSOE. Con ese ar­gu­men­ta­rio, en cla­ve de se­gun­da fuer­za, to­do lo que no sea sa­car un dipu­tado más que los so­cia­lis­tas de­ja­rá un pé­si­mo sa­bor de bo­ca y una si­tua­ción in­có­mo­da a Igle­sias, quien se ve­rá atra­pa­do por la he­me­ro­te­ca.

Las for­ta­le­zas y de­bi­li­da­des de Uni­dos Po­de­mos se evi­den­cia­ron en su for­ma de ha­cer campaña. Los pri­me­ros es­pa­das mo­du­la­ron con bas­tan­te ha­bi­li­dad el dis­cur­so se­gún el te­rri­to­rio al que se di­ri­gían. Por mo­men­tos, en una te­le­vi­sión es­pa­ño­la el re­fe­ren­do ca­ta­lán de­ja­ba de ser una lí­nea ro­ja pa­ra un pac­to pos­te­rior, y ese mis­mo día en un ro­ta­ti­vo ca­ta­lán se ga­ran­ti­za­ba el «de­re­cho a de­ci­dir». El le­ma de campaña, La son­ri­sa de un país, se con­vir­tió en La son­ri­sa de los pue­blos en Bar­ce­lo­na, y en otros la­res se adap­ta­ron otros dis­cur­sos en con­ni­ven­cia con las lla­ma­das con­fluen­cias.

Pe­ro co­mo ocu­rre con cual­quier par­ti­do, la evo­lu­ción de sus mo­vi­mien­tos des­ve­ló las ca­ren­cias de la for­ma­ción mo­ra­da, en su ca­so en­tre los vo­tan­tes de las áreas rurales y los ma­yo­res de 65 años. Con­ven­ci­dos de que «el men­sa­je del mie­do» no ha­cía na­da más que re­for­zar su po­der pa­ra mar­car la agen­da política, los es­tra­te­gas de la ca­pi­tal se lan­za­ron con des­ca­ro a por el voto de los abue­los, sa­be­do­res de su in­ca­pa­ci­dad es­truc­tu­ral pa­ra lle­gar a to­das las al­deas y pue­blos de Es­pa­ña. En es­tos lu­ga­res el pre­di­ca­men­to de «los al­cal­des del cam­bio», ca­si to­dos ur­ba­ni­tas, no ca­la.

Des­pués de ca­si dos años con Pa­blo Igle­sias opi­nan­do de la ma­ña­na a la no­che en los me­dios de co­mu­ni­ca­ción, el lí­der de Po­de­mos re­du­jo es­tas dos se­ma­nas la in­ten­si­dad de sus apa­ri­cio­nes y con­tu­vo el men­sa­je, co­mo evi­den­ció en el de­ba­te te­le­vi­si­vo de los cua­tro lí­de­res, al que acu­dió con el úni­co ob­je­ti­vo de nin­gu­near a Al­bert Ri­ve­ra y re­cor­dar­le a Sán­chez el ca­mino. No pi­só Ga­li­cia por­que es­tu­vo más cen­tra­do en las te­le­vi­sio­nes es­ta­ta­les, ce­dien­do la ca­rre­te­ra y los via­jes re­lám­pa­go en avión a Errejón y Gar­zón, los ros­tros más ama­bles y va­lo­ra­dos por los vo­tan­tes de otros par­ti­dos.

«Es­to no es Ve­ne­zue­la»

El Igle­sias más gue­rre­ro apa­re­ció con la úl­ti­ma po­lé­mi­ca de campaña, la con­ver­sa­ción gra­ba­da al mi­nis­tro de In­te­rior en su des­pa­cho. Mien­tras PSOE y Ciudadanos pe­dían la dimisión de Jor­ge Fer­nán­dez Díaz, el lí­der de Po­de­mos pu­so en du­da la lim­pie­za del pro­ce­so electoral, en ma­nos de un mi­nis­te­rio que, a su jui­cio, vi­ve en «un des­pe­lo­te» cons­tan­te. Con esas palabras so­lo con­si­guió po­ner de acuer­do por pri­me­ra vez a la «gran coa­li­ción», que ca­si al uní­sono le re­cor­dó que «es­to no es Ve­ne­zue­la». Ayer, en el pe­núl­ti­mo sus­pi­ro de la campaña, rec­ti­fi­có y mos­tró su «ple­na con­fian­za» en los pro­fe­sio­na­les que ve­la­rán por las vo­ta­cio­nes de ma­ña­na.

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