Cesc cierra el círcu­lo ita­liano

Mar­có el gol cla­ve en la tan­da de pe­nal­tis del 2008 y as­pi­ra a re­pe­tir sen­sa­cio­nes

La Voz de Galicia (Lugo) - - Eurocopa 2016 - RO­DRI­GO ERRASTI SAN MAR­TÍN DE RE / COLPISA

El 22 de ju­nio de 2008, Cesc Fá­bre­gas era el fut­bo­lis­ta más jo­ven de la se­lec­ción es­pa­ño­la y se con­vir­tió en hé­roe an­te la te­mi­ble Ita­lia, mar­can­do en la tan­da de pe­nal­tis el lan­za­mien­to de­ci­si­vo. Un dis­pa­ro que des­tro­zó el es­tig­ma per­de­dor de La Ro­ja en cuar­tos de fi­nal. Aquel era su pri­mer in­ten­to des­de los on­ce me­tros en com­pe­ti­ción ofi­cial des­de que te­nía 15 años y ju­ga­ba en los ca­de­tes del Bar­ce­lo­na. Aho­ra, ocho años des­pués, ya no es el mis­mo. Su vi­da es muy dis­tin­ta, em­pe­zan­do por la pa­ter­ni­dad. En el plano fut­bo­lís­ti­co, tie­ne un pal­ma­rés en­vi­dia­ble, con un Mun­dial y una Eu­ro­co­pa. Es un cen­te­na­rio de la se­lec­ción es­pa­ño­la, con la que ya ha ju­ga­do más de 6.000 mi­nu­tos. No hay na­die en la his­to­ria de la se­lec­ción que ha­ya crea­do tan­tos go­les: 32, dos por en­ci­ma de Xa­vi Her­nán­dez. De ellos, cin­co fue­ron en una Eu­ro­co­pa (es­tá a una del ré­cord del tor­neo en pro­pie­dad del che­co Ka­rel Po­borksy).

To­do em­pe­zó pa­ra él en 2008. Aque­lla tar­de en el Er­nest Hap­pel de Vie­na, Luis Ara­go­nés decidió que Cesc fue­se el quin­to en lan­zar. Des­pués de un fa­llo de Da­ni Güi­za y los dos de Ita­lia (De Ros­si y Di Na­ta­le), la glo­ria era su­ya. La afi­ción re­cuer­da la ima­gen de aquel «10», que con­ta­ba con 30 in­ter­na­cio­na­li­da­des a sus es­pal­das des­de su de­but en 2006, ha­blan­do so­lo, me­di­ta­bun­do, an­tes de lan­zar. «La vi­da te da una opor­tu­ni­dad y a mí me la dio. Cuan­do me lle­gó la ho­ra de ti­rar, so­lo pen­sa­ba en mar­car y aca­bar con el te­ma. A Buf­fon no le di­go na­da. Sim­ple­men­te, me ani­mo y me con­ven­zo a mí mis­mo de que la voy a me­ter», ex­pli­ca­ba aque­llos días des­pués de ano­tar el pe­nal­ti que cam­bió el rum­bo de la se­lec­ción.

Cua­tro años des­pués, en Do­netsk an­te Por­tu­gal, vol­vió a to­car­le a Es­pa­ña pa­sar por la ago­nía de los on­ce me­tros. Em­pe­zó la co­sa tor­ci­da, con fa­llo de Xa­bi Alon­so (el es­pe­cia­lis­ta), pe­ro los acier­tos de Inies­ta, Pi­qué y Ra­mos, des­pués de que Mou­tin­ho se to­pa­se con Casillas y Bruno Al­ves con el lar­gue­ro, de­ja­ron de nue­vo la glo­ria en los pies de Cesc, que aquel día fue su­plen­te. A di­fe­ren­cia de lo que su­ce­dió en 2008, cuan­do Luis le en­tre­gó la res­pon­sa­bi­li­dad, pi­dió él mis­mo ser el que ce­rra­se la tan­da. «Te­nía esa in­tui­ción. El mís­ter me ha pe­di­do que ti­ra­ra el se­gun­do. Yo le he di­cho: ‘¡Que no, que no. Que ti­ro el quin­to!’. La bo­la, a la que vol­vió a ha­blar en Vie­na, lle­gó a la red aun­que lo hi­zo con sus­pen­se, tras es­tre­llar­se con el pa­lo.

Tres días más tar­de, en Kiev, fue ti­tu­lar en la fi­nal an­te Ita­lia, co­mo en el de­but del tor­neo. Fue de­ci­si­vo asis­tien­do a Sil­va en el pri­me­ro de los go­les.

Ha­ce unos días, an­tes de me­dir­se a Croa­cia, ya sub­ra­yó las di­fi­cul­ta­des que en­tra­ña abrir es­pa­cios cuan­do el ri­val se en­cie­rra «ca­si con on­ce de­fen­sas» y ni si­quie­ra de­ja hue­cos pa­ra mo­ver­se en­tre lí­neas. «Qui­zás no se va­lo­ra, pe­ro es muy com­pli­ca­do», aña­dió. Aquel día re­ga­teó cuan­do se le pre­gun­tó por An­to­nio Con­te, su pró­xi­mo téc­ni­co en el Chel­sea y se­lec­cio­na­dor ita­liano. Pa­sa­do ma­ña­na se en­con­tra­rán. La úni­ca vez que Es­pa­ña per­dió en los úl­ti­mos 21 años con Ita­lia fue un amis­to­so en Ba­ri en 2011. El ca­ta­lán no es­ta­ba en el cam­po por le­sión. Ca­sua­li­dad. O no.

MEHDI FEDOUACH AFP

Cesc fue el au­tor del pa­se del gol que la se­lec­ción le mar­có a Croa­cia.

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