El «bre­xit» y el fac­tor City

La Voz de Galicia (Lugo) - - Opinion - Xosé Car­los Arias

Tras el re­sul­ta­do del re­fe­ren­do bri­tá­ni­co es inevi­ta­ble vol­ver al tó­pi­co del abis­mo. Es ob­vio que sus con­se­cuen­cias eco­nó­mi­cas pue­den ser im­por­tan­tes. En la pers­pec­ti­va más pro­fun­da y de lar­go pla­zo, la in­te­gra­ción eu­ro­pea ya no se ve­rá co­mo irre­ver­si­ble, da­do que si la puer­ta de sa­li­da se abre pa­ra un so­cio, que­da abier­ta tam­bién pa­ra quien quie­ra se­guir su ejem­plo. Ma­la co­sa, cuan­do ve­mos que el eu­roes­cep­ti­cis­mo se ex­tien­de por el con­ti­nen­te de nor­te a sur. La otra gran im­pli­ca­ción es de or­den aún más ge­ne­ral, pues se re­fie­re a la di­ná­mi­ca de la glo­ba­li­za­ción. Ca­da vez pa­re­ce más cla­ro que es­ta ha al­can­za­do ya su lí­mi­te, y a par­tir de aquí po­si­ble­men­te asis­ta­mos a un re­tro­ce­so. Inevi­ta­ble es pen­sar que ello afec­ta­rá se­ria­men­te al co­mer­cio: aho­ra es más pro­ba­ble que nun­ca, des­de el co­mien­zo de la cri­sis, que lle­gue la te­mi­da —y has­ta aho­ra evi­ta­da— ola de pro­tec­cio­nis­mo ge­ne­ral.

De to­do eso tiem­po ha­brá pa­ra ha­blar con cal­ma. Aho­ra se im­po­ne, en cam­bio, al­gu­na re­fle­xión so­bre lo que pue­den ser las con­se­cuen­cias in­me­dia­tas del bre­xit. Pa­ra la eco­no­mía bri­tá­ni­ca los efec­tos se­rán muy duros: los or­ga­nis­mos in­ter­na­cio­na­les dan por se­gu­ro el re­gre­so de la re­ce­sión, aun­que sus cálcu­los pro­ba­ble­men­te ha­yan si­do exa­ge­ra­dos con el fin de in­fluir en el vo­to. Pe­ro lo que más in­tere­sa des­ta­car aho­ra es la in­ci­den­cia que to­do es­to pue­da te­ner so­bre la si­tua­ción de la eco­no­mía eu­ro­pea —y más allá— du­ran­te los pró­xi­mos me­ses.

Y aquí es obli­ga­do men­cio­nar dos asun­tos. El pri­me­ro, cru­cial, es que la pla­za fi­nan­cie­ra de Lon­dres —la fa­mo­sa City— es una de las más im­por­tan­tes del mun­do, y un ele­men­to cru­cial del en­tra­ma­do de la li­ber­tad de ca­pi­ta­les en Eu­ro­pa. ¿Se­gui­rá sién­do­lo con el Reino Uni­do fue­ra de la UE? Aun­que de­pen­de­rá de las ne­go­cia­cio­nes so­bre las con­di­cio­nes pa­ra la sa­li­da, pa­re­ce im­po­si­ble que to­do si­ga igual. Así lo re­fle­ja la evo­lu­ción de las ac­cio­nes de los prin­ci­pa­les ban­cos eu­ro­peos tras co­no­cer­se los re­sul­ta­dos: mu­chos de ellos ex­pe­ri­men­ta­ron pér­di­das de más del 20 % de su va­lor bur­sá­til. El re­torno de los con­tro­les de ca­pi­tal es sin du­da mu­cho más pro­ba­ble des­pués del bre­xit, lo que no tie­ne por qué ser ma­lo, pues en es­te plano sí que la in­ter­na­cio­na­li­za­ción eco­nó­mi­ca ha lle­ga­do de­ma­sia­do le­jos. El pro­ble­ma se­ría que se hi­cie­ra de un mo­do des­or­de­na­do, en pleno sál­ve­se quién pue­da, lo cual es aho­ra bas­tan­te más pro­ba­ble.

Es­to úl­ti­mo nos lle­va a la se­gun­da gran cues­tión: sa­bía­mos ya que la si­tua­ción de los mer­ca­dos fi­nan­cie­ros in­ter­na­cio­na­les si­gue sien­do de una gran fra­gi­li­dad. La de­ci­sión bri­tá­ni­ca pue­de caer so­bre su pre­ca­rio equi­li­brio co­mo un ele­fan­te en ple­na ca­cha­rre­ría. Pa­ra evi­tar­lo es­tán los ban­cos cen­tra­les, con to­da su enor­me po­ten­cia de fue­go pre­pa­ra­da. La du­da es­tá en si des­pués de ocho años de ser prác­ti­ca­men­te los úni­cos en evi­tar el pá­ni­co y la caí­da por el abis­mo, es­tán en con­di­cio­nes de ha­cer­lo en es­te nue­vo y muy es­pe­cial ato­lla­de­ro.

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