«El juez nos or­de­nó ope­rar a un chi­co de 16. Se ca­sa en bre­ve»

Fue el pri­me­ro en ope­rar es­tos ca­sos en Es­pa­ña. «Al prin­ci­pio ha­bía mu­chos. Na­die se ha arre­pen­ti­do»

La Voz de Galicia (Lugo) - - Sociedad - IVÁN MA­ÑE­RO Á. PA­NIA­GUA

En el mes de abril, Iván Ma­ñe­ro via­jó a Cu­ba pa­ra ase­so­rar al Go­bierno en la pues­ta en mar­cha de la pri­me­ra uni­dad de tra­ta­mien­to de per­so­nas tran­se­xua­les del país. Fue un pio­ne­ro en la ci­ru­gía de reasig­na­ción de se­xo y en su clí­ni­ca se tra­tó Char­lot­te, ade­más de unos cuan­tos per­so­na­jes te­le­vi­si­vos. «Cuan­do em­pe­cé, ha­ce vein­te años, to­do es­to es­ta­ba muy es­con­di­do y ve­nían pa­cien­tes muy ma­yo­res». La ma­yor fue una mu­jer de 62 años que no que­ría vi­vir los úl­ti­mos años de su vi­da den­tro de un cuer­po que no sen­tía co­mo pro­pio.

Hoy se ha nor­ma­li­za­do más la si­tua­ción. Los pa­cien­tes ron­dan los 25, ha­bi­tual­men­te. «Son pro­fe­so­res de uni­ver­si­da­des, po­li­cías, mi­li­ta­res... de cual­quier es­ta­tus, ofi­cio y ni­vel in­te­lec­tual», ex­pli­ca Ma­ñe­ro. No hay un pa­cien­te ti­po.

La ma­yor par­te de los ca­sos de tran­se­xua­lis­mo apa­re­cen ya en la in­fan­cia. Los mé­di­cos ha­cen un se­gui­mien­to del pa­cien­te y su fa­mi­lia y los tra­ta­mien­tos lle­gan a los 18. Pe­ro la ley im­pi­de ope­rar a me­no­res de edad. «Pe­ro tu­vi­mos un ca­so de un chi­co de 16 años, en el que un juez lo or­de­nó. Los pa­dres ha­bían de­man­da­do pa­ra re­cla­mar­lo y sa­bían lo que ha­bía des­de los dos años», ex­pli­ca Ma­ñe­ro. «So­lo que­ría ser fe­liz. Me han di­cho que se ca­sa den­tro de po­co».

Lo cier­to es que la edad con­di­cio­na la ci­ru­gía. No por la téc­ni- ca, sino por­que hay más te­ji­dos cor­po­ra­les y son de me­jor ca­li­dad. En ese sen­ti­do, Char­lot­te Goiar era una pa­cien­te ma­yor pa­ra lo que es ha­bi­tual en es­tos tra­ta­mien­tos, con 42 cuan­do se ope­ró.

En ca­sos de reasig­na­ción de se­xo de hom­bre a mu­jer, la téc­ni­ca ha­bi­tual es la in­ver­sión pe­nea­na. Cuan­do no hay piel su­fi­cien­te, se re­cu­rre a la co­lo­va­gi­no­plas­tia, co­mo en el ca­so de Char­lot­te: se crea la va­gi­na con un tra­mo del in­tes­tino; se im­plan­ta y se ha­ce una re­cons­truc­ción ex­te­rior. Son in­ter­ven­cio­nes de cin­co o seis ho­ras. Cues­tan en­tre 14.000 y 17.000 eu­ros.

El cen­tro, ubi­ca­do en Bar­ce­lo­na, cre­ció por­que exis­tía una ne­ce­si­dad que la sa­ni­dad pú­bli­ca no cu­bría. «No hay ci­ru­ja­nos es­pe­cia­li­za­dos, so­lo ha­bía tres uni­da­des en to­da Es­pa­ña: el Cli­nic (Bar­ce­lo­na), el Car­los Ha­ya (Má­la­ga) y La Paz (Ma­drid)», ex­pli­ca. Las co­mu­ni­da­des les man­da­ban a sus pa­cien­tes, «has­ta que con la cri­sis de­ci­die­ron no pa­gar y no po­día­mos aguan­tar. Aho­ra ha vuel­to un po­co».

En IM Cli­nic ope­ran un cen­te­nar de ca­sos ca­da año. Cua­tro de ca­da diez lle­gan de fue­ra de Es­pa­ña. Lle­van en torno a 1.800 ope­ra­cio­nes de reasig­na­ción de se­xo. «Nin­guno se ha arre­pen­ti­do», sostiene.

Ma­ñe­ro ex­pli­ca que no tie­ne un pa­cien­te ti­po, aun­que aho­ra son más jó­ve­nes que an­tes, so­bre 25 años.

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