Rajoy: «Des­de ma­ña­na ha­bla­re­mos con to­dos pa­ra de­fen­der a Es­pa­ña»

Bo­tó, dio un be­so a su mu­jer y se mos­tró eu­fó­ri­co por su cla­ra me­jo­ría en las ur­nas

La Voz de Galicia (Lugo) - - A Fondo - SO­FÍA VÁZ­QUEZ

Son­rien­te, en man­gas de ca­mi­sa y arro­pa­do por sus vo­tan­tes, sus co­le­gas de par­ti­do y su mu­jer, Ma­riano Rajoy, pre­si­den­te en fun­cio­nes de Es­pa­ña des­de ha­ce seis me­ses, com­pa­re­ció pa­sa­da la me­dia­no­che an­te la opi­nión pú­bli­ca con la ima­gen del que es­tá sa­tis­fe­cho por­que el PP subió 14 es­ca­ños. En nin­gún mo­men­to mos­tró su preo­cu­pa­ción por la ne­ce­si­dad de bus­car 39 apo­yos par­la­men­ta­rios más pa­ra po­der re­pe­tir en el car­go, lo que pa­re­ce ta­rea com­pli­ca­da. Ni con Ciu­da­da­nos de la mano al­can­za­ría la ma­yo­ría ab­so­lu­ta. Sin em­bar­go, avan­zó que, «a par­tir de ma­ña­na —por hoy— ha­bla­rá con to­dos con el úni­co ho­ri­zon­te de de­fen­der a Es­pa­ña y al cien por cien de los es­pa­ño­les». «Han si­do cua­tro años com­pli­ca­dos — di­jo—, pe­ro Es­pa­ña ya aso­ma la ca­be­za».

Con be­so in­clui­do, Ma­riano Rajoy abra­zó a su mu­jer y se­gui­da­men­te re­cor­dó que su par­ti­do «ha da­do la ba­ta­lla por Es­pa­ña. Y sin po­ner­se a las ór­de­nes de na­die. So­lo en de­fen­sa de los in­tere­ses de los es­pa­ño­les».

Se le vio bo­tar en el bal­cón de la se­de del PP —lo que na­die es­pe­ra­ba— y se mos­tró eu­fó­ri­co. Sin em­bar­go, es­tá por ver có­mo ma­nio­bra­rá en su re­la­ción con la iz­quier­da con re­pre­sen­ta­ción par­la­men­ta­ria, que vol­ve­rán a li­de­rar Pedro Sán­chez (PSOE, pri­me­ra fuer­za po­lí­ti­ca de la iz- quier­da) y Pa­blo Igle­sias (UP). Es pro­ba­ble que nin­guno de los dos le dé su apo­yo, pe­ro po­dría ten­der­le la mano a los so­cia­lis­tas —fren­te al po­pu­lis­mo— y lo ha­rá con la ha­bi­li­dad que le ha­ya de­ja­do en he­ren­cia su abue­lo En­ri­que Rajoy Le­loup, re­pu­bli­cano con­ser­va­dor y uno de los re­dac­to­res del Es­ta­tu­to de Ga­li­cia.

El pri­mer ca­po­te

El pri­me­ro en echar­le una mano pú­bli­ca­men­te a Rajoy fue su La eu­fo­ria que se vi­vía a las puer­tas de la se­de del PP en Gé­no­va es­ta­ba mo­ti­va­da por los 137 es­ca­ños lo­gra­dos por el par­ti­do, pe­ro so­bre to­do por el he­cho de que Uni­dos Po­de­mos no hu­bie­se da­do el «sor­pas­so» al PSOE, cu­yo lí­der con­fir­mó que con una lla­ma­da de te­lé­fono fe­li­ci­tó a Rajoy por ha­ber ga­na­do las elec­cio­nes. Los mi­li­tan­tes del Par­ti­do Po­pu­lar le mi­nis­tro de Asun­tos Ex­te­rio­res, tam­bién en fun­cio­nes, Jo­sé Ma­nuel Gar­cía-Mar­ga­llo, quien pi­dió al PSOE que se abs­ten­ga si hay vo­ta­ción de in­ves­ti­du­ra y de­je go­ber­nar al po­lí­ti­co ga­lle­go.

El her­me­tis­mo emo­cio­nal que ca­rac­te­ri­za a Ma­riano Rajoy se es­fu­mó al ana­li­zar los re­sul­ta­dos al­can­za­dos por su par­ti­do, los me­jo­res de en­tre los re­gis­tra­dos aun­que le­jos de los 176 es­ca­ños ne­ce­sa­rios pa­ra ser el al­ma de la fies­ta par­la­men­ta­ria. En nin­gún mo­men­to de su in­ter­ven­ción ci­tó a Po­de­mos —cu­yos re­sul­ta­dos es­tu­vie­ron muy por de­ba­jo de las ex­pec­ta­ti­vas crea­das por sus lí­de­res y con más de un mi­llón de vo­tos per­di­dos— ni tam­po­co al Par­ti­do So­cia­lis­ta.

A su jui­cio, los po­pu­la­res ga­na­ron las elec­cio­nes por­que en «los mo­men­tos más di­fí­ci­les han te­ni­do co­ra­je, ga­nas y de­ter­mi­na­ción». Rajoy de­fen­dió des­de el bal­cón de Gé­no­va la uni­dad de Es­pa­ña, y abo­gó por su for­ma­ción: «So­mos es­pa­ño­les a mu­cha hon­ra y mu­cho or­gu­llo. Es­te par­ti­do se me­re­ce un res­pe­to y el agra­de­ci­mien­to de to­dos».

Da­do por muer­to

Sus crí­ti­cos —den­tro y fue­ra del PP— ha­bían pre­sa­gia­do el en­tie­rro de Ma­riano Rajoy tras el 26J, jor­na­da de la que pa­re­ce ha­ber sa­li­do re­for­za­do y con el apo­yo de sus co­le­gas más pró­xi­mos y tam­bién de las ba­ses. En el ex­tre­mo opues­to, los dis­cur­sos de los lí­de­res de Uni­dos Po­de­mos y del PSOE, quie­nes abo­ga­ron por un Go­bierno de cam­bio. A ellos el lí­der po­pu­lar les con­tes­tó de ma­ne­ra in­di­rec­ta: «Por suer­te en Es­pa­ña han ga­na­do los de­mó­cra­tas, la li­ber­tad y los de­re­chos de la gen­te. Gra­cias por vues­tro em­pu­je, aguan­te y ge­ne­ro­si­dad. El equi­po di­rec­ti­vo ha­rá to­do lo que pue­da por Es­pa­ña». «So­mos una gran na­ción —sen­ten­ció en me­dio de los efec­tos del bre­xit—, de las me­jo­res del mun­do». Aho­ra to­ca sen­tar­se y lo­grar que los 137 es­ca­ños le sir­van pa­ra ser pre­si­den­te de la XII le­gis­la­tu­ra.

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