El fu­tu­ro tam­bién vo­ta

Cen­te­na­res de pa­dres acu­die­ron ayer acom­pa­ña­dos de sus hi­jos a ejer­cer el su­fra­gio en Ames, el mu­ni­ci­pio con la me­dia de edad más jo­ven de Ga­li­cia

La Voz de Galicia (Lugo) - - La Voz De Galicia - JOR­GE CASANOVA

Ca­rri­tos de be­bé, sol, al­ga­ra­bía in­fan­til, em­ba­ra­za­das, ca­lor... ¿Es­ta­mos en Ga­li­cia? Aun­que no lo pa­rez­ca, sí; es­ta­mos en Bertamiráns, don­de su jo­ven po­bla­ción (la me­dia de edad en Ames es de 38,6 años), acu­dió ayer a vo­tar ro­dea­da de la cha­va­la­da que sin­gu­la­ri­za es­te atí­pi­co con­ce­llo. To­dos los vo­tan­tes te­nían que acu­dir al pa­be­llón po­li­de­por­ti­vo de Bertamiráns, don­de se agru­pa­ron las nue­ve me­sas elec­to­ra­les. Y, des­de pri­me­ra ho­ra, la ale­gría que su­po­ne tan­to in­fan­te, se no­tó.

Por si fue­ra po­co, jus­to en­fren­te del po­li­de­por­ti­vo se ce­le­bra­ba la Ames Cup, una com­pe­ti­ción de fút­bol in­fan­til con un par­ti­do de­trás de otro. Así que ca­da po­co se can­ta­ban goles y se ce­le­bra­ban vic­to­rias. Una fies­ta, va­mos. «Yo ven­go a vo­tar con más ilu­sión aún que la vez an­te­rior», de­cía de bue­na ma­ña­na Sara, una jo­ven ma­dre de 32 años que ha­bía subido la cuesta con el ca­rri­to que trans­por­ta­ba a su be­bé: «Es­tá cla­ro que aho­ra vo­tas pen­san­do en el fu­tu­ro del ni­ño. Más que en el nues­tro. Que es lo que te­nían que ha­ber he­cho en el Reino Uni­do». An­tes que con ella ya ha­bía ha­bla­do con Pi­lar y Ma­nuel, una pa­re­ja de 36 y 38 años, que fue­ron a vo­tar acom­pa­ña­dos de sus tres hi­jas: «Ve­ni­mos más tem­prano por­que en mi ca­sa los ho­ra­rios em­pie­zan a las seis y me­dia de la ma­ña­na», de­cía Pi­lar, mi­ran­do a la más pe­que­ña, que no se da­ba por alu­di­da. Aña­día que con tres re­to­ños es bas­tan­te: «Por­que la eco­no­mía no da pa­ra más» y ma­ni­fes­ta­ba su de­seo de que se pro­duz­ca un cam­bio.

A cual­quie­ra que se le pre­gun­ta por la vi­da en Bertamiráns, res­pon­de­rá más o me­nos con bue­nas pa­la­bras. Vi­vir ro­dea­do de ni­ños es vi­go­ri­zan­te: «Es­to da mu­cha ale­gría», di­ce Juan Bautista, un pre­ju­bi­la­do leo­nés de 57 años que ate­rri­zó en Bertamiráns por es­tar cer­ca de su hi­ja es­tu­dian­te y se que­dó has­ta nue­va or­den: «Aquí es don­de real­men­te se de­be­ría in­ver­tir —afir­ma— por­que es don­de es­tá el fu­tu­ro».

Más co­sas por me­nos di­ne­ro

«¡Ma­má, ma­má! ¿Es aquí el cum­plea­ños?», pre­gun­ta una pe­que­ña ge­me­la. «No, al cum­plea­ños va­mos des­pués», res­pon­de su ma­dre mien­tras ti­ra de las dos ni­ñas ha­cia el in­te­rior del co­le­gio: «En reali­dad ten­go cua­tro. Las otras tie­nen 17 y 15. Es­tas vi­nie­ron pa­ra ani­mar el per­cal y nos tu­vi­mos que mu­dar des­de Si­güei­ro a una ca­sa más gran­de. Aquí por me­nos di­ne­ro tie­nes más co­sas», res­pon­de Ma­ría Je­sús, de 46 años.

Ella for­ma par­te de ese pe­que­ño ejér­ci­to de fa­mi­lias ga­lle­gas que nu­tre con­ce­llos co­mo Olei­ros, Sal­ce­da, Bar­ba­dás, Na­rón... don­de real­men­te re­si­de el fu­tu­ro de Ga­li­cia. «A no­so­tros nos gus­ta­ba San­tia­go, pe­ro los pi­sos que po­día­mos com­prar eran in­ha­bi­ta­bles. Por aquel pre­cio, aquí te­ne­mos has­ta pis­ci­na», ex­pli­ca Nu­ria, una pe­rio­dis­ta en pa­ro a la puer­ta del co­le­gio elec­to­ral des­pués de aco­mo­dar a su be­bé en el co­che. Di­ce sin em­bar­go que es­tá ca­brea­da y su ma­ri­do ase­gu­ra ha­ber cam­bia­do el vo­to: «Con la ilu­sión de que es­ta vez sí ha­ya un Go­bierno. Aun­que, co­mo di­ce mi pa­dre, son los mismos pe­rros con dis­tin­tos co­lla­res».

La ver­dad es que el per­so­nal sa­le un po­co mos­ca del co­le­gio. La ma­yo­ría creen que los re­sul­ta­dos ape­nas va­ria­rán aun­que pa­ra­dó­ji­ca­men­te con­fían en que se pro­duz­ca un des­blo­queo: «Yo al me­nos ten­go la ilu­sión de que las co­sas va­yan a me­jor», ex­pre­sa Ma­ria­na, una em­ba­ra­za­da de 38 años. Ella es ar­gen­ti­na y su pa­re­ja, uru­gua­yo: «Es­ta­mos en el si­tio ade­cua­do pa­ra que naz­ca nues­tro hi­jo», opi­nan.

Cla­ro que no to­dos los vo­tan­tes son tan jó­ve­nes: «Cuan­do yo vi­ne a vi­vir aquí, ca­si no ha­bía ni ca­sas», di­ce San­tia­go, un se­ñor de 79 años que con­fie­sa es­tar «un po­co ma­rea­do con tan­ta cam­pa­ña». No tie­ne hi­jos ni nie­tos, pe­ro le gus­ta que ha­ya ju­ven­tud cer­ca: «Ade­más, yo vi­vo a las afue­ras, así que no me mo­les­tan».

A nue­ve ki­ló­me­tros, en O Mi­lla­doi­ro, el pai­sa­je era si­mi­lar, so­lo que con al­gu­nos años más. No mu­chos. Co­mo si los ni­ños de Bertamiráns ya se hu­bie­ran he­cho ado­les­cen­tes: «Ya he vo­ta­do cua­tro ve­ces con es­ta», de­cía Lo­re­na, de 20 años. Era un be­bé cuan­do se es­ta­ble­ció allí: «Es­tá bien —di­ce re­fi­rién­do­se a su pue­blo con un po­co de fas­ti­dio—, pe­ro po­dría ha­ber más fies­ta». Su ma­dre, que es­tá a su la­do, son­ríe: «Ca­da uno pi­de por lo su­yo», jus­ti­fi­ca.

VITOR MEJUTO

Ni­ños de di­fe­ren­tes eda­des vi­si­ta­ron ayer los co­le­gios elec­to­ra­les de Ames.

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