Ha­ce fal­ta un nue­vo es­tí­mu­lo

La Voz de Galicia (Lugo) - - | | | 44 Eurocopa -

Es­pa­ña se va a ca­sa con to­das las de la ley. Su­pe­ra­da por una Ita­lia mag­ní­fi­ca, que sal­vo el arreón fi­nal, siem­pre fue su­pe­rior. Aca­ba así su tra­ve­sía en la Eu­ro­co­pa y ca­si con to­tal se­gu­ri­dad po­ne pun­to y fi­nal a la era Del Bos­que, una eta­pa glo­rio­sa que nun­ca se­rá bo­rra­da de la me­mo­ria del fút­bol es­pa­ñol. La se­lec­ción fue la en­vi­dia del pla­ne­ta fút­bol, no so­lo por­que ga­nó un Mun­dial y dos Eu­ro­co­pas con­se­cu­ti­va­men­te, sino por có­mo lo hi­zo, con un fút­bol de­li­cio­so, be­llo y efi­caz y con un com­por­ta­mien­to en el cés­ped ejem­plar. Pe­ro la eli­mi­na­ción de ayer nos de­be ha­cer ver que hay que pa­sar pá­gi­na. A Del Bos­que hay que des­pe­dir­le con to­dos los ho­no­res y bus­car­le un sus­ti­tu­to ade­cua­do al ti­po de fut­bo­lis­ta que te­ne­mos en Es­pa­ña, por­que a pe­sar de la de­cep­ción en Fran­cia, es­ta se­lec­ción si­gue te­nien­do un gru­po de fut­bo­lis­tas ex­tra­or­di­na­rios que, por su­pues­to, no es in­fe­rior a nin­guno de los que ac­tual­men­te com­pi­ten en el mundo.

¿Qué pa­só en Fran­cia? Las gran­des ci­tas in­ter­na­cio­na­les son tor­neos de mo­men­tos, a los que hay que lle­gar en el pun­to ade­cua­do de coc­ción fí­si­ca, men­tal y emo­cio­nal. Por lo que se ha vis­to y el re­pa­so que ayer le dio Ita­lia a los es­pa­ño­les, el equi­po no an­da­ba fino en lo fí­si­co. Los ita­lia­nos se im­pu­sie­ron siem­pre en las dispu­tas y ju­ga­ron a mu­chas más re­vo­lu­cio­nes que los es­pa­ño­les, que si bien acos­tum­bran a te­ner un rit­mo más de tro­te, ayer fue­ron su­pe­ra­dos en cual­quier cir­cuns­tan­cia. Del Bos­que se em­pe­ñó en man­te­ner el mis­mo equi­po en ca­da par­ti­do, a pe­sar de los sín­to­mas que ya se ob­ser­va­ron an­te Croa­cia. El re­sul­ta­do ha de­mos­tra­do que el sal­man­tino se ha equi­vo­ca­do. Al mis­mo tiem­po, no se han ob­ser­va­do so­lu­cio­nes tác­ti­cas a los enor­mes pro­ble­mas que los ita­lia­nos crea­ron en el juego es­pa­ñol. So­lo la sa­li­da de Lu­cas Váz­quez al fi­nal su­pu­so un cam­bio, tan­to por el vi­gor de sus ac­cio­nes co­mo por el fi­lo de su juego. Otros de­cep­cio­na­ron, co­mo Fá­bre­gas, Sil­va y has­ta el ca­si siem­pre re­gu­lar co­mo un re­loj sui­zo, Bus­quets.

To­ca cam­biar. La con­ti­nui­dad de Del Bos­que no es con­ce­bi­ble. Ni se­ría bue­na pa­ra él, que aho­ra es­tá a tiem­po de ir­se con to­dos los ho­no­res, a pe­sar de es­ta Eu­ro­co­pa que tan bien em­pe­zó y tan tris­te ha ter­mi­na­do. Ha­ce fal­ta un es­tí­mu­lo que ac­ti­ve a los ju­ga­do­res, a los que se vio qui­zá in­clu­so has­tia­dos de tan­to fút­bol.

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