Los sin­sa­bo­res de la era Sa­qués

La Voz de Galicia (Lugo) - - Deportes - Car­los Melchor

No ha­ce mu­cho que es­tá­ba­mos sa­bo­rean­do los úl­ti­mos bo­ca­dos de la tem­po­ra­da 16-17, agridulce por la tra­yec­to­ria en cues­ta aba­jo de los úl­ti­mos dos me­ses, y ya se es­tá co­ci­nan­do la pró­xi­ma. Con un mer­ca­do que no se mue­ve de­ma­sia­do re­cién en­tra­do el ve­rano, el Lu­go co­men­zó la pes­ca en el ca­la­de­ro que le es pro­pio: equi­pos des­cen­di­dos y ju­ga­do­res que vie­nen de ju­gar po­co. En­trar en pu­jas o subas­tas a ver quién es el que po­ne el fa­jo más gor­do se­ría irreal e irres­pon­sa­ble. Afor­tu­na­da­men­te, se ha ama­rra­do a un Fran­cis­co, que por lo que cuen­tan de él, po­see un per­fil que ge­ne­ra ilu­sión y es­pe­ran­zas pa­ra el ban­qui­llo. Ya se ve­rá si le de­jan tra­ba­jar a gus­to. Mien­tras tan­to, el pre­si­den­te Sa­qués si­gue que­dan­do en evi­den­cia en su in­ten­to de po­ner en va­lor su ilu­sio­nan­te proyecto fut­bo­lís­ti­co. Por unas co­sas u otras, Lu­go es una pla­za que se es­tá ca­rac­te­ri­zan­do por ser una parada bre­ve y tem­po­ral en la tra­yec­to­ria de sus tra­ba­ja­do­res. Los úl­ti­mos cuer­pos téc­ni­cos, o se han ido vo­lun­ta­ria­men­te o se les ha in­vi­ta­do a ir­se, en una suer­te de eu­fe­mis­mo de lo que es la ges­tión de re­cur­sos hu­ma­nos del club. Lo mis­mo que hay que va­lo­rar la sol­ven­cia con la que se man­tie­ne la ca­te­go­ría, tam­bién se ha de ser crí­ti­co con otros as­pec­tos de la ges­tión ex­ce­si­va­men­te pre­si­den­cia­lis­ta de Tino Sa­qués. Apa­ri­cio­nes pú­bli­cas de su equi­po, po­cas, por no de­cir nin­gu­na. Igual es que no lo hay. Mu­cho me­nos se es­pe­ra de «los ase­so­res», que es­tán pe­ro no se sa­be quié­nes son. Du­ran­te su man­da­to ha da­do so­bra­das mues­tras de una errá­ti­ca po­lí­ti­ca en cuan­to a sus ma­ni­fes­ta­cio­nes pú­bli­cas. El pa­sa­do fe­bre­ro ce­le­brá­ba­mos que or­ga­ni­za­ra un desa­yuno ante los me­dios de co­mu­ni­ca­ción pa­ra pa­sar re­vis­ta a la ac­tua­li­dad del club. Bien­ve­ni­dos la luz y los ta­quí­gra­fos. El pro­ble­ma vie­ne cuan­do se con­tras­ta lo di­cho con lo he­cho: El «es pro­ba­ble que la gra­da sur sea fi­ja pa­ra la tem­po­ra­da 17-18» de fe­bre­ro se con­vir­tió cua­tro me­ses des­pués en un «no es po­si­ble ha­cer­la por fal­ta de tiem­po y di­ne­ro». Y en cuan­to a la ciu­dad de­por­ti­va (ele­men­to de­ci­si­vo en la ad­ju­di­ca­ción de la pro­pie­dad del club y de cons­truc­ción obli­ga­to­ria se­gún re­za­ban las ba­ses del con­cur­so), dos años des­pués se­gui­mos sin nin­gu­na cer­te­za y con mu­cho hu­mo al­re­de­dor. Lo úni­co, unas fo­tos con la al­cal­de­sa pa­ra anun­ciar que se in­ver­ti­rían en­tre seis y ocho mi­llo­nes de eu­ros en unos te­rre­nos que ni si­quie­ra son pro­pie­dad del Con­ce­llo. Una pues­ta en es­ce­na pa­ra mos­trar que al­go se es­tá ha­cien­do al res­pec­to, pe­ro no se ne­go­cia con los ver­da­de­ros pro­pie­ta­rios (Xun­ta, en­tre otros) de las fin­cas don­de se pre­ten­de cons­truir. Ges­tos de ca­ra a la ga­le­ría pa­ra aca­llar a los crí­ti­cos. Ha­cer que se ha­ce. De­jar el agua co­rrer. No to­do se ha­ce mal. El club es­tá muy vi­vo y exis­te buen ha­cer en va­rias par­ce­las. Pe­ro las som­bras que se cier­nen so­bre as­pec­tos de ca­pi­tal im­por­tan­cia pa­ra el fu­tu­ro y las rim­bom­ban­tes y fan­ta­sio­sas de­cla­ra­cio­nes que ha­ce el pre­si­den­te de vez en cuan­do ha­cen que su dis­cur­so sea po­co creí­ble y fia­ble. Y eso, de­bie­ra ser la ba­se so­bre la que se edi­fi­que cual­quier proyecto.

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