Cla­ves del tea­tro del ab­sur­do pa­ra en­ten­der la po­lí­ti­ca lo­cal

La Voz de Galicia (Lugo) - - Lugo - EN­RI­QUE G. SOU­TO

Lo di­jo Ja­vier Pon­ce­la (19011952): «Los po­lí­ti­cos son co­mo los ci­nes de ba­rrio, pri­me­ro te ha­cen en­trar y des­pués te cam­bian el pro­gra­ma». El au­tor ma­dri­le­ño hu­bie­ra te­ni­do mu­cho que de­cir, des­de su vi­sión del mun­do, muy pró­xi­ma al ab­sur­do, de lo que ocu­rre en la po­lí­ti­ca lu­cen­se. Lo de es­tos úl­ti­mos días bien pu­do ser ar­gu­men­to pa­ra una obra al es­ti­lo Pon­ce­la. El PP y el BNG cam­bia­ron el pro­gra­ma de la fun­ción y lo hi­cie­ron gi­rar has­ta que en el es­ce­na­rio se re­pre­sen­tó una obra de con­te­ni­do po­lí­ti­co en­tre el es­per­pen­to y el tea­tro del ab­sur­do.

El PP, en pleno relevo de por­ta­voz mu­ni­ci­pal, de­jó bo­quia­bier­ta a una gran par­te de su afi­ción al in­su­flar ai­re al agó­ni­co go­bierno de la so­cia­lis­ta La­ra Mén­dez, per­mi­tién­do­le apro­bar un plan de in­ver­sio­nes y otro de sub­ven­cio­nes. ¿In­ten­to de re­for­zar el bi­par­ti­dis­mo fren­te a los par­ti­dos emer­gen­tes? ¿Sen­ti­do de la res­pon­sa­bi­li­dad? ¿Pu­ro tac­tis­mo? Mu­cho más fá­cil; to­do in­di­ca que Pon­ce­la no se equi­vo­ca­ba cuan­do es­cri­bió que «el que no se atre­ve a ser in­te­li­gen­te, se ha­ce po­lí­ti­co». El PP pue­de ha­ber da­do al go­bierno lo­cal el ba­lón de oxí­geno que ne­ce­si­ta­ba pa­ra sur­fear la di­fí­cil si­tua­ción por la que atra­vie­sa el Con­ce­llo. Pe­ro, eso sí, el PP tie­ne un pa­pe­li­to fir­ma­do por la al­cal­de­sa, en el que di­ce que ha­brá una reunión men­sual ex­tra­or­di­na­ria de la jun­ta de per­so­nal. ¡To­do un éxi­to!

Por su par­te, el Blo­que, en el pleno del pa­sa­do jue­ves, inau­gu­ró un nue­vo mo­do de es­tar en la po­lí­ti­ca ins­ti­tu­cio­nal: es­tar y no es­tar. Pa­ra no vo­tar el plan de in­ver­sio­nes y sub­ven­cio­nes, aban­do­nó el sa­lón de se­sio­nes. Sus dos con­ce­ja­les se fue­ron por­que no que­rían vo­tar. Apo­ya­ron la in­ves­ti­du­ra de La­ra Mén­dez a cam­bio de na­da y aho­ra son rehe­nes de sí mis­mos. Ru­bén Arro­xo y Mai­te Ferreiro ha­cen lo que pue­den, que es po­co, en ese ab­sur­do tea­tri­llo en que se ha con­ver­ti­do el Con­ce­llo. Sa­tis­fe­cho de no ha­ber des­apa­re­ci­do, el BNG en Lu­go so­lo as­pi­ra a que­dar­se co­mo es­tá, a no ir a peor. Por eso, el Blo­que, que fue tan com­ba­ti­vo, jue­ga aho­ra a es­tar y no es­tar. Y es­cu­rre el bul­to ante la pre­sión que ejer­cen ACE, des­de la iz­quier­da, y Ciu­da­da­nos, por la de­re­cha. Mien­tras, la son­ri­sa de la al­cal­de­sa ga­na bri­llo; qui­zá pien­sa en lo que de­cía Pon­ce­la de la po­lí­ti­ca y los ci­nes de ba­rrio.

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