«De la ini­cia­ti­va de la Xun­ta so­lo ca­be es­pe­rar que In­dra em­pie­ce a tra­ba­jar»

La Voz de Galicia (Lugo) - - Agenda -

Abe­llei­ra es­tá muy or­gu­llo­so de la dis­tin­ción que re­ci­bi­rá hoy en el Mi­nis­te­rio de De­fen­sa por su tra­yec­to­ria pa­ra pro­mo­cio­nar la ae­ro­náu­ti­ca en Lu­go. —¿Qué opi­na de los pro­yec­tos que es­tán sur­gien­do al am­pa­ro de Ro­zas? —Res­pec­to de eso quie­ro acla­rar que mi opi­nión es pu­ra­men­te per­so­nal. El pro­yec­to del INTA es muy im­por­tan­te pa­ra Lu­go. He­mos con­se­gui­do un es­pa­cio re­ser­va­do pa­ra prue­bas con dro­nes y pa­ra las cer­ti­fi­ca­cio­nes de vehícu­los no tri­pu­la­dos, que ne­ce­sa­ria­men­te van a te­ner que pa­sar por el CIAR. Con res­pec­to al desa­rro­llo del otro pro­yec­to, el de la Xun­ta, so­lo ca­be es­pe­rar que In­dra o cual­quier otra de su mis­mo ni­vel, re­suel­va ve­nir a Lu­go y em­pe­zar. El di­rec­tor del In­dra acla­ró en Ro­zas pú­bli­ca­men­te que si no ha­cen un mí­ni­mo de diez avio­nes al año se irán. —¿Es­tá sa­tis­fe­cho de lo con­se­gui­do? —La ae­ro­náu­ti­ca es mi pa­sión. Fue una afi­ción. Ni co­mo ins­truc­tor co­bré un eu­ro. Lo que me im­por­ta y de lo que es­toy real­men­te sa­tis­fe­cho es de que el Ae­ro­club si­ga ahí y me so­bre­vi­va. —¿Con­si­guió trans­mi­tir­le su pa­sión a sus hi­jos? —A mis hi­jos sí. Mi hi­ja em­pe­zó, pe­ro le fal­tó cons­tan­cia y no aca­bó. Mis dos hi­jos tie­nen tí­tu­lo de pi­lo­to pri­va­do y vue­lan ha­bi­tual­men­te. Aho­ra van a exa­mi­nar­se pa­ra ob­te­ner el tí­tu­lo de he­li­cóp­te­ro. El ma­yor, Luis, es el que lle­va la es­cue­la de dro­nes y el ta­ller de ac­ti­vi­da­des ae­ro­náu­ti­cas. En ese mo­men­to tie­ne pres­ti­gio a ni­vel na­cio­nal en me­cá­ni­ca de avio­nes. En lo que res­pec­ta a la es­cue­la es un bum, que ten­drá una ra­len­ti­za­ción en su mo­men­to. Hoy te­ne­mos de­le­ga­cio­nes con otro club en Ma­drid y en Sevilla. Lo que no se sa­tu­ra­rá es el man­te­ni­mien­to de avio­nes. —¿Ge­ne­ró es­cue­la Ro­zas pa­ra otros so­cios? —Re­co­noz­co que Ro­zas ha si­do un si­tio im­por­tan­te pa­ra criar, no so­lo a mis hi­jos, sino a los de otros so­cios. Era un lu­gar de li­ber­tad con­tro­la­da. Al­gu­nos uti­li­za­ron más las pis­ci­nas, la can­cha de tenis o el vo­lei­pla­ya. Otros, co­mo los míos y los de Aso­rey, se de­can­ta­ron por la avia­ción. Uno de los de Aso­rey que es co­man­dan­te en Air Eu­ro­pa em­pe­zó a vo­lar en Ro­zas.

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