La se­lec­ti­vi­dad des­ve­la las for­ta­le­zas y de­bi­li­da­des de la en­se­ñan­za en Ga­li­cia

La es­pe­cia­li­za­ción del pro­fe­so­ra­do de­fi­ne a los ins­ti­tu­tos, y en los co­le­gios se va­lo­ra la es­ta­bi­li­dad del pro­yec­to

La Voz de Galicia (Lugo) - - GALICIA - SA­RA CA­RREI­RA RE­DAC­CIÓN / LA VOZ

El lis­ta­do de los co­le­gios me­jor si­tua­dos en se­lec­ti­vi­dad po­ne de ma­ni­fies­to que la en­se­ñan­za pú­bli­ca y la pri­va­da se in­ter­ca­lan en el gru­po lí­der de cen­tros con más de 50 alum­nos pre­sen­ta­dos a la prue­ba. Am­bos mo­de­los tie­nen for­ta­le­zas y de­bi­li­da­des. Es­te es un aná­li­sis a par­tir de las opi­nio­nes de di­rec­ti­vos, es­pe­cial­men­te Isa­bel Ru­so, pre­si­den­ta de Ad­di­ga (Aso­cia­ción de Di­rec­ti­vos de IES de Ga­li­cia) e Ig­na­cio Pa­ra­jó, se­cre­ta­rio ge­ne­ral de Es­co­las Ca­tó­li­cas (Fer­ga-CE­CA en Ga­li­cia).

¿Son me­jo­res los pro­fe­so­res de la pú­bli­ca o los de la pri­va­da?

La con­tra­ta­ción de per­so­nal en la es­cue­la pú­bli­ca es ob­je­ti­va­men­te más exi­gen­te que en la pri­va­da: gra­do o li­cen­cia­tu­ra, más­ter for­ma­ti­vo y opo­si­cio­nes. En la pri­va­da no se sue­len co­no­cer los mo­ti­vos de con­tra­ta­ción. A eso hay que su­mar la es­pe­cia­li­za­ción, que «es mu­cho ma­yor en la pú­bli­ca que en la con­cer­ta­da», tal y co­mo ex­pli­ca Isa­bel Ru­so. Co­mo con­tra­par­ti­da, las plan­ti­llas ape­nas se mue­ven en un co­le­gio, pe­ro sí en el ins­ti­tu­to. Los IES que des­ta­can en el rán­king sue­len te­ner claus­tros es­ta­bles, y esa es una de sus for­ta­le­zas.

Unos y otros se que­jan de la fal­ta de pro­fe­so­res. «Nos gus­ta­ría te­ner más per­so­nal —di­ce Ru­so— pa­ra po­der des­do­blar cla­ses. Yo ten­go al­gu­na de se­gun­do de ba­chi­lle­ra­to con 34 alum­nos».

Tam­po­co pa­re­ce ha­ber di­fe­ren­cias en el com­pro­mi­so de los do­cen­tes con sus alum­nos.

¿Quién tie­ne un pro­yec­to más es­ta­ble?

Es una de las for­ta­le­zas de la es­cue­la pri­va­da. La di­rec­ción mar­ca la pau­ta en la fi­lo­so­fía del cen­tro y ejer­ce de lí­der. En el ins­ti­tu­to, de­pen­de de las per­so­nas y de la es­ta­bi­li­dad de las plan­ti­llas. Una bue­na coor­di­na­ción (di­rec­ción, je­fa­tu­ra de es­tu­dios y orien­ta­ción) se tra­du­ce en un li­de­raz­go fir­me y me­jo­res re­sul­ta­dos.

¿Las fa­mi­lias es­tán igual de im­pli­ca­das?

La elección de cen­tro su­po­ne una de­ci­sión más ac­ti­va que acu­dir al asig­na­do por zo­na. «No sé en los ins­ti­tu­tos —ar­gu­men­ta Pa­ra­jó—, pe­ro en nues­tro ca­so es un signo de iden­ti­dad». De la im­por­tan­cia de es­ta vin­cu­la­ción da fe el he­cho de que los di­rec­ti­vos de los ins­ti­tu­tos más des­ta­ca­dos del rán­king re­sal­tan la im­pli­ca­ción de las fa­mi­lias.

Por otra par­te, las fa­mi­lias ejer­cen me­nos pre­sión pa­ra ob­te­ner re­sul­ta­dos en el IES. Es una ven­ta­ja pa­ra los ins­ti­tu­tos.

¿Hay un re­par­to del alum­na­do se­gún la cla­se so­cial y el cen­tro?

La idea ha­bi­tual de que un co­le­gio pri­va­do se­lec­cio­na alum­na­do tie­ne su co­rres­pon­den­cia pú­bli­ca: los ins­ti­tu­tos ur­ba­nos se nu­tren de es­tu­dian­tes de su en­torno y de mo­do in­di­rec­to hay cier­ta se­lec­ción. Los IES del cen­tro sue­len te­ner me­jor re­sul­ta­dos que los de los ba­rrios.

Por otra par­te, el he­cho de que el ba­chi­lle­ra­to sea de pa­go es la prin­ci­pal que­ja de Ig­na­cio Pa­ra­jó: «Un ter­cio de los alum­nos aban­do­nan el co­le­gio al ter­mi­nar ESO por­que no pue­den afron­tar un ba­chi­lle­ra­to pri­va­do —co­men­ta—. La ma­yo­ría de los co­le­gios ni si­quie­ra lo ofre­cen. Es pro­ba­ble que si se tuviese en cuen­ta es­tos da­tos, los re­sul­ta­dos por cen­tros fue­ran di­fe­ren­tes». Por eso, Es­co­las Ca­tó­li­cas pi­de el con­cier­to en ba­chi­lle­ra­to, «co­mo ya lo hay en in­fan­til».

Los da­tos les dan la ra­zón: fren­te a 99 co­le­gios de su red con se­cun­da­ria, so­lo 34 ofre­cen ba­chi­lle­ra­to, que pier­den au­las en el cam­bio de eta­pa, y de es­tos hay seis en el rán­king de me­jo­res no­tas de se­lec­ti­vi­dad (el lis­ta­do ge­ne­ral y el de co­le­gios gran­des).

¿Quién con­tro­la más a los alum­nos?

Co­mo ocu­rre con el li­de­raz­go y la re­la­ción con las fa­mi­lias, una bue­na dis­ci­pli­na es fun­da­men­tal pa­ra te­ner re­sul­ta­dos al­tos. Una ma­ne­ra rá­pi­da y sen­ci­lla de ata­jar una ma­la con­duc­ta es la co­mu­ni­ca­ción on li­ne con la fa­mi­lia. Es­to es al­go más co­mún y asen­ta­do en la pri­va­da que en la pú­bli­ca; y es que, co­mo pun­tua­li­za Ru­so, «pa­ra re­ci­bir los avi­sos, las fa­mi­lias se tie­nen que dar de al­ta».

¿Se hin­chan las no­tas me­dias?

«En ab­so­lu­to —di­ce ta­jan­te Pa­ra­jó—, pe­ro cuan­do se ha­ce una eva­lua­ción de to­do un cur­so es nor­mal que se sa­quen re­sul­ta­dos peo­res». Las ci­fras des­mien­ten su opi­nión: en las mis­mas con­di­cio­nes, los cen­tros con las no­tas de ba­chi­lle­ra­to más pa­re­ci­das a las de la ABAU son de for­ma abru­ma­do­ra ins­ti­tu­tos.

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