Na­die des­pi­dió a Ma­ría del Ro­sa­rio

El em­plea­do de una fu­ne­ra­ria es­par­ció ayer sus ce­ni­zas en el jar­dín de be­ne­fi­cen­cia del ce­men­te­rio co­ru­ñés

La Voz de Galicia (Lugo) - - Galicia - AL­BER­TO MAHÍA

Aun­que Ma­ría del Ro­sa­rio ha­ya sa­li­do en los te­le­dia­rios y se ha­yan es­cri­to pá­gi­nas en los pe­rió­di­cos so­bre su muer­te, na­die acu­dió a des­pe­dir­la. Na­die re­zó por ella. Ni una mi­sa, ni una es­que­la. So­lo un hom­bre, con ges­to serio y ves­ti­do con el tra­je ofi­cial de una fu­ne­ra­ria, acom­pa­ñó ayer sus ce­ni­zas has­ta el ce­men­te­rio co­ru­ñés de Feáns pa­ra es­par­cir­las so­bre el pe­que­ño jar­dín de­di­ca­do a los que mue­ren so­los. A es­to se re­du­jo el ac­to fú­ne­bre de una mu­jer que es­tu­vo muer­ta en su ca­sa na­da me­nos que sie­te años sin que ab­so­lu­ta­men­te na­die se en­te­ra­ra. Una vez des­cu­bier­to el cuer­po, tam­po­co apa­re­ció fa­mi­liar o ami­go al­guno que qui­sie­se ocu­par­se de sus hon­ras fú­ne­bres. Co­mo si no hu­bie­se fa­lle­ci­do o, peor aún, co­mo si no hu­bie­se na­ci­do.

Ma­ría del Ro­sa­rio no tu­vo una vi­da pa­ra ter­mi­nar así. De lo po­co que sus ve­ci­nos han po­di­do ave­ri­guar, fue una mu­jer con tra­ba­jo es­ta­ble, sin ma­los há­bi­tos o vi­cios in­con­fe­sa­bles. Lo peor que se es­cu­chó de ella en es­tos días en su ve­cin­da­rio de la ave­ni­da Mi­guel Gon­zá­lez Gar­cés de Cu­lle­re­do es que era «muy po­co ha­bla­do­ra, a ve­ces has­ta se­ca». Pun­to. Pe­ro tu­vo muy ma­la suer­te. Tras per­der a su ma­dre, con la que vi­vía, no tar­dó ni tres me­ses en mo­rir ella, se­gún su­po­si­ción de los in­ves­ti­ga­do­res. En el pa­si­llo de su ca­sa, víc­ti­ma de una en­fer­me­dad que no se pu­do con­cre­tar.

A. M.

Las ce­ni­zas de la mu­jer que lle­va­ba va­rios años muer­ta en su pi­so fue­ron es­par­ci­das por la fu­ne­ra­ria en el lu­gar del ce­men­te­rio de Feáns des­ti­na­do a los que no tie­nen otro si­tio.

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