La Ra­pa das Bes­tas de Sa­bu­ce­do en­gan­cha has­ta a los to­kio­tas

Un gru­po de ja­po­ne­ses, en­tre las 1.800 per­so­nas que lle­na­ron el cu­rro y vi­to­rea­ron los vue­los de los aloi­ta­do­res so­bre las gru­pas de los ca­ba­llos

La Voz de Galicia (Lugo) - - Sociedad - RO­CÍO RA­MOS A ES­TRA­DA / LA VOZ

«Pón­se­lle a un a pel de pi­ta», ex­cla­ma­ba uno de los es­pec­ta­do­res que ayer acu­dían a ver por pri­me­ra vez la Ra­pa das Bes­tas en Sa­bu­ce­do, ren­di­do a la be­lle­za de los ca­ba­llos sal­va­jes y a la des­tre­za de los bra­vos aloi­ta­do­res de la pa­rro­quia es­tra­den­se. Jun­to a él, has­ta 1.800 per­so­nas, in­clui­do un gru­po de To­kio, que lle­na­ron las gra­das del cu­rro nue­vo. Sus vue­los pa­ra su­bir a las gru­pas y las ga­lo­pa­das en la are­na del cu­rro desata­ron los ví­to­res y los aplau­sos en­cen­di­dos. Dos hom­bres do­mi­nan la ca­be­za del ani­mal y un ter­ce­ro lo co­ge por la co­la pa­ra in­ten­tar des­equi­li­brar­lo. Aquí no hay ni cuer­das ni pa­los, so­lo un cuer­po a cuer­po pa­ra re­du­cir al equino, que, mi­nu­tos des­pués, una vez se le cor­ta las cri­nes y se le des­pa­ra­si­ta, que­da li­bre. Sie­te aloi­ta­do­res re­ci­bie­ron asis­ten­cia por al­gún gol­pe. Uno fue tras­la­da­do al hos­pi­tal a San­tia­go por una po­si­ble frac­tu­ra de to­bi­llo.

La se­gun­da Ra­pa em­pe­zó ayer po­co des­pués de las do­ce del me­dio­día y ba­jo una llu­via fi­na en­tra­ron unos dos­cien­tos ca­ba­llos, al­gu­nos ya con las cri­nes cor­ta­das, que fue­ron lle­nan­do el cu­rro en un si­len­cio ro­to por una ni­ña que no pu­do con­te­ner la emo­ción en bra­zos de su pa­dre y gri­tar que que­ría un ca­ba­llo pe­que­ñi­to pa­ra mon­tar. Des­pués les to­có el turno a los ni­ños de Sa­bu­ce­do y fu­tu­ros aloi­ta­do­res, que, con la ayu­da de los adul­tos, fue­ron se­pa­ran­do y apar­tan­do los po­tros. Los pe­que­ños, he­re­de­ros de una tra­di­ción que se re­mon­ta al si­glo XVI, re­ci­bie­ron los pri­me­ros aplau­sos de un pú­bli­co en­tre­ga­do en una fies­ta de in­te­rés tu­rís­ti­co in­ter­na­cio­nal que su­ma­ba ayer ya 188 pe­rio­dis­tas de nue­ve paí­ses.

Los lo­mos de los ani­ma­les di­bu­ja­ron en el cu­rro un mar de co­lo­res que iban des­de el blan­co gri­sá­ceo al cas­ta­ño más os­cu­ro. En­tre ellos, los aloi­ta­do­res, una de ellos Lu­cía, se ha­cían un hue­co pa­ra em­pren­der las ca­bal­ga­das. En mu­chos ca­sos la ra­pa se hace de pie y en otros, con el ca­ba­llo ten­di­do en el sue­lo. Ca­da aloi­ta­dor tie­ne su téc­ni­ca. Las ti­je­ras van cor­tan­do las cri­nes, que se re­co­gen en ces­tos de pa­ja.

Es­te año, por pri­me­ra vez ba­ja­ron del mon­te los ca­ba­llos de A Plan­za­doi­ra que ha­cía más de diez años que no ba­ja­ban a Sa­bu­ce­do. Al­gu­nos de los que se que­da­ron fue­ra sin en­tra­da pu­die­ron pa­sar al fi­nal en cuan­to fue sa­lien­do gen­te. Otros op­ta­ron por su­bir­se a los ár­bo­les. Hoy, a las 12.00 ho­ras, ten­drá lu­gar el ter­cer cu­rro so­li­da­rio y, a las 18.00, se suel­tan las bes­tias, que re­gre­san a la li­ber­tad del mon­te.

MI­GUEL SOU­TO

Mu­cha adre­na­li­na. In­mo­vi­li­zar a un ca­ba­llo sal­va­je, aun­que en es­te ca­so sea pa­ra cor­tar­le el pe­lo y des­pa­ra­si­tar­lo, no es una ta­rea fá­cil. Ca­da aloi­ta­dor tie­ne su téc­ni­ca. Dos hom­bres do­mi­nan al ani­mal por la ca­be­za mien­tras un ter­ce­ro in­ten­ta fre­nar­lo co­gién­do­lo por la co­la. En las gra­das, ex­cla­ma­cio­nes de asom­bro, ví­to­res y mu­cha emo­ción.

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