«Sien­do ne­gro, en EE.UU., te dis­pa­ran y lue­go pre­gun­tan»

La Voz de Galicia (Lugo) - - Cultura -

En su obra Co­le re­fle­ja una gran preo­cu­pa­ción por el rea­lis­mo. «Quie­ro que mis li­bros den la sen­sa­ción de ser muy reales. No quie­ro dar una ima­gen ge­ne­ra­li­za­da de Áfri­ca, sino una muy es­pe­cí­fi­ca, en la que es­tán ocu­rrien­do sucesos reales, aun­que al­gu­nos sean in­ven­ta­dos», apun­ta.

—Ciu­dad abier­ta ha­bla tam­bién de Bru­se­las, don­de se les cie­rra la puer­ta a jó­ve­nes mu­sul­ma­nes en la so­cie­dad blan­ca. Avan­zó la ola de ata­ques te­rro­ris­tas en Eu­ro­pa. —Mi obli­ga­ción es des­cri­bir con exac­ti­tud lo que veo, pe­ro in­ten­tan­do re­fle­jar la tem­pe­ra­tu­ra de mi épo­ca. El estado de áni­mo ac­tual es co­mo si es­tu­vié­ra­mos en un sue­ño y de­be­mos pre­gun­tar­nos qué sig­ni­fi­ca con­vi­vir. En el 2006, cuan­do es­cri­bía ese frag­men­to so­bre Bru­se­las, in­ten­ta­ba des­cri­bir una par­te de la so­cie­dad que es real pe­ro a la que mu­cha gen­te no pres­ta­ba aten­ción. Hace dos años, cuan­do dis­cu­tía so­bre la is­la­mo­fo­bia en Fran­cia, la gen­te me de­cía que era una ton­te­ría, que el te­rro­ris­mo era el pro­ble­ma real. Sin em­bar­go, Trump ga­nó so­bre to­do gra­cias al vo­to an­ti­afri­cano y an­ti­mu­sul­mán.

—De­fien­de que «es im­por­tan­te no iden­ti­fi­car el terror con el is­lam». —La gen­te tie­ne mie­do. Yo creo que los se­res hu­ma­nos son más dé­bi­les que mal­va­dos y te­ne­mos que ha­llar una fór­mu­la de alen­tar­nos a ser fuer­tes. La ma­yo­ría de mu­sul­ma­nes, co­mo la ma­yo­ría de ca­tó­li­cos, quie­ren vi­vir en paz, cui­dar de su fa­mi­lia, dar de co­mer a sus hi­jos. El mie­do es ho­rri­ble, nos des­tru­ye, to­dos co­no­ce­mos esas imá­ge­nes ho­rri­bles de la Se­gun­da Gue­rra Mun­dial, los re­fu­gia­dos, los cam­pos de con­cen­tra­ción… Pe­ro aho­ra ha­ce­mos lo mis­mo no de­jan­do en­trar a los si­rios en Eu­ro­pa. Y son se­res hu­ma­nos que in­ten­tan so­bre­vi­vir igual que ha­ría us­ted. Tras Hitler nos di­ji­mos que no de­ja­ría­mos que vol­vie­ra a su­ce­der, pe­ro las co­sas se re­pi­ten por­que te­ne­mos mie­do.

—Co­mo afri­cano, ¿có­mo es vi­vir en un país don­de la po­li­cía ma­tó a más de 120 ne­gros en el 2016? —Di­fí­cil. Aun­que es­toy más a sal­vo que otros, pues no soy po­bre ni vi­vo en un gue­to. Pe­ro es ver­dad que, sien­do ne­gro, pri­me­ro te dis­pa­ran y lue­go pre­gun­tan cuán­tos li­bros has es­cri­to. Lo ten­go en el pen­sa­mien­to. A la vez te­ne­mos el desas­tre en la fron­te­ra con Mé­xi­co... Y a to­do es­to se le su­ma Trump. Me da la sen­sa­ción de que es­ta­mos en­fren­tan­do una cri­sis co­lec­ti­va muy im­por­tan­te. Es la fuen­te de to­da mi ten­sión.

—¿Fue Oba­ma una de­cep­ción? —Yo creo que sí. Te­nía en­can­to, ele­gan­cia, per­so­na­li­dad, unos ade­ma­nes muy atrac­ti­vos, pe­ro de­por­tó a más de dos mi­llo­nes de per­so­nas: más que cual­quier otro pre­si­den­te an­te­rior. Hi­zo gue­rras con dro­nes, ¿cuán­tas per­so­nas mu­rie­ron por ellas? La pre­si­den­cia es­ta­dou­ni­den­se es siem­pre una he­rra­mien­ta de im­pe­ria­lis­mo. Y él no fue una ex­cep­ción.

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