«Es oler el bron­cea­dor de co­co y me en­tra un ins­tin­to mi­sán­tro­po»

Di­ce que no es muy fan de la pla­ya, qui­zás por eso no tie­ne ba­ña­do­res, aun­que si hay que ti­rar­se a la pis­ci­na, va de ca­be­za

La Voz de Galicia (Lugo) - - Al Sol - MA­RÍA VIDAL

A Da­vid Per­do­mo la are­na no le en­tu­sias­ma de­ma­sia­do. El plan de pla­ya le pa­re­ce uno de los más abu­rri­dos del mun­do, pe­ro si hay una ta­bla ya es otra co­sa.

—¿Es cier­to que no tie­nes ba­ña­do­res? —No ten­go. —¿Si te in­vi­tan a un plan irre­sis­ti­ble en un pis­ci­na? —Es una gran pre­gun­ta pe­ro su­pon­go que con­se­gui­ría uno, que aho­ra es­tán ba­ra­tos.

—¿Pla­ya o pis­ci­na? —Mar. No so­por­to la pla­ya con mu­cha gen­te. Pis­ci­na, no.

—En­ton­ces, ¿no sa­les del agua? —La ver­dad es que me es­toy vol­vien­do un po­co ta­no­ré­xi­co, y des­de que ha­go surf me veo mo­reno y más gua­po, así que to­mo un po­co el sol pe­ro es­toy más tiem­po en el agua que fue­ra. Pe­ro no soy de­ma­sia­do fan. Ir con la som­bri­lla a pa­sar el día, me pa­re­ce de los pla­nes más abu­rri­dos que hay. —¿Tu plan per­fec­to? —Si hay olas, pi­llar olas. Y si no, siem­pre en con­tac­to con la na­tu­ra­le­za y un cier­to gra­do de so­le­dad. —¿Na­da de mul­ti­tu­des? —No me gus­ta la gen­te. De­be de ser por mi ta­ma­ño que ten­go un pro­ble­ma con las mul­ti­tu­des, me ago­bia un po­co. Es una ton­te­ría pe­ro ten­go es­te ro­llo de sen­tir­te ob­ser­va­do, de pa­ra­noia. —La pla­ya de... —Do­ni­ños. Creo que es­tá po­co ma­si­fi­ca­da y es de las más bo­ni­tas de nues­tra cos­ta. Pue­de que por ella me ha­ya re­con­ci­lia­do con las pla­yas. Cuan­do em­pie­zo a oler el bron­cea­dor de co­co, ver ma­dres ti­ran­do de ni­ños, ra­que­tas, pe­lo­tas, me en­tran un ins­tin­to mi­sán­tro­po. — ¿Te que­mas o te echas cre­ma? —Me echo cre­ma, pe­ro soy un po­co mo­runo y no me sue­lo que­mar. Me pon­go mo­reno con fa­ci­li­dad. —¿Qué te ape­te­ce ha­cer al vol­ver de la pla­ya? —Be­ber y du­char­me, aun­que el sa­li­tre te da un punto de be­lle­za que sa­li­mos de la pla­ya sin­tién­do­nos más gua­pos. Y me gus­ta to­mar­me una ca­ñi­ta fría, el tí­pi­co te­ma cu­ñao. —¿Qué es lo que más te sube la tem­pe­ra­tu­ra? —Ac­tuar. Es­tar de­lan­te del pú­bli­co y ha­cer­lo reír me ex­ci­ta a ese ni­vel de sen­tir fí­si­ca­men­te que me sube la tem­pe­ra­tu­ra. —¿Te ti­ras a la pis­ci­na? —Sí, y la ca­go siem­pre. Me pe­go unos plan­cha­zos es­pec­ta­cu­la­res, y mu­chas ve­ces has­ta es­ta va­cía. —¿Una anéc­do­ta pla­ye­ra? —El otro día un chi­co me pi­dió una foto mien­tras me cam­bia­ba y le tu­ve que con­tes­tar si po­día es­pe­rar­se, con un tes­tícu­lo fue­ra del pa­reo y mi no­via en to­pless le aguan­ta­ba la cá­ma­ra pa­ra ha­cer­la. ¡Un fes­ti­val de la car­ne!

ÁN­GEL MAN­SO

Per­do­mo, en las aguas de la pla­ya de Or­zán en A Co­ru­ña.

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