«La gen­te cree que la cien­cia es par­te de las ins­ti­tu­cio­nes y ya no con­fía en ellas»

«En España hay gran­des cien­tí­fi­cos pe­ro no una tra­di­ción de in­ves­ti­ga­do­res ex­cep­cio­na­les»

La Voz de Galicia (Lugo) - - Sociedad - TA­MA­RA MON­TE­RO SANTIAGO / LA VOZ

El día de su cum­plea­ños, y tras 20 años de tra­ba­jo, Ser­ge Ha­ro­che (Ca­sa­blan­ca, 1944) con­si­guió lo im­po­si­ble: vio el ga­to de Schro­din­ger vi­vo y muer­to a la vez. El ha­ber con­se­gui­do me­dir y ma­ni­pu­lar es­ta­dos cuán­ti­cos sin des­truir­los le va­lió el pre­mio No­bel de Fí­si­ca en el 2012. Es­tos días, es­te fir­me de­fen­sor de la cien­cia bá­si­ca es­tá en Santiago co­mo in­vi­ta­do nú­me­ro 35 del pro­gra­ma Con­Cien­cia de la USC.

—Di­ce que la cien­cia tie­ne tiem­pos lar­gos y los po­lí­ti­cos las mi­ras muy cor­tas. ¿Ha­brá al­gún día uno que en­tien­da la im­por­tan­cia de la in­ves­ti­ga­ción bá­si­ca? —Es tan di­fí­cil de­cir eso co­mo de­cir si va a ha­ber un or­de­na­dor cuán­ti­co [ríe]. La cien­cia es al­go a lar­go pla­zo y eso es con­tra­dic­to­rio con la de­mo­cra­cia, en la que las elec­cio­nes tie­nen lu­gar ca­da cua­tro o cin­co años. En Es­ta­dos Uni­dos el Con­gre­so se re­nue­va ca­da dos años y eso es una es­ca­la de tiem­po muy pe­que­ña. Los paí­ses con es­ca­las más gran­des no son de­mo­crá­ti­cos. Por ejem­plo, Chi­na pue­de pla­ni­fi­car a diez años, pe­ro tie­ne otros pro­ble­mas, co­mo que la li­ber­tad de pen­sa­mien­to y de ex­pre­sión no es­tá ga­ran­ti­za­da y eso es ma­lo pa­ra la cien­cia. Creo que el sis­te­ma de­be­ría ser de­mo­crá­ti­co con lí­de­res con vi­sión a lar­go pla­zo. Ha ha­bi­do gen­te así, pe­ro no de­ma­sia­da. Ten­go la es­pe­ran­za de que la Unión Eu­ro­pea, en con- jun­to, pue­da dar ese mar­co, pe­ro so­lo ocu­rri­rá si la gen­te per­ci­be la Unión co­mo al­go po­si­ti­vo. El problema es que la UE ha si­do di­ri­gi­da con cri­te­rios fi­nan­cie­ros más que so­cia­les y cien­tí­fi­cos, y eso es un error.

—¿La cien­cia se usa aho­ra co­mo pu­ro már­ke­ting? —Sí y creo que tie­ne el efec­to per­ver­so de que los cien­tí­fi­cos son forzados a en­trar en ese jue­go, el de exa­ge­rar sus in­ves­ti­ga­do­res, fin­gir que ha­brá un compu­tación cuán­ti­ca en diez años. Ir en esa di­rec­ción de in­ten­tar pre­sen­tar la in­ves­ti­ga­ción de for­ma no sin­ce­ra es ne­ga­ti­vo. La cien­cia de­be per­ma­ne­cer ob­je­ti­va y no se de­be obli­gar a for­zar los re­sul­ta­dos, a so­bre­pu­bli­car. Se es­tá ca­yen­do en una cien­cia más cuan­ti­ta­ti­va que cua­li­ta­ti­va.

—En el rán­king. —Sí, en el rán­king. No quie­ro de­cir que to­dos lo ha­gan, sino que el sis­te­ma es­tá em­pu­jan­do a eso, a so­lo mi­rar el nú­me­ro de pu­bli­ca­cio­nes y no a su con­te­ni­do. —Hay una co­rrien­te ne­ga­cio­nis­ta que du­da por ejem­plo de que exis­ta el cam­bio cli­má­ti­co o de la se­gu­ri­dad de las va­cu­nas. ¿Cuál es la con­se­cuen­cia? —Es ma­la, cla­ro [son­ríe]. El he­cho de que ha­ya un es­pí­ri­tu an­ti­cien­tí­fi­co, de que la gen­te con­fun­da una opi­nión y una teoría y de que se ha­ble de he­chos al­ter­na­ti­vos es ma­lo. La úni­ca for­ma de com­ba­tir­lo es se­guir di­cien­do lo que de­ci­mos y que no se le dé el mis­mo pe­so a cien­cia y pseu­do­cien­cia, aun­que la con­tro­ver­sia sea tentadora. —¿No es frus­tran­te? —Por su­pues­to. Creo que es par­te de la frus­tra­ción de la gen­te por es­tar en una ma­la si­tua­ción. En es­te mo­men­to po­pu­lis­ta la gen­te ya no con­fía en las ins­ti­tu­cio­nes y con­si­de­ra la cien­cia una ins­ti­tu­ción, así que no cree en ella. Y es frus­tran­te por­que la cien­cia tie­ne los he­chos y na­da más.

—Di­ce que hay paí­ses que lo ha­cen me­jor que otros en cien­cia. ¿Cómo es­tá España? —España lo es­tá ha­cien­do bas­tan­te bien aho­ra. En los pre­mios Jaime I he vis­to gen­te muy in­tere­san­te, con mu­cha ima­gi­na­ción, en la di­rec­ción ade­cua­da y España es­tá bien en el sis­te­ma eu­ro­peo. Pe­ro siem­pre me ha sor­pren­di­do que España ha con­tri­bui­do mu­cho a la ci­vi­li­za­ción, al ar­te, a la li­te­ra­tu­ra, pe­ro no la cien­cia. Hay gran­des cien­tí­fi­cos pe­ro no una tra­di­ción de cien­tí­fi­cos ex­cep­cio­na­les.

XOÁN A. SO­LER

Re­cuer­da que no hay que re­fe­rir­se a «he­chos al­ter­na­ti­vos» por­que ha­blar de ellos es ma­lo.

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