El Ca­mino en bi­ci en re­cuer­do de su mujer y su pa­dre muer­tos

Rea­li­za el tra­yec­to como ho­me­na­je a am­bos: «No hay día en el que no me acuer­de de lo que pa­só»

La Voz de Galicia (Lugo) - - Galicia - AN­DREA PRESEDO, M. S.

Se acer­ca el cuar­to aniver­sa­rio del ac­ci­den­te de An­grois en el que ochen­ta per­so­nas per­die­ron la vi­da. Isi­do­ro Fer­nán­dez es uno de los su­per­vi­vien­tes, pe­ro nun­ca po­drá ol­vi­dar ese día. Via­ja­ba acom­pa­ña­do de su mujer y de su pa­dre. Él se sal­vó, ellos no. «En cua­tro años con­si­gues asi­mi­lar mu­chas co­sas. In­ten­tas pa­sar pá­gi­na, pe­ro lo cier­to es que no hay día que no me acuer­de de lo que ha pa­sa­do», ex­pli­ca.

Re­si­de en Va­len­cia, y to­dos los años re­gre­sa a San­tia­go de Com­pos­te­la en las fe­chas del aniver­sa­rio del ac­ci­den­te. Pe­ro no lo ha­ce en tren: no quie­re re­pe­tir el tra­yec­to que cam­bió su vi­da. En su lu­gar, ha­ce el Ca­mino de San­tia­go en bi­ci­cle­ta. «El Ca­mino no lo ha­go por un mo­ti­vo re­li­gio­so, sino por la pro­me­sa de lle­gar has­ta San­tia­go por ellos [su pa­dre y su mujer]. Ade­más, es­to era al­go que te­nía pen­dien­te de ha­cer con Marta. Ya no pue­de ser con ella, pe­ro sí por ella».

Es­te es el se­gun­do año que de­ci­de ha­cer el Ca­mino de San­tia­go y en es­ta oca­sión lo acom­pa­ñan su so­brino y va­rias ami­gas de Marta. Eli­gie­ron ha­cer el Ca­mino Por­tu­gués y cuen­tan con estar en San­tia­go ma­ña­na. Allí los es­pe­ran más alle­ga­dos y su­per­vi­vien­tes al ac­ci­den­te pa­ra con­me­mo­rar los cua­tro años de la tra­ge­dia.

Acu­dían a un bau­ti­zo

De fa­mi­lia ga­lle­ga, Isi­do­ro ve­ra­nea to­dos los años en Ga­li­cia. Pe­ro el año del ac­ci­den­te, el 2013, era es­pe­cial: no so­lo iban de vi­si­ta, sino que acu­dían al bau­ti­zo de su so­brino. Sus pla­nes se trun­ca­ron de re­pen­te. «Mi­nu­tos antes de que to­do ocu­rrie­ra tu­ve que ir al ba­ño. Al sa­lir de él ya vi que al­go no iba bien por­que el va­gón en­te­ro vi­bra­ba», cuen­ta. El ins­tin­to de que al­go es­ta­ba a pun­to de ocu­rrir lo lle­vó a aga­rrar a su mujer e in­ten­tar pro­te­ger­la antes de que el tren des­ca­rri­la­ra. «Pu­de ver có­mo el va­gón se iba gi­ran­do po­co a po­co. Se­ría una cues­tión de se­gun­dos, pe­ro pa­ra mí du­ró mu­cho más», ex­pli­ca. De re­pen­te al­go lo gol­peó y per­dió el co­no­ci­mien­to. Cuan­do se des­per­tó es­ta­ba fue­ra, en las vías del tren. Pe­ro con él ya no se en­con­tra­ban ni Marta ni su pa­dre. «Es­ta­ba muy des­orien­ta­do, pe­ro en cuan­to fui ca­paz de reaccionar me lan­cé a bus­car a mi mujer. En­con­tré su cuer­po sin vi­da. Has­ta ese mo­men­to me ha­bía man­te­ni­do bas­tan­te en­te­ro a pe­sar del pa­no­ra­ma. Pe­ro cuan­do vi que ella no ha­bía so­bre­vi­vi­do me de­rrum­bé», re­cuer­da.

Hoy, cua­tro años después, Isi­do­ro es­tá re­cu­pe­ra­do de las he­ri­das fí­si­cas, pe­ro no de las ci­ca­tri­ces que de­jan los re­cuer­dos. Con to­do, di­ce, «un día de­ci­dí to­mar­me la vi­da como mi pa­re­ja hu­bie­ra que­ri­do que lo hi­cie­ra: dis­fru­tan­do de ca­da uno de los días».

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