Un ban­que­ro muy de cor­ti­jos

MI­GUEL BLE­SA EX­PRE­SI­DEN­TE DE CA­JA MADRID

La Voz de Galicia (Lugo) - - Economia - MER­CE­DES MO­RA RE­DAC­CIÓN / LA VOZ

Ble­sa lle­gó a Ca­ja Madrid de la mano de Az­nar, com­pa­ñe­ro de oposiciones, y pi­lo­tó la en­ti­dad du­ran­te 13 años

Mi­guel Ble­sa (Li­na­res, Jaén, 1947-Vi­lla­nue­va del Rey, Cór­do­ba, 2017) fa­lle­ció ayer cuan­do se dis­po­nía a dis­fru­tar de una de sus gran­des pa­sio­nes: la ca­za. Lo ma­tó un dis­pa­ro de es­co­pe­ta. To­do apun­ta a que fue un sui­ci­dio. Su fa­mi­lia no lo cree. Se afe­rran a la idea de que fue un ac­ci­den­te. A esa te­sis se apun­tan tam­bién al­gu­nos de quie­nes du­ran­te años se con­ta­ron en­tre sus más cer­ca­nos co­la­bo­ra­do­res. «No era ese su ca­rác­ter», re­su­mía ayer uno de ellos.

Mu­rió el ban­que­ro en un cor­ti­jo cor­do­bés. Cu­rio­so ca­pri­cho del des­tino. De­cían de él que así es como ma­ne­ja­ba la ca­ja cuan­do la pre­si­día: como si fue­se un cor­ti­jo y, él, el se­ño­ri­to.

Pi­lo­tó la en­ti­dad du­ran­te 13 lar­gos años. Nun­ca lo­gró sa­cu­dir­se el sam­be­ni­to de ha­ber lle­ga­do has­ta allí gra­cias a su amis­tad con Az­nar. Qui­zá por­que era ver­dad. Con el ex­pre­si­den­te ha­bía for­ja­do una só­li­da re­la­ción du­ran­te sus años de opo­si­to­res, que se afian­za­ría después en Lo­gro­ño, su pri­mer des­tino como ins­pec­to­res de Ha­cien­da.

Li­cen­cia­do en De­re­cho por la Uni­ver­si­dad de Gra­na­da, Ble­sa lle­gó a la pre­si­den­cia de Ca­ja Madrid en 1996. Se fue en el 2009. Con la ca­be­za ga­cha. No se lo po­día creer. Él, du­ran­te años una de las per­so­nas más in­flu­yen­tes del país, des­alo­ja­do de su ele­gan­te des­pa­cho de las to­rres Kío. Víc­ti­ma de la fe­roz ba­ta­lla que se li­bra­ba en el seno del PP por el con­trol de la en­ti­dad. Y tras un du­ro en­fren­ta­mien­to con la en­ton­ces to­do­po­de­ro­sa Es­pe­ran­za Agui­rre, em­pe­ña­da en co­lo­car a su del­fín, Ig­na­cio Gon­zá­lez —aho­ra en la cár­cel—, al man­do de la ca­ja.

Lu­cha fra­tri­ci­da

Una pug­na aque­lla que tam­po­co Agui­rre ga­nó. Por­que, al fi­nal, eli­gió Ra­joy. A Ro­dri­go Ra­to. De­sa­for­tu­na­da de­ci­sión. Pe­ro esa es otra his­to­ria.

Qui­zá pen­só en­ton­ces el de Jaén que ya que ha­bía lle­ga­do el mo­men­to de de­jar la es­ce­na lo me­jor era re­ti­rar­se dis­cre­ta­men­te y dis­fru­tar de un do­ra­do re­ti­ro. Pa­tri­mo­nio ha­bía ama­sa­do pa­ra su­fra­gar­se los ca­pri­chos, des­de lue­go.

Na­da más le­jos de lo que acon­te­ció. Fue­ron mu­chos los ex­ce­sos co­me­ti­dos en sus 13 años de man­da­to. Y las mi­se­rias de la cri­sis los sa­ca­ron a flo­te. De­jan­do al des­cu­bier­to que su ges­tión no so­lo no ha­bía si­do un pri­mor, como él so­lía de­fen­der —«Ca­ja Madrid era una de las en­ti­da­des más efi­cien­tes del sec- tor», di­jo en el Con­gre­so—, sino que aca­bó lle­van­do a la en­ti­dad a la rui­na.

Con la muer­te de Ble­sa se va un sím­bo­lo de los des­ma­nes co­me­ti­dos por un pu­ña­do de ban­que­ros que du­ran­te años —los de las va­cas gor­das— se cre­ye­ron im­pu­nes, y a los que la cri­sis des­po­jó del ha­lo de im­pe­ca­bles ges­to­res pa­ra sen­tar­los en el ban­qui­llo.

Man­tie­nen al­gu­nos de quie­nes co­no­cían bien a Ble­sa que nun­ca pen­só el an­da­luz en pi­sar la cár­cel. Por eso el mun­do se le vino aba­jo cuan­do en ma­yo del 2013, y después en ju­nio, aca­bó durmiendo en So­to del Real. Por obra y gra­cia del con­tro­ver­ti­do juez El­pi­dio José. Con­ver­ti­do así en el pri­mer ban­que­ro de la cri­sis en aca­bar en­tre re­jas. De ese char­co lo­gró sa­lir. Y pron­to. Gra­cias, en­tre otras co­sas, a la pre­ci­pi­ta­ción del po­lé­mi­co ma­gis­tra­do, después in­ha­bi­li­ta­do. Pe­ro, pa­ra su des­gra­cia, la pe­sa­di­lla no ha­bía he­cho más que echar a ro­dar. Un año y me­dio después de aque­llo, y con el de Li­na­res ya ca­sa­do en se­gun­das nup­cias con Ge­ma Gá­mez —la hoy jo­ven viu­da, a la que co­no­ció en Ca­ja Madrid cuan­do era presidente—, lle­gó lo peor.

Un es­cán­da­lo mo­nu­men­tal

Los es­pa­ño­les su­pie­ron en­ton­ces que Ble­sa, Ra­to y un pu­ña­do de di­rec­ti­vos y con­se­je­ros, pri­me­ro de Ca­ja Madrid, y después de Ban­kia, se ha­bían pe­ga­do la vi­da pa­dre a costa de la en­ti­dad. La mis­ma a la que el Es­ta­do ha­bía te­ni­do que res­ca­tar con una in­yec­ción de más de 22.000 mi­llo­nes de di­ne­ro pú­bli­co que hu­bo que pa­gar a es­co­te en­tre to­dos los con­tri­bu­yen­tes. En ape­nas diez años, en­tre el 2003 y el 2012, se gas­ta­ron 12,5 mi­llo­nes de eu­ros en ca­pri­chos, con car­go a la en­ti­dad y de es­pal­das al fis­co.

En el ca­so de Ble­sa, fue­ron ca­si me­dio mi­llón de eu­ros. Bue­na par­te de ellos en sa­fa­ris, don­de el ex­pre­si­den­te de Ca­ja Madrid da­ba rien­da suel­ta a otra de sus gran­des pa­sio­nes: la fo­to­gra­fía.

Y fue pre­ci­sa­men­te esa ale­gría con la que el ban­que­ro em­plea­ba la black la que lo lle­vó a ser con­de­na­do el pa­sa­do fe­bre­ro a seis años de cár­cel. Por apro­pia­ción in­de­bi­da y ad­mi­nis­tra­ción des­leal. No lle­gó a vol­ver a pri­sión. Re­cu­rrió la sen­ten­cia. Como Ra­to, con­de­na­do a cua­tro por lo mis­mo.

Se en­con­tra­ba a la es­pe­ra de que el Su­pre­mo se pro­nun­cia­ra. Ya no im­por­ta.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.