Así li­gan los ga­lle­gos en la pla­ya

Ol­vi­dar­se del pro­tec­tor so­lar, las mi­ra­di­tas o bus­car la me­jor zo­na son al­gu­nos de los con­se­jos que te pue­den ayu­dar a triun­far es­te ve­rano

La Voz de Galicia (Lugo) - - Al Sol - ÁLEX G. CHOUCIÑO, M. V.

Pla­ya de Sil­gar, cin­co de la tar­de. Un gru­po de jó­ve­nes se fi­jan en unas chi­cas que se mo­jan en la ori­lla del mar. En cues­tión de se­gun­dos ya tie­nen pla­nea­do su plan para se­du­cir­las. Ellos no sa­ben que ellas ya tie­nen el ojo echa­do a otros chi­cos que tam­bién están en el agua. No es inusual que la pla­ya se con­vier­ta en ve­rano en uno de los lu­ga­res don­de el ar­te de li­gar flu­ye de una for­ma más di­ná­mi­ca. Y tan­to ellos co­mo ellas tie­nen sus pro­pios mé­to­dos para con­se­guir a aque­lla per­so­na que les sube, más aún, la tem­pe­ra­tu­ra. Es­tas son al­gu­nas de las tác­ti­cas más usa­das por los ga­lle­gos a la ho­ra de bus­car el amor por las cos­tas de Ga­li­cia.

1. La cre­ma

Nun­ca fa­lla. Es la ex­cu­sa ideal para co­no­cer a la per­so­na de al la­do. Con el pre­tex­to de no te­ner el pro­tec­tor so­lar tie­nen pie para ini­ciar una con­ver­sa­ción. «Le sue­les pre­gun­tar si tie­nen cre­ma, que a ti se te ha ol­vi­da­do» cuen­ta Iván, de Pon­fe­rra­da. Si a es­to se le su­ma la pe­ti­ción «écha­me por la es­pal­da, que no lle­go» pue­den lle­gar al pri­mer con­tac­to fí­si­co.

2. El pa­seo de re­co­no­ci­mien­to

Al­go tí­pi­co para los que quieren sa­ber lo que hay en esa pla­ya. «Mien­tras das un pa­seo por la ori­lla pues te vas fi­jan­do en las per­so­nas que hay» se­ña­la Sabela Se­rrano. Para mu­chos un dos por uno: fi­chas y de pa­so ha­ces un po­co de ejer­ci­cio.

3. La zo­na es­tra­té­gi­ca

Tie­nen cla­ro su ob­je­ti­vo. Si le gus­tan los de­por­tis­tas, se co­lo­can cer­ca de las áreas don­de se prac­ti­can. «Sem­pre hai que es­co­ller lo­ca­li­za­cións es­tra­té­xi­cas, co­mo por­te­rías ou re­des de vo­lei­bol» co­men­ta Lau­ra Bu­ta­ca. Los ex­per­tos ya sue­len es­ca­par de los es­pa­cios don­de se co­lo­can las fa­mi­lias, y bus­can zo­nas más ju­ve­ni­les.

4. Ser ma­lo en el de­por­te

No es que sean ma­las ju­gan­do a las pa­las, es que, se­gún An­drea Pé­rez, bus­can lla­mar la aten­ción de su ob­je­ti­vo. «Xo­gas ás pa­las e sen que­rer a pe­lo­ta vai para a toa­lla do chi­co». Con es­te método in­di­can que hay que te­ner cui­da­do, ya que no sa­bes có­mo va a reac­cio­nar esa per­so­na.

5. Ser el gra­cio­so

«Se a fas rir xa a tes ga­na­da. Eso é o que im­por­ta» des­ve­la Ser­gio. Mu­chos chi­cos co­mo él lle­gan a la con­clu­sión de que da igual lo que ha­gas, lo ver­da­de­ra­men­te in­fa­li­ble es sa­car­le la son­ri­sa a esa per­so­na.

6. El chi­rin­gui­to

Otro san­tua­rio del li­go­teo en ve­rano. Con una ca­ña en la mano na­die se re­sis­te a en­ta­blar con­ver­sa­ción con el que, en ese mo­men­to, es su amor pla­tó­ni­co. Para mu­chos, es­te lo­cal ve­ra­nie­go, es un in­dis­pen­sa­ble en sus tác­ti­cas para li­gar.

7. Ha­cer­se el «gui­ri»

Son de Pon­te­ve­dra, pe­ro en San­xen­xo ac­túan co­mo si fue­sen in­gle­ses que no sa­ben ni có­mo lle­gar a su ho­tel. «Pre­gun­tas por dón­de se sa­le, si te puede en­se­ñar al­gún si­tio, etc...» se­ña­la Die­go. Con es­ta téc­ni­ca se ma­tan dos pá­ja­ros de un ti­ro: Co­no­cen en pro­fun­di­dad la zo­na y a la per­so­na.

8. ¡Sál­va­me!

Pe­dir ayu­da siem­pre es una al­ter­na­ti­va para co­no­cer a al­guien. «Agá­rra­te que vén un­ha fa­ne­ca!» o «que me­do esa ola! Que co­rren­te hai!» son al­gu­nas de las fra­ses que re­ve­la Lau­ra Be­llo. A ella le gus­ta dar­le un to­que de humor, aun­que afir­ma que tam­bién tie­ne mie­do a la co­rrien­te de las olas.

9. Las mi­ra­das

¿Para qué ha­blar cuan­do so­bran las pa­la­bras? Mu­chos son de la fi­lo­so­fía de po­ner oji­tos a esa per­so­na que le lla­ma la aten­ción. «Pues le echas mi­ra­di­tas. Le gui­ñas un ojo...» di­ce otro jo­ven, que tam­bién se lla­ma Ser­gio.

10. Las apli­ca­cio­nes mó­vi­les

Para los más pe­re­zo­sos o que no quieren com­pli­ca­cio­nes. No son po­cos los que afir­man usar apli­ca­cio­nes co­mo Tin­der, que uti­li­zan la geo­lo­ca­li­za­ción para bus­car per­so­nas afi­nes a ellos. Sin em­bar­go, mu­chos opi­nan que es­te método es muy frío y que se pier­de par­te del en­can­to de li­gar y de poder co­no­cer a otras per­so­nas ca­ra a ca­ra.

RA­MÓN LEI­RO

Ser­gio ob­ser­van­do a una chi­ca en la pla­ya de Sil­gar, San­xen­xo.

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