«Pue­de que su­pe­ra­se los 500 go­les, y fa­llé tan­tos o más de los que me­tí»

Vuel­ve a tra­ba­jar en la can­te­ra ma­ri­ña­na, en la que «hay ta­len­to pa­ra lle­gar a Pri­me­ra»

La Voz de Galicia (Lugo) - - LA VOZ DE GALICIA - I. DÍAZ ROLLE

El nom­bre de Ki­ko Rey (Vi­vei­ro, 1967) se des­li­ga de nue­vo de la pri­me­ra pla­na del fút­bol lu­cen­se. Tras un año al fren­te del Xo­ve La­go el exfutbolista vi­vei­ren­se, que pa­só por el Club De­por­ti­vo Lu­go, vuel­ve a la can­te­ra xo­ven­se de­bi­do a su de­ci­sión de no ob­te­ner el ni­vel 1 ni el 2 de en­tre­na­dor. «Ya vi­ví to­do lo que te­nía que vi­vir en el fút­bol», ex­pli­có un hom­bre que, co­mo ju­ga­dor, de­fen­dió la ca­mi­se­ta de do­ce equi­pos: Vi­vei­ro, Real Ma­drid, Lu­go, Ra­cing de Fe­rrol, As Pon­tes, Sa­la­man­ca, Al­me­ría, Cul­tu­ral, Ei­bar, Lo­gro­ñés, Ou­ren­se e Ibe­ria. Es uno de los hom­bres más co­no­ci­dos y des­ta­ca­dos del fút­bol lu­cen­se. —Va­ya tra­yec­to­ria la su­ya... —Sí, es lo que me gus­ta y no lo ha­bría cam­bia­do por na­da, pe­ro el fút­bol a ese ni­vel es mu­cho más sa­cri­fi­ca­do de lo que la gen­te pien­sa. Es­tás ata­do, no tie­nes un so­lo fin de se­ma­na li­bre, tie­nes que se­guir una dis­ci­pli­na, las pre­tem­po­ra­das, los via­jes... Lo vi­ví co­mo ju­ga­dor y no es­toy dis­pues­to a vi­vir­lo co­mo en­tre­na­dor, por­que ten­go un tra­ba­jo y una fa­mi­lia; otras co­sas a las que aten­der. —¿Re­cuer­da su úl­ti­mo par­ti­do? —Sí, fue en Can­ta­rra­na y de­fen­dien­do la ca­mi­se­ta del Vi­vei­ro, co­mo siem­pre qui­se. En Pre­fe­ren­te. No fue frus­tran­te, sa­bía que era el úl­ti­mo, pe­ro fue uno más. Pa­ra to­do hay un co­mien­zo y un fi­nal. —Sus inicios tam­bién es­tán muy li­ga­dos a Can­ta­rra­na, en Vi­vei­ro. —Me sien­to or­gu­llo­so de ha­ber em­pe­za­do y ter­mi­na­do en el Vi­vei­ro. Te­nía 14 años cuan­do em­pe­cé a ju­gar en los ju­ve­ni­les y en el equi­po de Ter­ce­ra. —Po­co tar­dó en fi­jar­se en us­ted el Vi­vei­ro Vi­vei­ro Ibe­ria Vi­vei­ro

Real Ma­drid, ¿cómo fue aque­llo? —Te­nía so­lo 16 años, era un ni­ño, y aque­llo tu­vo mu­chí­si­ma re­per­cu­sión. No to­dos los días el Real Ma­drid vie­ne a bus­car un ju­ga­dor a Vi­vei­ro. Es un orgullo. Lle­gué allí con unas ex­pec­ta­ti­vas in­men­sas, con ga­nas de co­mer­me el mun­do. Pe­ro des­pués vie­ne la reali­dad: es­tás en el me­jor club del mun­do, con los me­jo­res fut­bo­lis­tas del mun­do y la com­pe­ten­cia es bru­tal. Ha­cer­se un hue­co en esos equi­pos es muy com­pli­ca­do. —¿Lo pon­go en un aprie­to si le pre­gun­to cuán­tos go­les mar­có a lo lar­go de su am­plia ca­rre­ra de­por­ti­va? —Bufff... Nun­ca me pa­ré a con­tar­los. Pue­de que no sea exa­ge­ra­do de­cir que su­pe­ré los 500 go­les, pe­ro tam­bién fa­llé mu­chos. Uno se acuer­da de lo bueno y no de lo ma­lo, pe­ro se­gu­ro que fa­llé tan­tos o más de los que me­tí. —¿Hay al­guno que re­cuer­de con ma­yor ca­ri­ño? —Le di la mis­ma im­por­tan­cia a ca­da gol por­que es la má­xi­ma del fút­bol. Me pre­gun­tan mu­cho por el que le me­tí a Zu­bi­za­rre­ta. Tu­vo re­per­cu­sión por­que fue uno de los me­jo­res por­te­ros del mun­do, fue un ho­nor en­fren­tar­me a él. Pe­ro, co­mo gol, uno más.

PE­PA LO­SA­DA

Ki­ko Rey de­jó de ser téc­ni­co del Xo­ve La­go por­que no quie­re sa­car­se el tí­tu­lo de en­tre­na­dor.

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