Froome se aso­ma al Olim­po del Tour

El bri­tá­ni­co lo­gró su cuarto triun­fo y se que­da a uno del ré­cord de cin­co vic­to­rias

La Voz de Galicia (Lugo) - - DEPORTES - ALEI­XAN­DRE MÉN­DEZ RE­DAC­CIÓN / LA VOZ

Chris Froome subió ayer a lo más al­to del po­dio fi­nal del Tour de Fran­cia en los Cam­pos Eli­seos de Pa­rís en el que es ya su cuarto triun­fo en la ron­da fran­ce­sa, des­pués de una úl­ti­ma eta­pa en la que la vic­to­ria fue pa­ra el ho­lan­dés Dy­lan Groe­ne­we­gen (Lot­to-Jum­bo). El bri­tá­ni­co se aso­ma así al Olim­po de la Gran­de Bou­clé, un lu­gar re­ser­va­do de mo­men­to a Jac­ques An­que­til, Eddy Merckx, Ber­nard Hi­nault y Mi­guel In­du­rain, con cin­co vic­to­rias en su pal­ma­rés, si bien el es­pa­ñol, pa­se lo que pa­se el año que vie­ne, se­gui­rá os­ten­tan­do el ho­nor de ser el úni­co que las ha lo­gra­do de ma­ne­ra con­se­cu­ti­va.

Prin­ci­pal fa­vo­ri­to en la sa­li­da en Düs­sel­dorf, el corredor del Sky pro­ta­go­ni­zó es­te año su Tour más prag­má­ti­co. Ha­bi­tua­do a ajus­ti­ciar a sus ri­va­les en la mon­ta­ña, y a con­so­li­dar su ven­ta­ja gra­cias a sus bue­nas pres­ta­cio­nes con­tra el re­loj, Froome tu­vo es­ta vez que ti­rar de sa­cri­fi­cio y su­fri­mien­to pa­ra lle­var­se el triun­fo en la ge­ne­ral. Y a es­to, sin du­da, hay que su­mar­le la sol­ven­cia de un equi­po que un año más se re­ve­ló co­mo la es­cua­dra, de lar­go, más fuer­te, ca­paz de de­jar al res­to de lí­de­res sin com­pa­ñe­ros mien­tras arro­pa a su je­fe de fi­las en cual­quier te­rreno. Y es que, tras ves­tir­se en la pri­me­ra se­ma­na de ama­ri­llo, gra­cias en bue­na me­di­da a la ven­ta­ja que lo­gró en la crono ini­cial, en es­ta edi­ción a Froome le fal­tó la for­ta­le­za de otros años pa­ra mar­car di­fe­ren­cias en mon­ta­ña.

Des­gar­ba­do so­bre la bi­ci­cle­ta y con la vis­ta per­ma­nen­te­men­te fi­ja so­bre el po­ten­ció­me­tro de su ma­ni­llar, el es­ti­lo de Froome no es qui­zá el pre­fe­ri­do por mu­chos afi­cio­na­dos. Pe­ro a es­te bri­tá­ni­co na­ci­do en Ke­nia no se le pue­de ne­gar su ca­rác­ter ga­na­dor, bus­can­do el triun­fo siem­pre que las fuer­zas le acom­pa­ñan. Sin em­bar­go, es­te Tour fue un re­fle­jo de una tem­po­ra­da en la que se le ha re­sis­ti­do, has­ta el mo­men­to, la vic­to­ria, qui­zá co­mo una se­ñal de que, a sus 31 años, su do­mi­nio ava­sa­lla­dor en la ron­da fran­ce­sa es­tá cer­ca de lle­gar a su fin. Aun­que él, aun trans­mi­tien­do hu­mil­dad, ya avan­zó que in­ten­ta­rá re­pe­tir triun­fo el pró­xi­mo año. «Me sien­to pri­vi­le­gia­do de es­tar en po­si- ción de po­der igua­lar a cam­peo­nes co­mo An­que­til, Merckx, Hi­nault o In­du­rain», afir­mó.

Pe­ro si Froome, pre­si­dien­do la icó­ni­ca ima­gen del po­dio de Pa­rís en los Cam­pos Elí­seos con el Ar­co del Triun­fo al fon­do, se ha ga­na­do con jus­ti­cia el pro­ta­go­nis­mo re­ser­va­do al ga­na­dor de ca­da Tour, la edi­ción que ayer lle­gó a su fin de­jó otros nom­bres pro­pios lla­ma­dos a pro­ta­go­ni­zar las tar­des de los me­ses de ju­lio de los pró­xi­mos años. Y en­tre ellos qui­zá no es­te Urán, se­gun­do en la ge­ne­ral en ple­na ma­du­rez pe­ro ocul­to siem­pre tras la rue­da de sus ri­va­les. Pe­ro qui­zá si un Bar­det que, tras ser se­gun­do el año pa­sa­do, pe­leó con orgullo, aun­que sin éxi­to, por de­vol­ver a Fran­cia a lo más al­to de un po­dio que no pi­sa un ga­lo des­de la úl­ti­ma vic­to­ria de Hi­nault en 1985, te­nién­do­se que con­for­mar es­ta vez con el ter­cer es­ca­lón del po­dio.

Fue­ra de los pues­tos de ho­nor, por un so­lo se­gun­do, se que­dó Mi­kel Lan­da, pa­ra mu­chos la gran es­pe­ran­za es­pa­ño­la a cor­to pla­zo. El ala­vés del Sky cum­plió, sin am­ba­ges, con su pa­pel de gre­ga­rio de lu­jo de Froome, pe­ro ya ha de­ja­do cla­ro que su futuro pa­sa por ser je­fe de fi­las. La du­da es si, ba­jo es­ta res­pon­sa­bi­li­dad, se­rá ca­paz de res­pon­der a las ex­pec­ta­ti­vas crea­das.

Tras es­tos, tam­bién hu­bo es­pa­cio pa­ra el ci­clis­mo de ata­que, opues­to al prag­ma­tis­mo y con­trol que pro­pug­nó es­te año el Sky. Y en es­ta ver­sión, Con­ta­dor re­cu­pe­ró la sim­pa­tía de mu­chos, pa­ra­dó­ji­ca­men­te, cuan­do su es­ti­lo ofen­si­vo no fue su­fi­cien­te de­bi­do a su fal­ta de pier­nas. To­do lo con­tra­rio que un Bar­guil que, con una tác­ti­ca si­mi­lar, se co­ro­nó rey de la mon­ta­ña, se lle­vó dos eta­pas y ri­va­li­zó con Bar­det co­mo pre­fe­ri­do en el co­ra­zón de los fran­ce­ses.

Tam­bién fue es­te el Tour de Kit­tel, que con cin­co triun­fos al es­print po­drá en­ju­gar, a buen se­gu­ro, la de­cep­ción de no ha­ber po­di­do ter­mi­nar la ca­rre­ra y lle­var­se un mai­llot ver­de que re­ca­yó so­bre Matt­hews, un aus­tra­liano to­do­te­rreno que asu­mió el pa­pel de corredor to­tal tras la ex­pul­sión de Sa­gan por de­rri­bar en un es­print a Ca­ven­dish. Y tam­po­co fal­ta­ron las lar­gas fu­gas de los De Gendt, Cha­va­nel, Voec­kler... Clá­si­cos to­dos ellos de la más clá­si­ca de las ca­rre­ras. Por­que, aun­que año tras año va­yan va­rian­do li­ge­ra­men­te los pro­ta­go­nis­tas, le Tour c’est le Tour.

«Me sien­to pri­vi­le­gia­do de es­tar en po­si­ción de po­der igua­lar a cam­peo­nes co­mo An­que­til, Merckx, Hi­nault o In­du­rain»

Chris Froome

Cuá­dru­ple ga­na­dor del Tour de Fran­cia

CHAR­LES PLATIAU REU­TERS

Froome subió al po­dio fi­nal en los Cam­pos Elí­seos acom­pa­ña­do de su hi­jo.

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