No to­do es La­va­co­lla, Al­ve­dro o Pei­na­dor: Ro­zas tam­bién vue­la

El ae­ró­dro­mo lu­cen­se es es­tos días una es­cue­la de avia­ción en la que se pue­de sa­ber lo que real­men­te es volar

La Voz de Galicia (Lugo) - - LUGO - XO­SÉ CA­RREI­RA

Mien­tras los ae­ro­puer­tos gallegos de La­va­co­lla, Pei­na­dor y Al­ve­dro se «pe­lean» en­tre sí pa­ra te­ner más vue­los (con el Saa Car­nei­ro de Opor­to cap­tan­do ca­da vez más via­je­ros) el ae­ró­dro­mo de Ro­zas se con­vier­te en cen­tro in­dis­cu­ti­ble en Galicia de la otra avia­ción. Las al­ter­na­ti­vas a los Boeing 737 y los Air­bus 320, pro­ta­go­nis­tas en las pis­tas de los ae­ró­dro­mos ve­ci­nos, pu­die­ron apre­ciar­se des­de el sá­ba­do y has­ta ma­ña­na en las ins­ta­la­cio­nes pró­xi­mas a la N-640. Muy po­co de lo que ofre­ce Ro­zas es­tos días pue­de ver­se en las otras ter­mi­na­les.

De­cía ayer un pi­lo­to que en Ro­zas es don­de real­men­te se pue­de sen­tir lo que es volar. «Aquí con­cen­tra­mos en es­te en­cuen­tro apa­ra­tos que apor­tan sen­sa­cio­nes que na­da tienen que ver con las que da la avia­ción co­mer­cial. No es lo mis­mo sen­tar­se en el asien­to de un Ari­bus 380 (ac­tual­men­te uno de los avio­nes más gran­des del mun­do) que pro­bar un pa­ra­mo­tor, un acro­bá­ti­co o una de las ae­ro­na­ves que te­ne­mos ba­sa­das en el Real Ae­ro­club», ex­pre­só el avia­dor.

Y la avia­ción no so­lo es via­jar en un 380, co­mo si uno se sen­ta­se en el so­fá de su ca­sa. Hay otras ma­ne­ras de volar que nue­va­men­te ayer des­per­ta­ron el in­te­rés de cien­tos de per­so­nas que vol­vie­ron a Ro­zas pa­ra dis­fru­tar de los pa­ra­mo­to­res, los pa­ra­caí­das, los avio­nes de ae­ro­mo­de­lis­mo, del he­li­cóp­te­ro de la po­li­cía (que con­ti­núo en Lu­go) e in­clu­so del Yak 52. No im­por­ta que las acro­ba­cias de es­te ve­te­rano pue­dan po­ner­le a uno el es­tó­ma­go co­mo una ba­ti­do­ra. Hu­bo co­la pa­ra ocu­par la pla­za que tie­ne dis­po­ni­ble pa­ra volar.

Tam­bién hu­bo lis­ta de es­pe­ra pa­ra otros bau­tis­mos aé­reos. Por lo vis­to tan­to el sá­ba­do co­mo ayer, es po­si­ble que Ro­zas (que pu­do ser el gran ae­ro­puer­to ga­lle­go si las au­to­ri­da­des de Lu­go fue­ran ca­pa­ces de lu­char en los años 30) vuel­va a re­gis­trar, es­ta tar­de y tam­bién ma­ña­na una gran afluen­cia de afi­cio­na­dos a la avia­ción de ver­dad. Ro­zas es es­tos días una es­cue­la ae­ro­náu­ti­ca.

FO­TOS: AL­BER­TO LÓ­PEZ

Si se quie­re, se pue­de. La jo­ven que va en la par­te de­lan­te­ra de es­te «pa­ra­tri­ke» uti­li­za si­lla de rue­das pa­ra po­der des­pla­zar­se. Esa cir­cuns­tan­cia no fue mo­ti­vo pa­ra que dis­fru­ta­se de un es­pec­ta­cu­lar vue­lo, se­gún lo re­fle­ja su ca­ra en la fo­to to­ma­da en el mo­men­to del ate­rri­za­je.

Ni­ños y po­lí­ti­cos. Los ni­ños dis­fru­ta­ron de las avio­ne­tas de ae­ro­mo­de­lis­mo y al­gu­nos po­lí­ti­cos, co­mo el ca­so del edil del PP, En­ri­que Ro­zas, no se per­die­ron de­ta­lle de las ex­pli­ca­cio­nes de los pi­lo­tos.

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