«Las casas de los ma­yo­res son ca­ra­me­los pa­ra los oku­pas»

Una experta aler­ta de que la ley ac­tual im­pi­de ac­tuar pa­ra des­alo­jar las vi­vien­das

La Voz de Galicia (Lugo) - - PORTADA - CAR­LOS PUNZÓN VI­GO / LA VOZ

Por sus ma­nos han pa­sa­do de­ce­nas de ca­sos de fa­mi­lias afec­ta­das por el se­cues­tro de sus vi­vien­das y por eso el Con­gre­so de los Dipu­tados ha pe­di­do a An­na Ni­co­lás su con­cur­so pa­ra que les ex­pon­ga cómo cree que se pue­de re­for­zar a los ciu­da­da­nos fren­te las «ma­fias oku­pas». Mien­tras no cam­bia la ley, se adop­tan me­ca­nis­mos pa­ra de­vol­ver las vi­vien­das a sus pro­pie­ta­rios con más ce­le­ri­dad y se do­ta a los juz­ga­dos de más me­dios pa­ra lle­var a ca­bo los des­alo­jos, man­tie­ne que lo más efec­ti­vo es ne­go­ciar con el oku­pa, «por­que la res­pues­ta de la Ad­mi­nis­tra­ción an­te la oku­pa­ción es nu­la».

—¿Por qué si­guen re­pun­tan­do las okupaciones de vi­vien­das y lle­ga con in­ten­si­dad a zo­nas que an­tes se sal­va­ban co­mo Galicia? —El pre­cio de la vi­vien­da de al­qui­ler, so­bre to­do, es­tá ya por en­ci­ma del que te­nía an­tes de ex­plo­tar la cri­sis in­mo­bi­lia­ria. La gen­te se tie­ne que ir de las gran­des ciu­da­des por esos precios y el ac­ce­so a la vi­vien­da pa­ra per­so­nas con gran­des ne­ce­si­da­des to­da­vía es más di­fí­cil, y por eso la oku­pa­ción se va tam­bién a zo­nas co­mo Galicia, don­de an­tes no era tan co­mún.

—En­ton­ces, ¿no se ha apren­di­do na­da de la cri­sis? —Pa­re­ce que to­do se ha arre­gla­do, que em­pie­za a ha­ber grúas, que es­to cre­ce, pe­ro la si­tua­ción de la gen­te es la mis­ma o más di­fí­cil aún con los precios de aho­ra. —¿Ve cier­ta per­mi­si­vi­dad o con­des­cen­den­cia con la oku­pa­ción? —No creo que sea con­des­cen­den­cia. El pro­ble­ma es que con la le­gis­la­ción ac­tual no se pue­de ha­cer otra co­sa, la po­li­cía no pue­de lle­var­se a la gen­te, se­ría una de­ten­ción ile­gal. Y, a ma­yo­res, los juz­ga­dos es­tán co­lap­sa­dos.

—Y des­de la política, ¿hay esa com­pren­sión? —Po­de­mos, la CUP y par­ti­dos si­mi­la­res se te echan en­ci­ma cuan­do pi­des apo­yo fren­te a la oku­pa­ción, por­que va con­tra su ima­gen. Pe­ro ellos mez­clan y no to­das las okupaciones son igua­les. —Us­ted di­jo en el Con­gre­so que per­ci­be que en oca­sio­nes se aplau­de que se le oku­pe a una fa­mi­lia su ca­sa de la pla­ya. —Sí, sí. Pues que di­gan: so­lo se pue­de te­ner una ca­sa. Pe­na­li­zan que ha­yas com­pra­do una se­gun­da con to­do tu es­fuer­zo. Y eso no qui­ta que ha­ya per­so­nas con mu­chas ne­ce­si­da­des, pe­ro eso no lo tie­ne que pa­gar el que ha se­gui­do las nor­mas y cre­ce con to­do su es­fuer­zo. Y la pro­pie­dad pri­va­da es un de­re­cho. El pro­ble­ma de la se­gun­da re­si­den­cia es que co­mo es­tán más tiem­po va­cías el ries­go de que la oku­pen es ma­yor. Y si te la oku­pan ya no pue­des ha­cer na­da, y eso no hay quien lo en­tien­da. Es una pe­sa­di­lla su­frir­lo.

—A los dipu­tados les con­tó un ca­so que lle­va us­ted de una per­so­na ma­yor que que­ría pa­gar­se la re­si­den­cia con el al­qui­ler de su ca­sa, pe­ro se la oku­pa­ron. —Ocu­rre con mu­cha fre­cuen­cia. Gen­te ma­yor que se que­da viuda y se va a una re­si­den­cia o a vi­vir con un hi­jo. Tienen su ca­sa, amue­bla­da, con to­dos los su­mi­nis­tros da­dos de al­ta y la po­nen en al­qui­ler. Y esas casas de las per­so­nas ma­yo­res son un ca­ra­me­lo pa­ra un oku­pa, y cuan­do en­tran ahí, ti­ran de luz, de agua y gas que no pa­gan y es­tán a nom­bre del pro­pie­ta­rio. Las com­pa­ñías des­pués cor­tan el su­mi­nis­tro, y per­si­guen al pro­pie­ta­rio por im­pa­go, o al ve­cino al que se le han en­gan­cha­do des­pués a su luz o agua, lo mis­mo por frau­de. Es to­do ro­cam­bo­les­co. Y las com­pa­ñías no es­tán por fa­ci­li­tar na­da, ni a gen­te sen­ci­lla que no tie­ne más que esa vi­vien­da. —¿Nota que ca­da vez se oku­pan más casas de gen­te ma­yor? —Sí, sí, cla­ro que hay más, cre­ce mu­chí­si­mo. He vis­to tam­bién has­ta ca­sos de gen­te que con to­do su es­fuer­zo com­pra un pi­so, y en­tre que le dan las lla­ves y los pa­pe­les, se la oku­pa­ron. No tu­vie­ron tiem­po ni de ha­cer la mudanza. Y no se pue­de ha­cer na­da, por­que la res­pues­ta de la Ad­mi­nis­tra­ción es nu­la. El de­re­cho a la vi­vien­da dig­na es­tá por en­ci­ma de la pro­pie­dad pri­va­da. Es así. —¿Qué ti­po­lo­gía de afec­ta­dos se en­cuen­tra? —De to­do, pe­ro ca­da vez es más co­mún el que ne­ce­si­ta una ca­sa más gran­de y op­ta por al­qui­lar otra y ha­ce lo mis­mo con la su­ya pa­ra cu­brir el gas­to. Y los oku­pas en­tran y echan aba­jo el plan. —¿Y de oku­pas? —Tam­bién hay de to­do. Hay gen­te con mu­cha ne­ce­si­dad, des­alo­jos don­de el al­ba­ñil que iba a ta­piar sa­le llo­ran­do de lo que ve. Pe­ro he vis­to des­alo­ja­dos que se van en co­ches ca­ros, o con un iPho­ne en la mano que yo no ten­go.

«El al­qui­ler cuesta más que an­tes de la cri­sis, y eso ex­pan­de las okupaciones a zo­nas co­mo Galicia»

An­na Ni­co­lás fue lla­ma­da al Con­gre­so pa­ra ha­blar so­bre okupaciones.

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