TE­LE­NO­VE­LAS CON PIEL DE «TH­RI­LLER» ¿Por qué en­gan­chan las his­to­rias de ma­los?

La Voz de Galicia (Lugo) - - Alta Definicion -

Cues­tio­na­das en Mé­xi­co, co­mo en su día fue­ron sen­ta­dos en el ban­qui­llo los nar­co­co­rri­dos — prohibidos en Si­na­loa, tie­rra de

El Cha­po, en el 2016—, las pro­duc­cio­nes au­dio­vi­sua­les ba­sa­das en la vi­da de los je­fes de los cár­te­les de Su­da­mé­ri­ca y Cen­troa­mé­ri­ca en­gan­chan. Des­pués de ver unos cuan­tos ca­pí­tu­los, más de un es­pec­ta­dor pue­de aca­bar lla­man­do «vie­ja» a su mu­jer, re­fi­rién­do­se a su pa­dre co­mo «su je­fe» y ha­blan­do de su me­jor ami­go co­mo «su car­nal». Pe­ro no hay que per­der de vista por qué los es­pec­ta­do­res per­ma­ne­cen en­gan­cha­dos a la pan­ta­lla du­ran­te de­ce­nas de epi­so­dios, man­te­nien­do su fi­de­li­dad tem­po­ra­da tras tem­po­ra­da. Esas te­le­no­ve­las con piel de th­ri­ller con­ti­núan ade­re­zan­do los he­chos reales con ele­men­tos fun­da­men­ta­les en torno a los que se le­van­tó el gé­ne­ro en los ochen­ta: amor, ven­gan­za... Y su ti­rón es tal que em­pre­sas au­dio­vi­sua­les más po­ten­tes no han des­apro­ve­cha­do la opor­tu­ni­dad pa­ra lan­zar gran­des pro­duc­cio­nes ba­sa­das en al­gu­nas de las rei­nas de la pa­rri­lla en Su­da­mé­ri­ca y Cen­troa­mé­ri­ca. El ps­có­lo­go y au­tor del li­bro Ps­co­lo­ga del Me­do, Guillermo Fou­ce, ex­pli­ca que «hay una atrac­ción por to­do lo que sea trans­gre­sor. Ver es­te ti­po de pro­duc­cio­nes en la pan­ta­lla es una for­ma de sal­tar­se las nor­mas, es co­mo vi­vir­lo de una for­ma in­di­rec­ta». Po­ne el ejem­plo de las no­ti­cias: «Algo ne­ga­ti­vo tie­ne más ti­rón que algo bueno, aun­que en el día a día ocu­rran más co­sas bue­nas».

Pe­ro va mu­cho más allá de las te­le­no­ve­las. «No so­lo ocu­rre en es­te ca­so. En ge­ne­ral los an­ti­hé­roes tie­nen mu­cho más ti­rón que los hé­roes», apun­ta. Y alu­de a gran­des pro­duc­cio­nes de la historia del ci­ne co­mo El Pa­drino. Por no ha­blar de Star Wars.

Lo que es­tá en de­ba­te al otro la­do del Atlán­ti­co es has­ta qué pun­to pue­den in­vi­tar a la vio­len­cia. Al­gu­nas vo­ces de­fien­den que el efec­to es jus­to el con­tra­rio, por­que el hé­roe no tie­ne una vi­da de ro­sas al aca­bar en­car­ce­la­do o pa­gan­do sus cul­pas. Otros pien­san que no son ade­cua­das en un con­tex­to de lu­cha con­tra el nar­co en Cen­troa­mé­ri­ca.

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