Ho­nor y fa­ma

La Voz de Galicia (Lugo) - - Opinión - EL TONEL DE DIÓGENES LUIS FERRER I BALSEBRE

Pa­ra ser fa­mo­so hay que va­ler y te­ner muy cla­ro que uno es su per­so­na­je y va a vi­vir con él y de él to­da la vi­da. Ser fa­mo­so hoy es un ofi­cio

El mun­do de can­ti­na y cris­tal en que vi­vi­mos tie­ne sus da­ños co­la­te­ra­les. Es­ta se­ma­na se co­bró dos ba­jas: la Cam­pa­na­rio y Miguel Ble­sa, una en cla­ve de amor y el otro de ho­nor cal­de­ro­niano. Ha­ce años que la es­tre­lla de la Cam­pa­na­rio ago­ni­za­ba, le­jos que­dan los tiem­pos en que su re­la­ción con el «im-pre­sio­nan­te» Je­su­lín ce­ba­ba el mun­do pa­ra­le­lo de los reali­ties, la pren­sa ama­ri­lla y la bla­blos­fe­ra de gen­te tan in­só­li­ta co­mo Jorge Ja­vier —esa mi­lon­gue­ra que ha ven­di­do cien ve­ces más li­bros que la úl­ti­ma no­ve­la de Var­gas Llo­sa y no pa­ra de en­se­ñar el cu­lo en las re­des so­cia­les. ¿Qué ve­rá cuan­do se mi­ra?—. La Cam­pa­na­rio no es de ese mun­do y se equi­vo­có de­ján­do­se se­du­cir por la fa­ma y sim­pa­tía del to­re­ro. Pe­ro pa­ra ser fa­mo­so hay que va­ler y hay que te­ner muy cla­ro que uno es su per­so­na­je y va vi­vir con él y de él to­da la vi­da. Ser fa­mo­so hoy es un ofi­cio. Cuan­do a Ma­ría José se le ca­yó el ve­lo del enamo­ra­mien­to y vio la ca­ra os­cu­ra de la fa­ma se es­ca­pó a Por­tu­gal pa­ra ha­cer­se den­tis­ta, ol­vi­dan­do los ver­sos de Ka­va­fis que aler­tan: «Mal­di­ces la ciu­dad, don­de quie­ra que va­yas la ciu­dad irá con­ti­go». Así que fue y re­gre­só sin ha­ber­se ido nun­ca. El ma­les­tar de la per­sis­ten­te reali­dad de la que huía y la cons­ta­ta­ción de que, aún sien­do la doc­to­ra Cam­pa­na­rio, el pre­cio que te­nía que pa­gar por su amor es no ser otra co­sa o que la mu­jer de Je­su­lín, la de­rrum­bó. Ese do­lor sin fu­ga po­si­ble se en­car­nó en ella en for­ma de fi­bro­mial­gia — tér­mino acu­ña­do por los reuma­tó­lo­gos pe­ro que tra­ta­mos los psi­quia­tras— que co­no­ce­mos des­de ha­ce mu­cho tiem­po con otros nom­bres ta­les co­mo de­pre­sión en­mas­ca­ra­da. Cam­pa­na­rio es­tá su­mi­da en el pro­fun­do aba­ti­mien­to que pro­du­ce una reali­dad en la que no hay lu­gar dón­de es­con­der­se, ni si­quie­ra in­ter­nán­do­se en un psi­quiá­tri­co. En el ca­so de Ble­sa no im­por­ta­ron tan­to las pér­di­das reales co­mo la sim­bó­li­ca de ha­ber per­di­do el ho­nor. Su per­so­na­je os­ten­ta­ba un po­der po­lí­ti­co y eco­nó­mi­co en el que si pier­des la ho­no­ra­bi­li­dad lo pier­des to­do. Es una muer­te so­cial. Co­mo buen sa­mu­rai —el con­cep­to de ho­nor ja­po­nés y el nues­tro es muy se­me­jan­te— ve­ló ar­mas y se hi­zo el se­pu­ku al ama­ne­cer con un ri­fle de ca­za. Pue­de que el se­ñor Ble­sa fue­ra un ban­di­do pe­ro te­nía que ser un ca­ba­lle­ro pa­ra to­mar una de­ci­sión en la for­ma y ma­ne­ra que so­lo lo ha­cen aque­llos pa­ra quie­nes «el ho­nor es patrimonio del al­ma y el al­ma so­lo es de Dios». El sui­ci­dio de Ble­sa fue un ac­to lú­ci­do y me­di­ta­do, no de­ses­pe­ra­do. Ha­brá más víc­ti­mas.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.