«Los fut­bo­lis­tas no ve­mos que, aun­que no jue­gues, es­tar en Pri­me­ra es un pri­vi­le­gio»

La Voz de Galicia (Lugo) - - Deportes -

Re­la­ta la es­cri­to­ra Al­ma Ma­rín en bo­ca de Joan Cap­de­vi­la, el pe­ri­plo del noi de Tá­rre­ga des­de que aban­do­nó, con el co­ra­zón en­co­gi­do, sus lu­ga­res de ni­ñez pa­ra mu­dar­se a Bar­ce­lo­na pa­ra ju­gar en el Espanyol. —No que­ría ir­se del pue­blo y aca­bó ju­gan­do en Por­tu­gal, Bél­gi­ca, An­do­rra y la In­dia. Quién se lo hu­bie­se di­cho. —Nun­ca pen­sé que me iba a ir de Es­pa­ña. Pe­ro ser cam­peón del mun­do me abrió mu­chas puer­tas. Me lla­ma­ban so­lo por eso. Es­tan­do de co­men­ta­ris­ta te­le­vi­si­vo en Bra­sil, me pro­pu­sie­ron ju­gar en la In­dia. Yo pre­gun­té: «¿pe­ro hay fút­bol en la In­dia?». Que­rían gen­te con nom­bre (Del Pie­ro, Pi­res...) pa­ra dar pres­ti­gio a su Li­ga. Los cam­pos, lle­nos. Pe­ro, so­bre to­do, fue una cu­ra de hu­mil­dad. Aquí nos que­ja­mos por cual­quier co­sa. Yo vi allí a gen­te dur­mien­do en la co­pa de los ár­bo­les. —Nun­ca per­dió us­ted el con­tac­to con la reali­dad, es un fut­bo­lis­ta atí­pi­co en ese sen­ti­do. —A los ni­ños les di­go: «Nun­ca os ol­vi­déis de dón­de ve­nís; igual subes que ba­jas». Y a los no tan ni­ños. El otro día, en el World Le­gend Cup de Lon­dres, tam­bién se lo di­je en el ves­tua­rio. Por­que les pe­dí ro­pa, a to­dos esos que fue­ron fut­bo­lis­tas de al­tí­si­mo ni­vel mun­dial. Me de­cían: «Joan, no seas ra­ta». Y yo les di­je que es pa­ra mis ami­gos de Tá­rre­ga, gen­te que se le­van­ta a las seis de la ma­ña­na pa­ra tra­ba­jar y a la que le ha­rá ilu­sión. —¿Se­rá en­tre­na­dor? —No ten­go car­né, pe­ro no creo. Ayu­dan­te, sí. Un puen­te con la plan­ti­lla, una es­pe­cie de Pa­co Me­lo. Apo­yar, dar un em­pu­jon­ci­to a los que no jue­gan, eso se me da­rá bien. Pa­co Me­lo me ayu­da­ba mu­cho en mis tiem­pos di­fí­ci­les. —¿La vi­da es un chis­te? —No, pe­ro hay que to­már­se­la bien. No ga­nas na­da tra­ba­jan­do ca­brea­do. Y me­nos, en el fút­bol. La gen­te no com­pren­de que aun­que no jue­gues su­fi­cien­te en Pri­me­ra, es un pri­vi­le­gio. Los fut­bo­lis­tas no ve­mos eso. —¿Fút­bol o rock? —Am­bas co­sas, sin du­dar­lo. An­tes de los par­ti­dos, es­cu­cha­ba AC/DC, Ba­rri­ca­da, The Offs­pring, y me po­nía por las nu­bes. La mú­si­ca te ha­ce ver la vi­da de otra ma­ne­ra, me lim­pia la vi­da. Ha­ce dos años fui al con­cier­to de AC/DC en Bar­ce­lo­na y fue lo me­jor de mi vi­da. —¿Nun­ca le dio por to­car la gui­ta­rra? —¡Qué va!. Nun­ca se me pa­só por la ca­be­za to­car ni bai­lar. Yo, de clien­te, me con­for­mo.

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