Un agi­ta­dor del «pro­cés» que re­nun­cia a las lis­tas elec­to­ra­les

Di­ce que no pue­de de­can­tar­se por nin­gu­na de las op­cio­nes in­de­pen­den­tis­tas

La Voz de Galicia (Lugo) - - A Fondo - SA­RA CARREIRA

Jordi Cuixart (Barcelona, 1975) ha de­ci­di­do no pre­sen­tar­se a las elec­cio­nes del 21D. Lí­der de Òm­nium Cul­tu­ral, su pa­pel en el fu­tu­ro no que­da muy claro, ya que al no es­tar en las lis­tas ten­drá más di­fí­cil sa­lir de pri­sión (don­de es­tá tras ser acu­sa­do de un de­li­to de se­di­ción). Al me­nos eso es lo que pien­san des­de la ANC y por lo que im­pul­san la can­di­da­tu­ra del otro Jordi, Sàn­chez. Cuixart, en cam­bio, y lo di­cen des­de la en­ti­dad que pre­si­de, ase­gu­ra que su tra­ba­jo es­tá con Òm­nium, que es trans­ver­sal, y por tan­to no pue­de de­can­tar­se por una de las op­cio­nes in­de­pen­den­tis­tas.

La de­ci­sión de Cuixart no pa­re­ce ex­tra­ñar a su en­torno. Òm­nium (al­go así co­mo ‘de to­dos’, en la­tín) era una agru­pa­ción que vi­vía al ca­lor de las sub­ven­cio­nes de la Ge­ne­ra­li­tat y que te­nía co- mo ob­je­ti­vo pro­mo­cio­nar la len­gua y la cul­tu­ra ca­ta­la­nas. Cuixart se hi­zo so­cio en el 1996, con 21 años, y lo cier­to es que has­ta que él to­mó las rien­das (pri­me­ro co­mo te­so­re­ro y des­pués co­mo pre­si­den­te, en el 2015) la en­ti­dad iba lan­gui­de­cien­do.

Em­pre­sa­rio a los diez años

Eso es, en de­fi­ni­ti­va, lo que quie­re Jordi Cuixart, ha­cer ver­da­de­ro el nom­bre de la en­ti­dad, aun­que siem­pre des­de una pers­pec­ti­va ca­ta­la­nis­ta. Él, que es hi­jo de mur­cia­na (em­plea­da de una car­ni­ce­ría) y ca­ta­lán (obre­ro), se crio en un en­torno cas­te­lla­noha­blan­te. Pe­ro su tío, her­mano de su ma­dre, des­cu­bre el ca­ta­la­nis­mo y se lo in­cul­ca a su so­brino. A los diez años lo te­nía claro: iba a ser ca­ta­la­nis­ta y em­pre­sa­rio.

Em­pe­za­ba la par­te di­fí­cil de la vi­da de Cuixart: de­jó los es­tu­dios en la mi­tad del BUP y se pu­so a tra­ba­jar ba­rrien­do una fá­bri­ca de so­bres, pe­ro, co­mo en­ten­dió que así po­dría se­guir to­da la vi­da, se ma­tri­cu­ló en FP y co­men­zó a ha­cer di­se­ños en Au­to­cad. Pa­ra me­jo­rar de em­pre­sa apren­dió in­glés con un cur­so a ba­se de ca­se­tes, y des­pués fran­cés. Ya pu­do me­jo­rar su pues­to. Fue ob­je­tor de con­cien­cia y se en­fren­tó al sis­te­ma. A los 29 años mon­tó su em­pre­sa, AraNow, que ven­de má­qui­nas más rá­pi­das pa­ra ha­cer so­bres di­se­ña­das por él y que hoy fac­tu­ra 7 mi­llo­nes de eu­ros, la prác­ti­ca to­ta­li­dad en ex­por­ta­cio­nes. Su fa­ce­ta em­pre­sa­rial no es aje­na al ca­ta­la­nis­mo, por­que su gran preo­cu­pa­ción es, ade­más de Òm­nium, crear un te­ji­do in­dus­trial po­ten­te pa­ra dis­pa­rar la eco­no­mía. Por aho­ra, sin éxi­to: des­de el 1-O, ca­si 2.500 em­pre­sas han de­ja­do Ca­ta­lu­ña.

ILUSTRACIÓN ED

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