A la luz de las ve­las has­ta ha­ce po­cos años

La Voz de Galicia (Lugo) - - GALICIA -

Cuan­do a prin­ci­pios de los años se­ten­ta Sal­va­dor Arias re­tor­nó a España des­pués de dos dé­ca­das en Ve­ne­zue­la, no lo hi­zo so­lo, sino acom­pa­ña­do por su mu­jer, Car­men, y su hi­jo Raúl. Y la ima­gen que se en­con­tró la fa­mi­lia en la an­ti­gua al­dea mi­ne­ra era de­sola­do­ra. A pe­sar de es­tar si­tua­da a po­cos ki­ló­me­tros del cen­tro de Vi­vei­ro —hoy se lle­ga en me­nos de diez mi­nu­tos en co­che—, las con­di­cio­nes de vi­da que ofre­cía A Sil­va­ro­sa eran pé­si­mas. Por no ha­ber, no ha­bía ni elec­tri­ci­dad en un lu­gar que siem­pre tu­vo luz pa­ga­da por la em­pre­sa mien­tras fun­cio­nó la mina. Los Arias Ma­cha­do com­pra­ron un ge­ne­ra­dor, pe­ro en 1980 Ba­rras Eléc­tri­cas les obli­gó a re­nun­ciar a él.

Una lám­pa­ra de cám­ping

Con es­te panorama, los hi­jos de la pa­re­ja cre­cie­ron es­tu­dian­do a la luz de las ve­las y de una pe­que­ña lám­pa­ra de cám­ping, se­gún de­nun­cia­ba una cró­ni­ca de La Voz de Ga­li­cia es­cri­ta en 1991. Po­co des­pués, en 1992, ase­gu­ran que el pro­pio Manuel Fra­ga agi­li­zó los trá­mi­tes —Car­men se di­ri­gió a él per­so­nal­men­te en una vi­si­ta que el en­ton­ces pre­si­den­te de la Xun­ta reali­zó a Vi­vei­ro— des­pués de que la co­mu­ni­dad de mon­tes de Co­vas per­mi­tie­se el pa­so de la lí­nea eléc­tri­ca por mon­tes man­co­mu­na­dos.

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