Apues­ten: ¿gol­pe de Es­ta­do o mag­ni­ci­dio en Ve­ne­zue­la?

La Voz de Galicia (Lugo) - - ECONOMÍA -

Cer­ti­fi­que­mos la si­tua­ción in­sos­te­ni­ble de Ve­ne­zue­la des­de el pun­to de vis­ta eco­nó­mi­co: su deu­da pú­bli­ca es­tá ca­li­fi­ca­da con la le­tra D, lo que quiere de­cir, exac­ta­men­te, in­cum­pli­mien­to de pa­gos. Y pa­ra que en­ten­da­mos la gra­ve­dad, dos da­tos más. Pri­me­ro, la le­tra D es la úl­ti­ma de una es­ca­la que pa­sa por la tri­ple A y si­gue ba­jan­do es­ca­lón a es­ca­lón has­ta lle­gar a la B y a la C; se­gun­do, la deu­da pú­bli­ca de agos­to es­tá im­pa­ga­da y co­ti­za en torno al 406 %. La emi­ti­da pa­ra di­ciem­bre del 2018 se pa­ga al 215,4 %, mien­tras que la de oc­tu­bre del 2019 tie­ne su va­lor en el 111 %. Pe­tró­leos de Ve­ne­zue­la, la com­pa­ñía em­ble­má­ti­ca del país, pa­ga su deu­da del 2021 al

54 %, y la del 2014 al 37 %.

Car­los Es­té­vez, pro­fe­sor de Eco­nó­mi­cas en la Uni­ver­si­da­de da Co­ru­ña y ex­per­to en mer­ca­dos fi­nan­cie­ros, re­cuer­da que en el peor de los mo­men­tos de la cri­sis la deu­da pú­bli­ca de España es­ta­ba al 6,5 % y la de Gre­cia a diez años al 23-24 %.

En una pa­la­bra, Ve­ne­zue­la es­tá que­bra­da. Re­cuer­da el ex­per­to que el país tie­ne un da­to de in­fla­ción pre­vis­to pa­ra di­ciem­bre de 1 por 1.000.000, se­gún el FMI; mien­tras que su PIB se re­du­ci­rá el 15 %, re­tro­ce­so que se su­ma al 14 % del año pa­sa­do, el 16, 5% del an­te­rior, y el -6,2 % en el 2014.

El pro­ble­ma de la hi­per­in­fla­ción so­lo se re­sol­ve­ría con go­bier­nos res­tric­ti­vos en gas­tos, y, vien­do el per­cal, es­to no va a ocu­rrir. Por lo tan­to, to­do apun­ta a que sa­lir de es­ta si­tua­ción se ha­ce prác­ti­ca­men­te im­po­si­ble. Con las te­sis tra­di­cio­na­les de teo­ría eco­nó­mi­ca en la mano, ex­pli­ca Es­té­vez, re­tor­nar la con­fian­za en el sis­te­ma so­lo se con­se­gui­ría con un cam­bio po­lí­ti­co. Los ciu­da­da­nos so­por­tan los efec­tos de la hi­per­in­fla­ción con la com­pra de vo­tos, que se ha­cía a tra­vés de los in­gre­sos del pe­tró­leo. Pe­ro cuan­do el cru­do em­pe­zó a caer... la co­sa se com­pli­có. La si­tua­ción es tan an­ti­gua que un ejem­plo si­mi­lar se re­mon­ta al rei­na­do de En­ri­que VIII. Su­ce­de que un país em­pie­za a emi­tir deu­da por en­ci­ma del cre­ci­mien­to y lo úni­co que con­si­gue es re­ven­tar el sis­te­ma. Se crea di­ne­ro sin ba­se real y la in­fla­ción no pa­ra de su­bir. Pon­ga­mos el ejem­plo de la úni­ca ba­rra de pan que hay pa­ra la ven­ta y que quie­ren dos hom­bres. Si uno de ellos tie­ne un eu­ro, y otro tie­ne dos, ¿cuán­to cos­ta­rá?: 1,1 eu­ros. ¿Por qué? Por­que el que tie­ne dos eu­ros pa­ga­rá un po­qui­to más pa­ra que no se la lle­ve el que tie­ne 1. Co­mo el bo­lí­var ca­da vez va­le me­nos, la po­bla­ción aca­ba pa­sán­do­se al dó­lar, lo que pro­vo­ca una fuerte de­va­lua­ción de la mo­ne­da na­cio­nal y una subida de las im­por­ta­cio­nes. De­sa­pa­re­cen los su­mi­nis­tros de los al­ma­ce­nes por­que con una in­fla­ción de 1.000.000 por mil le com­pen­sa al con­su­mi­dor com­prar por la ma­ña­na y ven­der al do­ble por la tar­de, lo que ha­ce que el ten­de­ro re­ti­re del es­ca­pa­ra­te los pro­duc­tos y los co­lo­que por de­trás al me­jor pos­tor. De ahí el in­te­rés que tie­ne el Go­bierno de con­tro­lar las tar­je­tas de cré­di­to y dé­bi­to co­mo me­dio de pa­go. Pre­gun­ta: ¿cuál es la sa­li­da? Di­fí­cil. Pue­de lle­gar una gue­rra ci­vil pro­vo­ca­da por el ham­bre de la po­bla­ción (si es que no se es­tá vi­vien­do ya a mo­do de re­vuel­ta), o un gol­pe de Es­ta­do por par­te del Ejér­ci­to cuan­do de­je de es­tar bien pa­ga­do y se­pa lo que es el ham­bre. Vis­tas así las co­sas: si us­ted fue­se el pre­si­den­te Ma­du­ro, ¿qué ha­ría? Yo, sa­lir pi­tan­do.

ILUS­TRA­CIÓN MA­RÍA PEDREDA

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