El rui­do ga­lle­go que lle­ga a EE.UU.

La Voz de Galicia (A Coruña) - ExtraVoz - - ACTUALIDAD - Por Ja­vier Be­ce­rra

EL VIER­NES 29 SE EDI­TA «SAL­VE DIS­COR­DIA», CUAR­TO TRA­BA­JO DE TRIÁN­GU­LO DE AMOR BI­ZA­RRO. CON­SO­LI­DA­DOS COMO UNA DE LAS RE­FE­REN­CIAS DEL ROCK IN­DE­PEN­DIEN­TE NA­CIO­NAL, EL CUAR­TE­TO DE BOI­RO MI­RA AL EX­TRAN­JE­RO PA­RA AM­PLIAR SU CAM­PO DE BA­TA­LLA. HAN HE­CHO YA UNA GI­RA NORTEAMERICANA Y SUS VI­SI­TAS A MÉ­XI­CO SON CONS­TAN­TES. NO HAY LÍ­MI­TES

Trián­gu­lo de Amor Bi­za­rro ope­ra en Aban­quei­ro, una pe­que­ña al­dea de Boi­ro. Allí re­si­den Isa­bel Cea (voz, ba­jo) y Ro­dri­go Caa­ma­ño (voz, gui­ta­rra). «Estamos ro­dea­dos de cam­po, es un buen si­tio pa­ra sen­tir la so­le­dad de gru­po», di­ce él. Ru­bén Muñoz Zip­po (te­cla­dos, gui­ta­rra) y Ra­fa Ma­llo (ba­te­ría) se des­pla­zan cons­tan­te­men­te allí des­de A Co­ru­ña. Ha­ce seis me­ses que los cua­tro se pa­tea­ron EE.UU. con pa­ra­das en Nue­va York, Chica­go, Los Án­ge­les y Po­mo­na. «Di­mos sie­te con­cier­tos con lle­nos. Alu­ci­nas, por­que tú es­tás to­can­do en Brooklyn y hay una co­mu­ni­dad la­ti­na im­pre­sio­nan­te. Se­gu­ro que hay más gen­te que ha­bla es­pa­ñol allí que aquí», co­men­ta. En el tour apro­ve­cha­ron pa­ra vi­si­tar Ti­jua­na, en Mé­xi­co, su país fe­ti­che. «Nos en­can­ta. Hoy por hoy, la ciu­dad en la que más se­gui­do­res te­ne­mos es Mé­xi­co DF. Nues­tro fu­tu­ro pa­sa por se­guir sa­lien­do».

¿Y có­mo ha lle­ga­do un pe­que­ño gru­po in­die ga­lle­go a esa si­tua­ción? «Es­to es tan de can­cio­nes suel­tas que, de re­pen­te, una en­tra y la co­no­ce la gen­te», re­su­me el mú­si­co. Las de su ban­da han ca­la­do. Te­mas como El fan­tas­ma de la tran­si­ción, De la mo­nar­quía a la crip­to­cra­cia o Estrellas mís­ti­cas for­man par­te de la ban­da so­no­ra de la ge­ne­ra­ción de los fes­ti­va­les. ¿La fór­mu­la? Gui­ta­rras rui­do­sas, te­nues me­lo­días pop y rit­mo in­tré­pi­do. Como unos Ra­mo­nes mi­ran­do a So­nic Youth y Joy Di­vi­sión. Es de­li­be­ra­do. «El so­ni­do que fui­mos con­si­guien­do con los años es lo que te­ne­mos y lo que nos ha­ce pro­pios. Lo que no sue­na a no­so­tros lo desecha­mos», sos­tie­ne.

To­do em­pe­zó en A Co­ru­ña, allá por el 2004. En un am­bien­te to­tal­men­te hos­til, hi­cie­ron va­ler su pa­sión por el rui­do. Eran odia­dos. Tam­bién ama­dos. Unos re­pu­dia­ban su ac­ti­tud, los acu­sa­ban de no sa­ber to­car y de ser unos far­san­tes. Otros se abra­za­ban a su cho­rro de dis­tor­sión, al ner­vio de unas can­cio­nes atro­na­do­ras y su pro­vo­ca­do­ra fi­lo­so­fía de gru­po. «¡Ho­la, so­mos Trián­gu­lo de Amor Bi­za­rro y nos gus­ta que nos me­tan el de­do por el cu­lo!», de­cían a mo­do de sa­lu­do en sus con­cier­tos. Lue­go, so­na­ban ra­yos y cen­te­llas. Una or­gía só­ni­ca que di­vi­día al per­so­nal, afi­lan­do sus opi­nio­nes.

La dis­co­grá­fi­ca Mush­room Pi­llow, de los co­ru­ñe­ses Mar­cos Co­llan­tes y Patricia Kei­na, los aco­gió. Con ellos edi­ta­ron Trián­gu­lo de Amor Bi­za­rro (2007). Tras­cen­die­ron a las gue­rras lo­ca­les y el ve­neno, con­vir­tién­do­se en fi­jos en fes­ti­va­les, en esa ban­da que hay que ver. Lue­go, vi­nie­ron Año san­to (2010) y Vic­to­ria mís­ti­ca (2013), en­sal­za­dos por la crí­ti­ca y co­pan­do las lis­tas del año. Aho­ra cuen­ta los días en sen­ti­do in­ver­so Sal­ve dis­cor­dia (2016). Lle­ga­rá a las tien­das y plataformas el pró­xi­mo vier­nes. To­do apun­ta a que el idi­lio con­ti­nua­rá. nes al es­tu­dio y lue­go en di­rec­to las aca­bá­ba­mos to­can­do a to­do dar. En es­te dis­co que­ría­mos ha­cer can­cio­nes a la mis­ma ve­lo­ci­dad que te­ne­mos en con­cier­to. Ese pun­to de par­ti­da lo ha cam­bia­do to­do. Cuan­do usas una ve­lo­ci­dad de­ter­mi­na­da las ar­mo­nías y los arre­glos cam­bian. Lo afron­tas de otra for­ma».

Que no se preo­cu­pen los se­gui­do­res. Más allá del ve­lo­cí­me­tro, to­do per­ma­ne­ce in­tac­to. Hay pop ( Bar­ca que­ma­da). Hay desa­rro­llos ob­se­si­vos ( Como en­con­tró a la dio­sa). Hay can­cio­nes que se ex­pan­den ( Des­ma­dre es­ti­gio). Y hay te­mas que se con­cen­tran ( Ga­llo ne­gro se le­van­ta). Tam­bién gui­ños cla­ros. En Bai­la su­me­ria se po­nen a los pies de New Or­der, la ban­da del Bi­za­rre Lo­ve Trian­gle que usa­ron pa­ra su bau­ti­zo. En Luz de al­ba, por su par­te, ho­me­na­jean el mí­ti­co arran­que de Just Li­ke Ho­ney de Jesus & Mary Chain que, a su vez, tri­bu­ta­ba al Be My Baby de The Ro­net­tes.

«Nun­ca tu­vi­mos mie­do a ello —ase­gu­ra Caa­ma­ño—. Esos gui­ños siem­pre los hi­ci­mos sin te­mor. Nues­tra per­so­na­li­dad es­tá más allá y nos per­mi­te ju­gar con todos esos tics. Usas fra­ses de otros gru­pos. Eso es­tá en el ADN del rock n’ roll. Tú jue­gas con los es­tán­da­res con tu pro­pia per­so­na­li­dad». Ellos lo han he­cho. Su rock n’ roll par­ti­cu­lar se en­cuen­tra en los ál­bu­mes de Pi­xies y Yo La ten­go, en Sui­ci­de y The Vel­vet Un­der­ground, en Surfin’ Bi­chos y Los Pla­ne­tas.

To­do ello aunque en la re­vis­ta Mon­do So­no­ro ha­yan ad­ver­ti­do que se tra­ta de su dis­co me­nos in­die. Caa­ma­ño ma­ti­za aho­ra: «El in­die de hoy no es el que re­cor­da­mos. Aho­ra pa­re­ce un es­ti­lo muy fi­ja­do. Tú le di­ces a un in­die de aho­ra que te gus­ta Spa­ce­men 3 y se­gu­ro que pa­ra él no lo es».

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