«Lo ideal es que el ni­ño lo re­suel­va por si mis­mo»

La Voz de Galicia (A Coruña) - ExtraVoz - - ACTUALIDAD -

Jo­sé Ma­nuel Suá­rez San­do­min­go pre­si­de la Aso­cia­ción pro­fe­sio­nal de Pe­da­go­gos y Psi­co­pe­da­go­gos de Ga­li­cia. — ¿ Có­mo se de­tec­ta si un ni­ño es­tá su­frien­do aco­so? —Hay que pres­tar aten­ción a las reac­cio­nes del ni­ño. En pri­ma­ria, por ejem­plo sue­len reac­cio­nar mal a to­do lo que ten­ga que ver con la es­cue­la, y los pa­dres em­pie­zan a ver que ese ni­ño no es el que era. Hay que te­ner en cuen­ta que el aco­so es di­fe­ren­te en ni­ños y ni­ñas: ellos lo ha­cen con agre­sio­nes, mien­tras que ellas con co­men­ta­rios o ha­cien­do el va­cío a la víc­ti­ma. —¿Es más com­pli­ca­do en los ado­les­cen­tes? —Sí, pe­ro hay un ele­men­to co­mún: el ais­la­mien­to. Los ado­les­cen­tes sien­ten su au­to­es­ti­ma muy ba­ja y se sien­ten víc­ti­mas e inú­ti­les cuan­do no sa­ben reac­cio­nar an­te la si­tua­ción de aco­so. Ade­más, no pue­den con­tar la ver­dad por­que te­men que se en­te­ren los aco­sa­do­res y en­tran en una es­pi­ral que a ve­ces lle­ga al sui­ci­dio, por­que no tie­nen a dón­de ir y la pri­me­ra con­fian­za que pier­den es en sí mis­mos. —¿No nos co­mu­ni­ca­mos con ellos? —Lo que pa­sa en es­ta so­cie­dad es que la co­mu­ni­ca­ción con los hi­jos se va aban­do­nan­do po­co a po­co y lle­ga la ado­les­cen­cia y los pa­dres se en­cuen­tran con un ni­ño des­co­no­ci­do. Sus reac­cio­nes les son ex­tra­ñas y en­ton­ces van a la de­ri­va. Re­en­gan­char ahí cues­ta mu­cho. Si hay sos­pe­cha de aco­so hay que tra­tar de que se abra a al­gu­na per­so­na de re­fe­ren­cia que le pue­da ayu­dar: un tío, un pri­mo, al­gún ami­go... —¿Có­mo po­de­mos ayu­dar­le? —Lo ideal es dar­le es­tra­te­gias pa­ra que, en cual­quier otro mo­men­to, pue­da re­sol­ver­lo por si mis­mo. Ten­de­mos a que el ni­ño se in­fan­ti­li­ce, a ha­cer­lo de­pen­dien­te, y no le de­ja­mos cre­cer y reac­cio­nar por si mis­mo. Ade­más, en el co­le­gio se de­be for­mar a los ni­ños pa­ra la con­vi­ven­cia. —¿El agre­sor tam­bién es víc­ti­ma? —El agre­sor pue­de te­ner una di­fi­cul­tad edu­ca­ti­va o de per­so­na­li­dad. Pue­de ser agre­si­vo por­que en ca­sa al­guien es­tá im­po­nién­do­se a él, en­ton­ces su re­sor­te es agre­dir a otro que cree in­fe­rior a él. Lue­go es­tá el que agre­de por per­so­na­li­dad, cuan­do ya hay un tras­torno que re­quie­re tra­ta­mien­to.

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