Por qué de­be­rías co­no­cer (y amar) a es­tas tres mu­je­res

La se­gun­da tem­po­ra­da de «The Good Fight», la se­rie de­ri­va­da de «The Good Wi­fe», si­gue apos­tan­do por el pro­ta­go­nis­mo de tres mu­je­res fuer­tes, los te­mas pe­ga­dos a la ac­tua­li­dad, se­cun­da­rios de lu­jo y diá­lo­gos bri­llan­tes

La Voz de Galicia (A Coruña) - Fugas - - EL ÉXITO | LA SERIE QUE TRIUNFA - TEX­TO: AN­TÍA DÍAZ LEAL

Esa ri­sa aca­ba de arre­glar­me el día», di­ce un ca­ma­re­ro tras una car­ca­ja­da de Ch­ris­ti­ne Ba­rans­ki. A él... y a to­dos los es­pec­ta­do­res de la se­gun­da tem­po­ra­da de The Good Fight. Ella es Dia­ne Lock­hart, el pi­lar so­bre el que pi­vo­ta el spin-off de The Good Wi­fe... sin la bue­na es­po­sa del tí­tu­lo, y que emi­te Mo­vis­tar Se­ries. ¿Que echa­mos de me­nos a Ali­cia Flo­rrick, pro­ta­go­nis­ta de la pri­me­ra se­rie? Cier­to. Pe­ro so­lo en par­te. Aun­que es­pe­ra­mos que apa­rez­ca ca­da vez que se abre un as­cen­sor, tal vez de­ja­mos de ex­tra­ñar­la cuan­do el ca­ris­ma de Ba­rans­ki y la in­te­li­gen­cia de los diá­lo­gos aca­ban de en­gan­char­nos por com­ple­to. Y cuan­do el fan­tás­ti­co plan­tel de se­cun­da­rios de The Good Wi­fe apa­re­ce en es­ce­na, en for­ma de juez, abo­ga­do, fis­cal o de­lin­cuen­te.

Ca­be pre­gun­tar­se por qué otras se­ries más me­dio­cres es­tán en bo­ca de to­do el mun­do y ma­ra­vi­llas co­mo es­ta siem­pre que­dan en un se­gun­do plano. La arro­lla­do­ra má­qui­na de pu­bli­ci­dad de pla­ta­for­mas co­mo Net­flix o HBO es una de las ex­pli­ca­cio­nes. El mie­do a per­der­se de­ta­lles im­por­tan­tes por no ha­ber visto las sie­te tem­po­ra­das de The Good Wi­fe po­dría ser la otra. Y sin em­bar­go, la gran pe­lea em­pren­di­da por las tres pro­ta­go­nis­tas de la se­rie no ne­ce­si­ta de su se­rie ma­dre pa­ra bri­llar.

QUIÉN ES QUIÉN

Una ve­te­ra­na abo­ga­da li­be­ral y fe­mi­nis­ta que ha te­ni­do que apar­car la ju­bi­la­ción (Ch­ris­ti­ne Ba­rans­ki), una jo­ven y agre­si­va le­tra­da ne­gra sin pe­los en la len­gua (Cush Jumbo), y una no­va­ta re­cién li­cen­cia­da, les­bia­na y con pro­ble­mas con la jus­ti­cia (Ro­se Les­lie) son las tres pa­tas de es­te ban­co. Es­pe­ren... ¿una de­mó­cra­ta, una ne­gra y una les­bia­na en la era Trump? Sí, ese es el pun­to de par­ti­da de la se­rie crea­da y es­cri­ta por el ma­tri­mo­nio for­ma- do por Miche­lle y Ro­bert King. No hay que ol­vi­dar que la pri­me­ra tem­po­ra­da arran­ca­ba pre­ci­sa­men­te con el es­tu­por de Dia­ne Lock­hart an­te la vic­to­ria de Trump. Y la se­gun­da comienza con la pro­pia Dia­ne asus­ta­da an­te un mun­do y una so­cie­dad que no com­pren­de, que se le es­ca­pa y que le pa­re­ce ca­da vez más pe­li­gro­sa y en­fer­ma.

Pe­ro a pe­sar de ello (o tal vez por eso mis­mo), la ri­sa del per­so­na­je, sus inusua­les sa­li­das de tono, cier­ta adicción a sus­tan­cias sos­pe­cho­sas, se con­vier­ten en el con­tra­pun­to per­fec­to. Po­cas ve­ces las car­ca­ja­das de una ac­triz ha­bían ilu­mi­na­do de es­ta ma­ne­ra una es­ce­na. Dia­ne pa­re­ce des­qui­cia­da y nos gus­ta más por eso. El pro­ta­go­nis­mo fe­me­nino es to­da­vía más atrac­ti­vo por­que, a diferencia de otras se­ries, la cla­ve de es­tos per­so­na­jes no es­tá en sus re­la­cio­nes sen­ti­men­ta­les. Sí sa­be­mos qué pa­sa en sus vi­das, pe­ro los hom­bres (y la mu­jer) que las acom­pa­ñan ni las de­fi­nen ni aca­pa­ran las tra­mas. Co­sa que se agra­de­ce es­pe­cial­men­te, y que en­tron­ca con la se­rie de la que sur­gió to­do: Ali­cia Flo­rrick sí par­tía de una re­la­ción fa­lli­da y de otra que em­pe­za­ba (es­ta­ba de­li­mi­ta­da por dos hom­bres, por tan­to), pe­ro la se­rie aca­ba­ba cen­trán­do­se en su evo­lu­ción más allá de lo sen­ti­men­tal. En lo pro­fe­sio­nal, pe­ro so­bre to­do en su cre­ci­mien­to co­mo per­so­na, co­mo ser in­de­pen­dien­te y no de­fi­ni­do úni­ca­men­te por sus re­la­cio­nes de pa­re­ja.

Con el es­treno de la se­gun­da tem­po­ra­da de The Good Fight, de­cía Ro­bert King en de­cla­ra­cio­nes a la re­vis­ta Va­riety que ayu­da ver que los per­so­na­jes ca­mi­nan por las mis­mas ca­lles que tú, que reac­cio­nan a las mis­mas no­ti­cias que tú. Ese ape­go a la reali­dad, al día a día, es una de las cla­ves (y de los éxi­tos) de la se­rie.

ES­TO NO ES (TAN) SE­RIO

Que na­die se equi­vo­que, eso sí: los te­mas se­rios, pe­ga­dos a la ac­tua­li­dad (no so­lo es­ta­dou­ni­den­se: aquí hay cues­tio­nes que nos to­can a to­dos de cer­ca) son una de las cla­ves. La reivin­di­ca­ción de la mu­jer, otro. Pe­ro lo más im­por­tan­te es que la se­rie es en­tre­te­ni­dí­si­ma, in­te­li­gen­te y rá­pi­da. The Good Fight, co­mo su an­te­ce­so­ra, es una gran se­rie de abo­ga­dos, sí. Pe­ro tam­bién es mu­cho más.

La fuer­za de es­tas mu­je­res no es­tá en sus his­to­rias de amor

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.