“QUIE­RO AYU­DAR POR­QUE YO HE SI­DO AYU­DA­DO”

JE­RO GAR­CÍA

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - LATIDOS CATÓDICOS -

Cua­tro aca­ba de es­tre­nar la oc­ta­va tem­po­ra­da de su pro­gra­ma Her­mano ma­yor con la in­cor­po­ra­ción de Je­ro Gar­cía, que co­ge el re­le­vo a Pe­dro Gar­cía Agua­do. En un en­cuen­tro con la pren­sa, ha­bla­mos con el ex­bo­xea­dor de es­te nue­vo re­to al que se en­fren­ta tras años de la­bor so­cial en su fun­da­ción. Co­ra­zón ¿Có­mo afron­ta es­ta nue­va eta­pa? Je­ro Gar­cía Es una con­ti­nua­ción a lo que lle­vo ha­cien­do du­ran­te 15 años. En la fun­da­ción tra­ba­ja­mos con cha­va­les en ries­go de ex­clu­sión so­cial. C. ¿Có­mo fue su ado­les­cen­cia? ¿Es­tu­vo al­go ‘des­ca­rria­do’ du­ran­te esa eta­pa? J.G. Me con­si­de­ro más un su­per­vi­vien­te. Cre­cí en los 80 en Ca­ra­ban­chel (Ma­drid), una zo­na com­pli­ca­da, con mu­cha de­lin­cuen­cia. Pe­ro no he te­ni­do epi­so­dios de­li­ca­dos, aun­que los he vis­to. Mi vi­cio es el de­por­te y en eso me he abri­ga­do. C. ¿Qué di­fe­ren­cias en­cuen­tra en­tre el tra­ba­jo en su fun­da­ción y su la­bor en Her­mano ma­yor? J.G. To­do ca­so pro­ble­má­ti­co sor­pren­de. Se di­fe­ren­cia a ni­vel de te­ra­pia, por­que en la fun­da­ción o en el gim­na­sio, em­plea­mos tra­ta­mien­tos a me­dio o lar­go pla­zo y en Her­mano ma­yor son más con­cen­tra­das. Pe­ro re­con­for­ta mu­cho más, por­que ves re­sul­ta­dos en muy po­co tiem­po. C. ¿Ha sen­ti­do mie­do por su in­te­gri­dad en al­gún mo­men­to de las gra­ba­cio­nes del pro­gra­ma? J.G. Yo ten­go mie­do al mie­do, so­bre to­do, cuan­do ten­go res­pon­sa­bi­li­dad. Sien­to mie­do a no ha­cer­lo bien, pe­ro no mie­do fí­si­co. C. Por pri­me­ra vez ve­re­mos en el pro­gra­ma un ca­so do­ble con dos her­ma­nos pro­ble­má­ti­cos. ¿Có­mo se en­fren­tó a ello? J.G. Co­mo to­dos, pe­ro más cer­cano por­que me que­dé a dor­mir con ellos (ri­sas). Ese ca­so, en con­cre­to, fue muy du­ro, ten­go ga­nas de que lo veáis, pe­ro yo me ven­go arri­ba. C. ¿En qué mo­men­to de su vi­da de­ci­dió de­jar de com­pe­tir pa­ra ayu­dar a los de­más con su fun­da­ción? J.G. Em­pe­cé a dar cla­ses por­que no te­nía di­ne­ro pa­ra co­mer. He te­ni­do que pe­lear con la mano ro­ta pa­ra po­der pa­gar las fac­tu­ras. Siem­pre he te­ni­do la idea de ayu­dar a la gen­te, por­que yo he si­do ayu­da­do, so­bre to­do, por or­ga­ni­za­cio­nes sin áni­mo de lu­cro que se de­di­ca­ban a evi­tar gue­tos. Con 16 años, me die­ron la res­pon­sa­bi­li­dad de cui­dar de un gru­po de ni­ños y eso me mar­có.

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