TE­RE­SA DE CAL­CU­TA RE­CI­BE EL PRE­MIO NO­BEL

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - LO ÚLTIMO -

La ce­re­mo­nia tu­vo lu­gar en Os­lo, co­mo siem­pre ocu­rre con es­te pre­mio, pe­ro ese año hu­bo una pe­que­ña di­fe­ren­cia: la ga­lar­do­na­da pi­dió que no se ce­le­bra­ra el tra­di­cio­nal ban­que­te y que ese di­ne­ro, 30.000 co­ro­nas, se su­ma­ran a las 800.000 del No­bel y se des­ti­na­ran a los más ne­ce­si­ta­dos. Una de­ci­sión que no po­día sor­pren­der a na­die ni re­sul­tar más cohe­ren­te. Era jus­to ese es­pí­ri­tu de ayu­da al pró­ji­mo lo que ese día se es­ta­ba re­co­no­cien­do en la fi­gu­ra de Te­re­sa de Cal­cu­ta. La mon­ja al­ba­ne­sa ha­bía na­ci­do 69 años an­tes y con so­lo 18 op­tó por la vi­da re­li­gio­sa. Po­cos me­ses des­pués se em­bar­ca­ba con des­tino a Cal­cu­ta. Allí fue or­de­na­da no­vi­cia, to­mó sus vo­tos de po­bre­za, cas­ti­dad y obe­dien­cia, y du­ran­te años se de­di­có a im­par­tir cla­ses en un co­le­gio. Has­ta que en un via­je en tren sin­tió que Dios le pe­día que de­di­ca­ra su vi­da a «los más po­bres en­tre los po­bres». En 1950 fun­dó la con­gre­ga­ción de las Mi­sio­ne­ras de la Ca­ri­dad en la que tra­ba­jó has­ta el fi­nal de sus días y que des­de In­dia no tar­dó en abrir mi­sio­nes por to­do el mun­do, siem­pre con esa idea de ocu­par­se de aque­llos a los que na­die que­ría. «En­cuen­tren a los po­bres aquí, an­tes que en nin­gún otro si­tio en su pro­pia ca­sa. Y co­mien­cen a amar. Sean la bue­na noticia pa­ra su pro­pia gen­te. En­té­ren­se so­bre la si­tua­ción del ve­cino de su ca­sa», di­jo Te­re­sa al re­co­ger el No­bel. Tam­bién ani­mó a los asis­ten­tes a que aco­gie­ran a su pró­ji­mo siem­pre con una son­ri­sa «por­que la son­ri­sa es el co­mien­zo del amor».

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