Ma­ri­sa Ja­ra “NO NE­CE­SI­TO UN HOM­BRE PA­RA SER FE­LIZ”

DES­DE QUE ASU­MIÓ QUE SU FU­TU­RO ES­TA­BA PRE­CI­SA­MEN­TE EN SUS CUR­VAS, MA­RI­SA JA­RA SE CON­FIE­SA UNA MU­JER FE­LIZ. HA SU­PE­RA­DO UN SE­GUN­DO DI­VOR­CIO Y HOY PRE­FIE­RE VI­VIR CON SU HER­MANO Y DIS­FRU­TAR DE SU RE­CU­PE­RA­DA SOL­TE­RÍA PA­RA CEN­TRAR­SE EN SU PRO­FE­SIÓN CO­MO MODELO

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - EN PRIVADO CON... - FO­TOS: AL­BER­TO BER­NÁR­DEZ

De mu­sa de Ju­lio Igle­sias y Joa­quín Cor­tés a modelo de tal las gran­des, Ma­ri­sa Ja­ra ha sa­bi­do rein­ven­tar­se con­vir­tien­do su ten­den­cia a en­gor­dar en su mejor alia­da. Ha en­con­tra­do su si­tio en las pa­sa­re­las y ejer­ce su pro­fe­sión sin pa­sar ham­bre ni pri­var­se de esos pe­que­ños pla­ce­res que an­tes con­fe­sa­ba « irre­sis­ti­bles » y que la man­te­nían cons­tan­te­men­te a die­ta. Cen­tra­da en el gi­ro que ha da­do su ca­rre­ra y su vi­da, se aca­ba de di­vor­ciar y es una mu­jer fe­liz.

Co­ra­zón Por fin pue­de dis­fru­tar de su cuer­po y le es­tá fun­cio­nan­do de lu­jo. Ha si­do con­tra­ta­da por Ele­na Mi­ró, pio­ne­ra en ta­llas con cur­vas. ¿Cree que ya ha en­con­tra­do su lu­gar?

Ma­ri­sa Ja­ra Sí. Al prin­ci­pio es­ta­ba un tan­to des­ubi­ca­da por­que no sa­bía có­mo se­guir con mi tra­ba­jo y, mi­ra por don­de, al fi­nal no he te­ni­do que des­vin­cu­lar­me. Em­pe­cé en es­ta pro­fe­sión des­de muy jo­ven­ci­ta y me he pa­sa­do to­da la vi­da ha­cien­do die­tas. Creo que he he­cho to­das las que exis­ten. Siem­pre me he cui­da­do pa­ra es­tar en la ta­lla que me exi­gían y re­co­noz­co que lo he pa­sa­do muy mal por­que no es fá­cil to­do el sa­cri­fi­cio que im­pli­ca. Hay mu­chos via­jes, can­san­cio, so­le­dad y en­ci­ma sin po­der ali­men­tar­te co­mo tu cuer­po te pi­de, ya que no po­día co­mer prác­ti­ca­men­te na­da.

C. Ha­brá pa­de­ci­do di­fe­ren­tes mo­men­tos de cri­sis so­bre su fu­tu­ro en la mo­da. ¿Có­mo los ha su­pe­ra­do?

M.J. Efec­ti­va­men­te me plan­tea­ba mu­chas du­das pe­ro cuan­do es­ta­ba así, apa­re­cía una ofer­ta in­tere­san­te de tra­ba­jo y la acep­ta­ba. En el fon­do no que­ría aban­do­nar por­que es lo que he he­cho des­de que em­pe­cé y re­co­noz­co que me gus­ta mu­cho lo que ha­go.

C. Hay tes­ti­mo­nios de mu­chas com­pa­ñe­ras de la

mo­da que ha­blan de la ti­ra­nía que exi­ge es­tar acep­ta­ble pa­ra que las si­gan con­tra­tan­do. Aho­ra, a pe­sar de las de­nun­cias pú­bli­cas, el pe­so si­gue sien­do un pro­ble­ma en la sa­lud de las mo­de­los.

M. J. En es­te tra­ba­jo tie­nes que asumir la enor­me so­le­dad que sien­tes to­do el día con la ma­le­ta en la mano y en­ci­ma pa­san­do ham­bre. Yo me he cria­do en un am­bien­te fa­mi­liar, en una ca­sa don­de ade­más se co­mía bien y eso te vie­ne siem­pre a la ca­be­za. No es el úni­co tra­ba­jo que exi­ge un sa­cri­fi­cio, hay mu­chas otras ca­rre­ras que tam­bién lo pi­den y por eso creo que va­le la pe­na cuan­do sa­bes qué es lo que más te gus­ta ha­cer en la vi­da.

C. Úl­ti­ma­men­te siem­pre la veo arro­pa­da por sus dos her­ma­nos. ¿La fa­mi­lia es lo pri­me­ro?

M. J. Pa­ra mí es fun­da­men­tal. Dis­fru­to mu­cho a su la­do y me gus­ta cui­dar­los y que me cui­den. Aho­ra vi­vo con mi her­mano y me sien­to muy có­mo­da.

C. ¿En qué mo­men­to de­ci­de aban­do­nar las die­tas y asumir que su ca­rre­ra es­tá en po­ten­ciar sus cur­vas?

M. J. En un mo­men­to de mi vi­da tu­ve una se­rie de pro­ble­mas con la ali­men­ta­ción y fue cuan­do de­ci­dí de­di­car­me al es­ti­lo curvy. Hi­ce mi te­ra­pia y co­men­cé un nue­vo ci­clo en mi pro­fe­sión. Mi suer­te es que fui ca­paz de en­ten­der que de­bía aca­bar con ese sis­te­ma de vi­da. Ten­go cla­ro que con es­fuer­zo y sa­cri­fi­co, se pue­de su­pe­rar cual­quier ba­che.

C. Yo si­go vien­do chi­cas ex­tre­ma­da­men­te del­ga­das en las pa­sa­re­las.

M.J. Yo tam­bién.

C. ¿Hay ba­rra li­bre en las cur­vies? A fin de cuen­tas la obe­si­dad tam­po­co es re­co­men­da­ble pa­ra la sa­lud.

M.J. Una co­sa es una mu­jer sa­na con cur­vas y otra muy di­fe­ren­te es­tar con un so­bre­pe­so que no es re­co­men­da­ble e igual de ma­lo que el ex­tre­mo con­tra­rio. Las cur­vies son mu­je­res sa­nas y con un pe­so nor­mal. Las mo­de­los se cui­dan mu­cho, van al gim­na­sio, tie­nen una ali­men­ta­ción sa­na, por lo me­nos en tér­mi­nos ge­ne­ra­les. Aun­que es ver­dad que hay al­gu­nas que se van de pe­so.

C. Tie­ne que ser una li­be­ra­ción po­der re­la­jar­se y dis­fru­tar de la bue­na me­sa.

M.J. No sa­bes có­mo te cam­bia la vi­da cuan­do ya no te sien­tes cul­pa­ble o ago­bia­da si no te ca­be una pren­da.

C. A sus 36 años y tras más de 20 co­mo modelo su­pon­go que ha­brá vi­vi­do mu­chos cam­bios. ¿Có­mo ha si­do esa evo­lu­ción?

M. J. Aho­ra mis­mo no me cam­bia­ba por los 20 años por­que me sien­to mejor, más tran­qui­la y ma­du­ra. Es bo­ni­to a ve­ces mi­rar ha­cia atrás, pe­ro no es ver­dad que cual­quier tiem­po pa­sa­do siem­pre fue mejor.

“TU­VE PRO­BLE­MAS CON LA ALI­MEN­TA­CIÓN Y DE­CI­DÍ SER MODELO ‘CURVY’”

In­de­pen­dien­te­men­te de los pro­ble­mas de pe­so re­co­noz­co que soy una mu­jer op­ti­mis­ta y di­ver­ti­da, pe­ro in­sis­to en que la ma­du­rez que he con­se­gui­do hoy me en­can­ta y me tran­qui­li­za, y no la cam­bio por na­da del mun­do.

C. En el plano per­so­nal tu­vo que re­vi­vir un se­gun­do di­vor­cio, es­ta vez con Ma­nuel Vi­to­rio.

M. J. Aun­que el di­vor­cio fue ha­ce unos me­ses lo cier­to es que lle­vá­ba­mos se­pa­ra­dos año y me­dio. He­mos con­se­gui­do man­te­ner una bue­na re­la­ción y la prue­ba es­tá en que nos lle­va­mos muy bien. En un mo­men­to da­do fui­mos lo su­fi­cien­te­men­te adul­tos co­mo pa­ra en­ten­der que es­tá­ba­mos mejor se­pa­ra­dos que jun­tos. En mi ma­tri­mo­nio fa­lla­ron mu­chas co­sas. La di­fe­ren­cia de edad siem­pre aca­ba sa­lien­do, aun­que no fue lo úni­co. Creo que éra­mos in­com­pa­ti­bles, pe­ro po­día­mos sal­var nues­tra amistad y la mejor mues­tra es que ja­más he­mos te­ni­do una ma­la pa­la­bra el uno con­tra el otro ya que, a pe­sar de las di­fe­ren­cias, el amor siem­pre ha es­ta­do pre­sen­te y soy in­ca­paz de desear­le na­da ma­lo, jus­to es to­do lo con­tra­rio.

C. ¿No ha­ber te­ni­do hi­jos pue­de ha­ber cau­sa­do la dis­tan­cia en­tre us­te­des?

M.J. Co­mo no los he te­ni­do, no lo sé.

C. ¿Le que­dan ga­nas de vol­ver a enamo­rar­se?

M.J. En es­te mo­men­to es­toy tran­qui­la y no ten­go in­te­rés en co­no­cer a nadie, aun­que la vi­da te sor­pren­de cuan­do me­nos te lo es­pe­ras. Aho­ra dis­fru­to de mis ami­gas, de la fa­mi­lia, del tra­ba­jo y so­la me en­cuen­tro muy bien ya que no ne­ce­si­to un hom­bre pa­ra ser fe­liz.

C. Se le tie­nen que acer­car los hom­bres a to­das ho­ras.

M.J. Con los años y tras dos di­vor­cios te ase­gu­ro que una se ha­ce más exi­gen­te. Pa­ra que apos­ta­ra por una

“MA­NUEL Y YO EN­TEN­DI­MOS QUE ES­TÁ­BA­MOS MEJOR SE­PA­RA­DOS”

re­la­ción en es­te mo­men­to, ten­dría que ser una per­so­na in­creí­ble­men­te es­pe­cial y que va­lie­ra mu­cho la pe­na.

C. ¿Có­mo es su día a día?

M.J. Si no ten­go fo­tos o tra­ba­jo, apro­ve­cho pa­ra ir al gim­na­sio y de­di­car­me al

blog que es­cri­bo o a ha­cer los co­lla­res que fa­bri­co de for­ma ar­te­sa­nal y que ven­do en mi web. Tam­bién prac­ti­co bi­kram yo­ga, voy al ci­ne con mis ami­gas… Lo que no ha­go ja­más es sa­lir por la no­che. Nun­ca me ha­brás vis­to ni me ve­rás en una dis­co­te­ca por­que no me di­vier­te. Soy de las que a las 12 de la no­che me entra sue­ño.

C. ¿Con qué sue­ña?

M.J. Con ser ma­dre.

C. ¿Se­rá ca­paz de te­ner un hi­jo sin una pa­re­ja?

M.J. Hoy por hoy no me atre­vo. Me veo in­de­fen­sa pa­ra dar ese pa­so so­la y me en­can­ta­ría en­con­trar una pa­re­ja pa­ra te­ner un be­bé. Eso al me­nos pien­so aho­ra, no sé lo que ha­ré si den­tro de unos años si­go so­la y el re­loj bio­ló­gi­co em­pie­za a pe­sar, ya que no me gus­ta­ría que­dar­me sin hi­jos. Re­co­noz­co que aun no me veo pa­ra lan­zar­me en so­le­dad.

C. ¿Qué ha apren­di­do del desamor?

M. J. No sé lo que se apren­de, pe­ro se pa­sa muy mal. Del amor nun­ca ter­mi­nas de apren­der na­da ya que es muy fá­cil que co­me­tas los mis­mos erro­res y cho­ques con la mis­ma pie­dra. Es ver­dad que el amor es cie­go, por eso al prin­ci­pio hay que abrir bien los ojos. Soy una mu­jer muy emo­cio­nal y me ha ve­ni­do muy bien la ma­du­rez ac­tual pa­ra to­mar las co­sas con más cal­ma.

C. ¿Tie­ne un plan B pa­ra cuan­do ter­mi­ne su ca­rre­ra de modelo?

M. J. Si­go ha­cien­do mis tra­ba­jos co­mo ac­triz y con mis cur­sos, a pe­sar de los seis años que es­tu­dié in­ter­pre­ta­ción. En Es­pa­ña he em­pe­za­do a ha­cer co­la­bo­ra­cio­nes, co­mo se ve­rá en la se­rie que he gra­ba­do con Jo­sé Mo­ta. Ten­go mu­chas ga­nas de co­no­cer la opi­nión de la gen­te so­bre mi tra­ba­jo.

C. ¿Qué ti­po de pe­lí­cu­las le in­tere­san?

M. J. Me en­can­ta ver se­ries por la no­che cuan­do des­co­nec­to del tra­ba­jo, jun­to a mi her­mano. Tam­bién si­go los pro­gra­mas de co­ra­zón por­que me di­vier­ten. Pien­so que son muy en­tre­te­ni­dos y co­mo eva­sión es­tán muy bien pen­sa­dos.

C. ¿Có­mo es­tá vi­vien­do el mo­men­to po­lí­ti­co es­pa­ñol?

M.J. Es­toy ex­pec­tan­te, co­mo to­do el mun­do. Pe­ro yo siem­pre vo­to a los mis­mos.

C. ¿Fue­ra de las pa­sa­re­las al­ter­na con las mo­de­los?

M.J. No. Mis ami­gas es­tán al mar­gen de es­ta pro­fe­sión y son las de to­da la vi­da, en Se­vi­lla y en Ma­drid. Ten­go buen am­bien­te en el tra­ba­jo, pe­ro me gus­ta di­fe­ren­ciar mi vi­da per­so­nal de la pro­fe­sio­nal.

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