LOLITA

NOS HA­BLA DE SU SI­TUA­CIÓN AC­TUAL CON HA­CIEN­DA

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - LOLITA - POR BEA­TRIZ CORTÁZAR FO­TOS: BER­NAR­DO PAZ

Con­so­li­da­da en el éxi­to por su in­ter­pre­ta­ción en La pla­za del dia­man­te, Lolita ha de­ja­do apar­ca­da su fa­ce­ta como can­tan­te pa­ra cen­trar­se en más pro­yec­tos in­ter­pre­ta­ti­vos. Una pe­lí­cu­la, otra obra, la gi­ra… En su vo­ca­bu­la­rio no exis­te la pa­la­bra va­ca­cio­nes y no le im­por­ta. Fe­liz jun­to a sus dos hi­jos, ha asu­mi­do la sol­te­ría como un es­ta­do có­mo­do y so­lo bus­ca al­go de paz y te­ner sus cuen­tas al día. Que no es po­co. Co­ra­zón Ver­la en el es­ce­na­rio con es­te des­ga­rra­dor mo­nó­lo­go de Mer­cé Ro­do­de­ra es im­pre­sio­nan­te. Me­ter­se ca­da tar­de en la piel de ‘la Co­lo­me­ta’ de­be ser muy du­ro. ¿No le agota? Lolita Flo­res Lle­vo en el cuer­po mu­chas fun­cio­nes y por eso sa­bes ti­rar tam­bién de la téc­ni­ca. Pe­ro es ver­dad que hay días en los que es­tás muy sen­si­ble y las emo­cio­nes flu­yen más que cuan­do lle­gas con fuer­za. Es un tex­to que te tie­ne que pa­sar por el hí­ga­do, por el al­ma, de otra ma­ne­ra se­ría im­po­si­ble. Es un re­vol­ti­jo de emo­cio­nes y yo, como mi per­so­na­je, tam­bién soy ma­dre. Por eso cuan­do ‘la Co­lo­me­ta’ ha­bla de sus hi­jos, se me vie­nen los míos a la ca­be­za. No es que el per­so­na­je pue­da con­mi­go, pe­ro me re­mue­ve por den­tro y esa es la úni­ca ma­ne­ra de in­ter­pre­tar­lo. Al­go tan fuer­te y emo­cio­nal como lo que le pa­sa a es­ta mu­jer ló­gi­ca­men­te te afec­ta. C. ¿Tu­vo cla­ro que ese pa­pel era pa­ra us­ted? L.F. Tu­ve se­rias du­das cuan­do me lo ofre­cie­ron. Lo tu­ve que pen­sar por­que me hin­ché a llo­rar el pri­mer día que leí el tex­to ya que es ma­ra­vi­llo­so. Ade­más, por des­gra­cia, hay mu­chas co­lo­me­tas en nues­tra vi­da. En los

te­le­dia­rios ve­mos con­ti­nua­men­te ni­ños con ham­bre, con los ojos fue­ra de las ór­bi­tas y pa­san­do fa­ti­ga, y mu­je­res so­las lu­chan­do por sa­car­los ade­lan­te. C. ¿Qué en­cuen­tra en co­mún con su per­so­na­je? L.F. Gra­cias a Dios ten­go po­co en co­mún. No he pa­sa­do una gue­rra ni las mis­mas ca­la­mi­da­des que ella. No he sen­ti­do la ne­ce­si­dad de te­ner que sa­cri­fi­car a mis hi­jos. Ló­gi­ca­men­te se me han muer­to se­res que­ri­dos, pe­ro como a to­do el mun­do. Ade­más mi voz siem­pre se ha oí­do y no es pre­ci­sa­men­te lo que le ocu­rre al per­so­na­je que in­ter­pre­to, una mu­jer hu­mil­de sin voz ni vo­to. C. Es que us­ted se ha ca­lla­do po­cas co­sas. L.F. Al­gu­nas co­sas hay que ca­llar­se, pe­ro soy una mu­jer de es­te si­glo. C. Por des­gra­cia y aun­que no sea su ca­so, en es­te si­glo hay mu­chas mu­je­res que es­tán como ‘su co­lo­me­ta’. L.F. Por su­pues­to. Los ma­los tra­tos, por ejem­plo, es­tán a la or­den del día. Ella no lo di­ce abier­ta­men­te, pe­ro se no­ta que hay mal­tra­to psi­co­ló­gi­co, que en esos años no se en­ten­día como tal, por­que las mu­je­res es­ta­ban edu­ca­das pa­ra aguan­tar to­do. C. Su­pon­go que al­gu­nas mu­je­res se le ha­brán acer­ca­do pa­ra con­tar­le su ex­pe­rien­cia per­so­nal. L.F. No ima­gi­nas cuán­tas. Mu­chas han pa­sa­do la gue­rra. Una en con­cre­to, de más de 80 años, ha ve­ni­do va­rias ve­ces al tea­tro y siem­pre me re­cuer­da có­mo al es­cu­char el tex­to, re­me­mo­ra lo que fue su vi­da años atrás. Eran per­so­nas que no es­ta­ban edu­ca­das pa­ra tra­ba­jar y de pron­to, se que­da­ban viu­das con hi­jos, y de­bían em­pe­zar de ce­ro en si­tua­cio­nes lí­mi­tes. C. A la vis­ta de los re­sul­ta­dos es­tá cla­ro que en los úl­ti­mos tiem­pos la in­ter­pre­ta­ción le ha da­do mu­chas más ale­grías que la mú­si­ca. ¿Se

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