AL­BA CA­RRI­LLO

"Pon­go la mano en el fue­go por mi ma­ri­do".

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - NEWS - POR BEA­TRIZ CORTÁZAR FO­TOS: RO­BER­TO IVÁN CANO

Nue­ve me­ses des­pués de su bo­da con Fe­li­ciano Ló­pez, la mo­de­lo si­gue vi­vien­do en una lu­na de miel. En es­te tiem­po no so­lo ha dis­fru­ta­do de su nue­vo es­ta­do ci­vil, sino que tam­bién ha crea­do su mar­ca de mo­da de­bu­tan­do como em­pre­sa­ria. Re­co­no­ce ser muy fe­liz y con­fie­sa que es­tán lo­cos por te­ner un be­bé.

Co­ra­zón No de­ja de te­ner su gra­cia que una mu­jer tan es­pec­ta­cu­lar como us­ted se con­vier­ta hoy en ma­dri­na de un re­duc­tor ce­lu­lí­ti­co. Aho­ra me di­rá que tie­ne piel de na­ran­ja...

Al­ba Ca­rri­llo Pues te di­ré que la ce­lu­li­tis es una mal que pa­de­cen ca­si to­das las mu­je­res y te ase­gu­ro que, si me la bus­cas, la en­cuen­tras. Hay que es­tar muy en­ci­ma y no des­cui­dar­se. Por eso me he apun­ta­do al Xant­hi­gen. Nun­ca hay que re­la­jar­se.

Su­pon­go que si a una mo­de­lo, que vi­ve de su fí­si­co, le di­cen que tie­ne ce­lu­li­tis le dan don­de más due­le.

A.C. Tra­ba­jar en la mo­da tam­bién tie­ne el pro­ble­ma de que no per­mi­te ni un des­cui­do, por­que es­tás más ex­pues­ta a la crí­ti­ca que cual­quier otra per­so­na. Por eso hoy me cui­do más que ha­ce un tiem­po. Los años se no­tan. Nun­ca he si­do una ob­se­si­va del cuer­po y mi suer­te es que siem­pre he co­mi­do de to­do y sin pro­ble­mas, aun­que aho­ra es ver­dad que em­pie­zo a no­tar que de­bo te­ner cier­tos cui­da­dos.

Días atrás se ha prohi­bi­do una cam­pa­ña de pu­bli­ci­dad de Guc­ci por la ex­tre­ma del­ga­dez de sus mo­de­los. ¿Pe­ro no se ha­bía lle­ga­do a un acuer­do pa­ra im­pe­dir que pa­sen es­tas co­sas?

A.C. Me en­te­ro aho­ra, pe­ro hay que di­fe­ren­ciar en­tre las

mo­de­los a las que obli­gan a es­tar del­ga­dí­si­mas y las que son así por na­tu­ra­le­za. Mi cons­ti­tu­ción no es tan fi­na y, por eso, si a mí me vie­ras así se­ría por­que es­toy ha­cien­do al­go ma­lo con mi cuer­po, pe­ro he co­no­ci­do a mo­de­los que son su­per­fla­cas, como hay otras que son muy al­tas. Por eso creo que hay que di­fe­ren­ciar y evi­tar ju­gar con la do­ble mo­ral. Per­so­nal­men­te, de­ma­sia­do del­ga­das no me gus­tan, me pa­re­ce an­ti­es­té­ti­co y se­ría bueno que se die­ran cuen­ta que no es bo­ni­to. Hay que en­ten­der que la mo­da es ma­gia y lo que se ve en fo­tos tie­ne mu­chos tru­cos.

C. ¿Al­gu­na vez ha te­ni­do pro­ble­ma con su ta­lla?

A.C. Cuan­do sa­lí de Supermodelo y fui a mi pri­me­ra agen­cia, re­cuer­do que me die­ron mu­cha ca­ña cri­ti­can­do mi cuer­po. Lo bueno es que en­ton­ces yo te­nía 20 años y no me afec­ta­ban esos co­men­ta­rios. Ya es­ta­ba en la uni­ver­si­dad y has­ta me lo to­mé a ri­sa. Otra co­sa su­ce­de con las mo­de­los de 15 o 16 años, que sí son muy in­fluen­cia­bles. El de­ba­te se­ría si es bueno que se em­pie­ce tan pron­to en un mun­do así. Pien­so en una ni­ña mo­de­lo de un país del es­te que tie­ne que man­te­ner a su fa­mi­lia y es ca­paz de ha­cer to­do lo que le pi­dan. De ahí, que se­ría bueno po­ner cier­tos fil­tros y re­gu­lar las eda­des. Se pue­de ga­nar de­ma­sia­do di­ne­ro, via­jar so­la, sa­lir de no­che con los pro­ble­mas que pue­de en­con­trar… No de­be ser so­lo una cues­tión de es­té­ti­ca y sí de que se lle­gue a es­te tra­ba­jo cuan­do se ha ma­du­ra­do de cuer­po, pe­ro tam­bién de ca­be­za.

C. Lo di­ce, ade­más, una mo­de­lo que es ma­dre y que, su­pon­go, ya em­pie­za a vi­vir los mie­dos y las du­das de ca­ra al desa­rro­llo del ni­ño.

A.C. Lu­cas tie­ne cua­tro años y medio, pe­ro es­tá enor­me. Es­ta Se­ma­na San­ta me he da­do cuen­ta de que se me es­tá ha­cien­do ma­yor. Ya me ha­bla como un ni­ño y, aun­que me en­can­ta, me da mu­cha pe­na per­der al be­bé, pe­ro con­fie­so que me di­vier­to mu­cho.

C. Su­pon­go que no que­rrán que Lu­cas se que­de sin un her­ma­ni­to.

A.C. El pro­ble­ma es que te­ne­mos que en­con­trar el mo­men­to, por­que Fe­li no pa­ra de via­jar y yo tam­bién es­toy tra­ba­jan­do más aho­ra. Mu­chas ve­ces vie­ne, pe­ro ape­nas es­tá dos días, y así es com­pli­ca­do.

C. Tal vez por eso úl­ti­ma­men­te le acom­pa­ña a al­gu­nos tor­neos.

A.C. In­ten­to bus­car el equi­li­brio en­tre mi vi­da per­so­nal, con mi ma­ri­do e hi­jo, y la pro­fe­sio­nal, aun­que al fi­nal

“DE­BO A FE­LI LA BUE­NA RE­LA­CIÓN CON MI EX”

siem­pre me sien­to mal con­mi­go mis­ma: cuan­do es­toy con Lu­cas por no es­tar de via­je con Fe­li, cuan­do es­toy con él por no es­tar tra­ba­jan­do, cuan­do tra­ba­jo por­que quie­ro es­tar con mi ni­ño… Creo que eso nos pa­sa a mu­chas mu­je­res.

C. Otra co­sa que ha ga­na­do con el pa­so del tiem­po es que hoy la re­la­ción con Fon­si Nieto, su ex, es mu­cho me­jor. Eso fa­ci­li­ta las co­sas pa­ra su hi­jo.

A.C. Nos lle­va­mos muy bien y el he­cho de vi­vir muy cer­ca nos per­mi­te te­ner más fle­xi­bi­li­dad pa­ra que po­da­mos or­ga­ni­zar­nos sin nin­gún pro­ble­ma. Es fun­da­men­tal en­ten­der­te con el pa­dre de tu hi­jo. No eres cons­cien­te de la im­por­tan­cia que eso tie­ne has­ta que te se­pa­ras. Por suer­te, cuan­do su­pe­ras la rup­tu­ra y eres ca­paz de ver a tu ex de otra for­ma, se aca­ba el ren­cor. A Fon­si siem­pre le di­go que como pa­dre es mil ve­ces me­jor que como no­vio. Me en­can­ta la re­la­ción tan bue­na que te­ne­mos y ha­ber lle­ga­do a es­te pun­to.

C. Lle­ga el mo­men­to de ha­blar de Fe­li­ciano y ha­cer ba­lan­ce de es­tos nue­ve me­ses de ma­tri­mo­nio. Pe­ro an­tes de eso, aclá­re­me qué pa­só con esa fo­to­gra­fía don­de se veía a su ma­ri­do con otra mu­jer, que dio lu­gar a un mon­tón de co­men­ta­rios.

A.C. Cuan­do me pre­gun­ta­ron por esas imá­ge­nes di­je la ver­dad: que no veía na­da ex­tra­ño. Te ase­gu­ro que no soy una con­sen­ti­do­ra y si yo hu­bie­ra no­ta­do al­go ra­ro, pue­des es­tar con­ven­ci­da de que no soy de las que me ca­llo. Me gus­ta en­fren­tar­me a los pro­ble­mas y no soy de pa­sar na­da, pe­ro sé per­fec­ta­men­te que esa fo­to co­rres­pon­de a una se­cuen­cia y que ella era la no­via de otro te­nis­ta, que en ese mo­men­to se ha­bía le­van­ta­do pa­ra co­ger el co­che. Apro­ve­cha­ron el ins­tan­te pa­ra sa­car unas fo­tos y que pu­die­ran pa­re­cer otra co­sa. C. No han he­cho un año de su bo­da y ya se en­fren­ta a los pri­me­ros ru­mo­res. A.C. Te ase­gu­ro que si con el po­co tiem­po que lle­va­mos me hi­cie­ra una co­sa así, es que lo ma­ta­ba (ri­sas). A día de hoy cla­ro que pon­go la mano en el fue­go por él. C. ¿Si­gue igual de enamo­ra­da que cuan­do de­ci­dió com­pro­me­ter­se de por vi­da? A.C. El amor va cam­bian­do, ma­du­ran­do. El amor ro­mán­ti­co del prin­ci­pio se con­vier­te en al­go más prác­ti­co. Yo le ad­mi­ro mu­chí­si­mo y me en­can­ta ver­le con mi hi­jo. Me ha en­se­ña­do mu­chas co­sas, me ha ayu­da­do y acon­se­ja­do has­ta el pun­to de que a él se de­be la bue­na re­la­ción que ten­go hoy con mi ex. Fe­li me apor­ta tran­qui­li­dad, por­que yo soy más vehe­men­te y,

“ME EN­CAN­TA VER A FE­LI CON MI HI­JO, LU­CAS”

so­bre to­do, me da mu­cha paz. Sue­le tran­qui­li­zar­me cuan­do me an­gus­tio y me apor­ta otro pun­to de vis­ta que sir­ve pa­ra que nos com­ple­men­te­mos per­fec­ta­men­te.

C. Am­bos coin­ci­den en que es­tán acos­tum­bra­dos a te­ner una vi­da dis­ci­pli­na­da pa­ra cui­dar sus cuer­pos.

A.C. Es ver­dad que en ese te­rreno yo he si­do más re­la­ja­da, pe­ro él es muy dis­ci­pli­na­do. Has­ta el pun­to de que nos ha pues­to a Lu­cas y a mí unos horarios pa­ra dor­mir, co­mer... y el re­sul­ta­do es­tá sien­do muy bueno.

C. ¿Ha­ce cuán­to no se to­man una ham­bur­gue­sa?

A.C. Cla­ro que la to­ma­mos. In­clu­so Fe­li con su co­pa de vino, que le en­can­ta. Pe­ro en ocasiones pun­tua­les.

C. Fe­li­ciano es un te­nis­ta con gus­tos tra­di­cio­na­les, como ir a los to­ros, el fútbol, fu­mar­se un pu­ro y dis­fru­tar de los bue­nos vi­nos.

A.C. A mí eso del pu­ro en la pla­za de to­ros me sue­na a ga­lán trasnochado, que no me gus­ta na­da, pe­ro me río cuan­do lo ha­ce. Es ver­dad que le apa­sio­nan los to­ros y sue­le se­guir las co­rri­das por te­le­vi­sión si no va a la pla­za, pe­ro re­co­noz­co que yo no soy na­da afi­cio­na­da. Hay que sa­ber los lí­mi­tes de ca­da uno y yo soy de las que veo san­gre, y me pon­go fa­tal.

C. ¿Se ima­gi­na có­mo va a ser su vi­da cuan­do Fe­li­ciano se re­ti­re y de­je de via­jar?

A.C. No ten­go ni idea. Cuan­do le co­no­cí, pa­re­cía que ya le que­da­ban po­cos años pa­ra re­ti­rar­se y, sin em­bar­go, ca­da vez es­tá me­jor tan­to fí­si­ca­men­te como de ca­be­za. No sé qué nos pa­sa­rá el día que lle­gue la re­ti­ra­da, por­que cuan­do es­tás acos­tum­bra­do a te­ner una re­la­ción con tan­tas au­sen­cias de pron­to es­tar to­do el día jun­tos se­rá un gran cam­bio. Igual has­ta nos da por dis­cu­tir.

C. Tras su bo­da se ha qui­ta­do un po­co de en medio. ¿A qué se de­bió esa de­ci­sión?

A.C. Ne­ce­si­ta­ba un des­can­so me­diá­ti­co y es­te tiem­po me ha ser­vi­do pa­ra crear una mar­ca de mo­da, al­go que yo an­tes ha­cía pa­ra mí. Mu­chas ami­gas me ani­ma­ban a que die­ra el sal­to. Lo que he com­pro­ba­do es que con­ver­tir­te en em­pre­sa­ria es du­rí­si­mo. Qué ra­zón tie­ne Ban­de­ras cuan­do ha­bla del mie­do que su­po­ne ser em­pren­de­dor. Es­tás muy vul­ne­ra­ble an­te to­do, pe­ro tam­bién dis­fru­tas el do­ble las ale­grías. Eso no qui­ta pa­ra que si­ga como mo­de­lo, que me en­can­ta.

C. Y en­tre me­dias tie­ne que coin­ci­dir con su ma­ri­do pa­ra en­car­gar el be­bé...

A.C. Cla­ro (ri­sas), pe­ro a pe­sar de las ga­nas es com­pli­ca­do. Ten­go un po­co de mie­do a vi­vir una ma­ter­ni­dad so­la con un ma­ri­do que siem­pre es­tá via­jan­do. Ya ve­re­mos có­mo lo so­lu­cio­na­mos, por­que re­co­noz­co que nos ha­ce mu­cha ilu­sión.

C. ¿Se ima­gi­na­ba una vi­da así a los 29 años?

A.C. Soy una mu­jer que co­rro mu­cho, pe­ro en­tien­do que la vi­da hay que co­ger­la como lle­ga. Mi pro­fe­sión te per­mi­te ga­nar di­ne­ro muy jo­ven y eso siem­pre te da una in­de­pen­den­cia. Pien­sa que ten­go mu­chos ami­gos de mi edad que aun no han po­di­do dar ese sal­to por­que su eco­no­mía no se lo per­mi­te. Re­co­noz­co que hoy soy to­tal­men­te fe­liz y me en­can­ta ver có­mo me sor­pren­de la vi­da. A ve­ces crees que to­do va mal, hay un gi­ro y las co­sas se so­lu­cio­nan y me­jo­ran. Creo en el pen­sa­mien­to po­si­ti­vo y ani­mo a que na­die pase mu­cho tiem­po en el ho­yo.

C. ¿A quién da las gra­cias por las co­sas bue­nas que es­tá vi­vien­do?

A.C. Mu­cho a Fe­li, por su­pues­to. A mi hi­jo, el que más, y tam­bién a mi ma­dre. El amor de una ma­dre es in­con­di­cio­nal y eso es al­go que no ter­mi­nas de en­ten­der bien has­ta que tie­nes un hi­jo.

Newspapers in Spanish

Newspapers from Spain

© PressReader. All rights reserved.