MARÍA JOSÉ CAN­TU­DO

"No es­toy arrui­na­da".

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - NEWS - POR MI­RIAM RU­BIO

Soy una per­so­na nor­mal. Ten­go que se­guir tra­ba­jan­do pa­ra vi­vir y lo que po­seo me lo he ga­na­do con es­fuer­zo. Si ten­go que ven­der­lo, lo ha­ré, pe­ro no es­toy arrui­na­da», acla­ra María José Can­tu­do. No va­ya a ser que a las len­guas vi­pe­ri­nas les dé por de­cir que an­da fal­ta de cash. Ella no. Fue can­tan­te, ve­det­te y mu­sa del des­ta­pe. Di­ce que tam­bién de­co­ra­do­ra, lo que ha­ce cuan­do na­die la ve. Si la de­ja­mos, aña­di­ría mu­chas más in­quie­tu­des, por­que aun­que di­ga de sí mis­ma que es «sen­ci­lla», ella y su vi­da son de to­do me­nos sim­ples.

LA CAN­TU­DO Y EL AR­TE Ha­ce unos días or­ga­ni­zó una ex­po­si­ción en Ma­drid: María José Can­tu­do se vis­te de ar­te, la lla­mó. Y co­lo­có allí sus tra­jes. Los que vis­tió du­ran­te dé­ca­das y en­ca­jó en esas he­chu­ras de avis­pa que te­nía –«lu­cía 50 cm de cin­tu­ra», di­ce– pa­ra su­bir­se una y otra vez al es­ce­na­rio. Tam­bién jo­yas, za­pa­tos, ma­le­tas y ob­je­tos per­so­na­les. Unos a la ven­ta –con unos pre­cios en­tre los 30 eu­ros, los más pe­que­ños, y los 2.300 de al­gu­nas obras de ar­te– y otros por los que no acep­ta­ría nin­gu­na ofer­ta. «¿Tú crees que es­to lo voy a ven­der yo?», di­ce mien­tras nos en­se­ña

un vestido. Con él can­tó Los Nar­dos. «No ten­go esa ne­ce­si­dad. An­tes pre­fie­ro ven­der un cua­dro, o qué sé yo. Ten­go co­sas. Po­qui­tas, pe­ro me pue­den sa­car del apuro», ase­gu­ra. Su ob­je­ti­vo no era ven­der, sino com­par­tir el ar­te. Al­gu­nos de es­tos ob­je­tos son los que es­ta­ban en es­ta ex­po­si­ción en el ba­rrio de Sa­la­man­ca, el que has­ta ha­ce po­co era su ve­cin­da­rio. Can­tu­do pu­so en ven­ta la ca­sa pa­ra ir­se al Ma­drid de los Aus­trias, don­de ha com­pra­do otra, que ha ve­ni­do con sor­pre­sa. «Es­ta­ba he­cha un desas­tre. No ha­bía for­ma de re­cu­pe­rar­la», nos cuen­ta. En­ton­ces, ¿por qué de­ci­dió po­ner a la ven­ta la otra? «Por­que iba a com­prar es­ta ca­sa, más eco­nó­mi­ca ¿Pa­ra qué quie­ro tres pla­zas de ga­ra­je, una pis­ci­na y un jar­dín? Aquí to­do era más pe­que­ño, a la vez que la ca­sa es más gran­de. Y tam­bién, por no te­ner que es­tar con el co­che», res­pon­de. Eso sí, la mudanza es pa­ra ella so­la. No va­yan a atri­buir­le nin­gún no­vio. «Mi gran amor es mi tra­ba­jo», nos cuen­ta. No quie­re sa­ber na­da de hom­bres: «Le he di­cho adiós al amor. Me he he­cho a la idea y es como si vie­se un mue­ble. Si es mono di­go: “Mi­ra que gua­po, es del si­glo XVII”. Como ami­gos, sí, pe­ro… en el mo­men­to que me mi­ren con ojos ra­ros, se van con su tía», con­tes­ta ta­jan­te. Ella quie­re tra­ba­jar y vol­ver al tea­tro. Y no se pier­dan con quién: Lolita, An­to­nia San Juan, Ale­jan­dra Gre­pi, Cris­ti­na Go­ya­nes, Alaska… y, agá­rren­se, Ma­ri­ló Montero. Ase­gu­ra que ya se lo ha plan­tea­do a la pre­sen­ta­do­ra y que «di­jo que sí». Can­tu­do di­se­ña y pre­pa­ra to­do. Aho­ra so­lo fal­ta po­ner­se ma­nos a la obra.

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