MA­RIUS BORG

A cuer­po de prín­ci­pe.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - NEWS - POR MI­RIAM RU­BIO

So­lo era un be­bé cuan­do se con­vir­tió en mo­ti­vo de con­flic­to. Él y su ma­dre no eran lo que los reyes Ha­rald y So­nia de Noruega desea­ban pa­ra Haa­kon, el he­re­de­ro de la co­ro­na. Pe­ro el prín­ci­pe desoyó sus con­se­jos y eli­gió a Met­te-Ma­rit. Tam­bién, por ex­ten­sión, a Ma­rius, que tan so­lo te­nía unos me­ses de edad. Se enamo­ró y se ins­ta­ló con ella y el be­bé en una ca­sa al­qui­la­da an­tes si­quie­ra de ha­blar de bo­da. Mien­tras, los sec­to­res más con­ser­va­do­res del país le cri­ti­ca­ban. Pe­ro el tiem­po le dio la ra­zón. Haa­kon aca­bó ca­sán­do­se con aque­lla ma­dre sol­te­ra, de pa­sa­do tur­bio, y crian­do a Ma­rius como si fue­ra su hi­jo. Y la co­sa pa­re­ció en­ca­jar: el hi­jas­tro de Haa­kon se con­vir­tió pa­ra la opi­nión pú­bli­ca en li­lle Ma­rius (el pe­que­ño Ma­rius) y las crí­ti­cas a ma­dre e hi­jo die­ron pa­so a la acep­ta­ción. A día de hoy, ese ni­ño ru­bio que mi­ra­ba a la mul­ti­tud des­de el bal­cón del pa­la­cio en la bo­da del he­re­de­ro, es par­te de la fa­mi­lia. El jo­ven apa­re­ce en la página de la ca­sa real noruega como un miem­bro más, acu­de a los ac­tos ofi­cia­les jun­to a los reyes y has­ta lla­ma a los so­be­ra­nos bes­te­far Ha­rald y bes­te­mar So­nia –abue­lo y abue­la–. Pe­ro no to­do son lu­ces. El jo­ven aca­ba de cum­plir la ma­yo­ría de edad y los me­dios

no­rue­gos se pre­gun­tan aho­ra cuál va a ser su pa­pel den­tro de la fa­mi­lia, pues­to que el her­mano de la fu­tu­ra rei­na, la princesa In­grid, no tie­ne de­re­chos di­nás­ti­cos, no per­te­ne­ce a la reale­za y no hay pre­ce­den­tes en los que ins­pi­rar­se a la ho­ra de tra­zar las lí­neas. De mo­men­to, el jo­ven si­gue con la vi­da dis­cre­ta que su ma­dre y su pa­dras­tro eli­gie­ron pa­ra él. Pe­ro, aun­que se ha cria­do en Skau­gum, re­si­den­cia ofi­cial del he­re­de­ro, se­ría in­jus­to ig­no­rar a su pa­dre bio­ló­gi­co, Mor­ten Borg. Él tam­bién ha es­ta­do pre­sen­te, a pe­sar de que cuan­do Ma­rius na­ció él y Met­te-Ma­rit ya no eran pa­re­ja. Di­cen que la re­la­ción con su pa­dre es ex­ce­len­te a día de hoy. Lo mis­mo ase­gu­ran de es­te con Met­te-Ma­rit. De he­cho, no es di­fí­cil ver a los prín­ci­pes en las fun­cio­nes del co­le­gio jun­to a Borg char­lan­do ami­ga­ble­men­te. De los mo­ti­vos que les hi­cie­ron rom­per po­co se sa­be, aun­que qui­zá la vi­da des­or­de­na­da que lle­va­ban en los 90 tu­vie­ra al­go que ver.

PA­SA­DO TUR­BU­LEN­TO El cu­rrícu­lo de Met­te-Ma­rit se hi­zo pú­bli­co an­tes de ca­sar­se. Así se des­cu­brie­ron de­ta­lles como que en 1997, em­ba­ra­za­da ya de Ma­rius, la princesa se pre­sen­tó en un pro­gra­ma de te­le­vi­sión pa­ra bus­car pa­re­ja. De­ja­ba atrás así a Borg, que ya por aquel en­ton­ces ha­bía pa­sa­do por pri­sión tras con­fe­sar que ha­bía com­pra­do co­caí­na. La princesa pi­dió per­dón pú­bli­ca­men­te por los de­ta­lles os­cu­ros de su pa­sa­do cuan­do su no­viaz­go con Haa­kon se hi­zo ofi­cial. La re­la­ción co­men­zó en 1997 tras re­en­con­trar­se con el prín­ci­pe en el fes­ti­val Qart de Os­lo, el mis­mo lu­gar en que se ha­bían co­no­ci­do en 1990. Así fue có­mo Met­te-Ma­rit ce­rró el ca­pí­tu­lo tur­bu­len­to y abrió el real. Tam­bién lo hi­zo Ma­rius, que co­no­ce a Haa­kon des­de su más tier­na in­fan­cia. Mor­ten Borg si­guió su ca­mino y lo­gró reha­cer su vi­da. En 2004 se ca­só con la ex­mo­de­lo Ce­li­ne Mak­ta­bi y un año des­pués se con­vir­tió en pa­dre por se­gun­da vez, tam­bién de un ni­ño. Ma­rius ha es­ta­do pre­sen­te, tan­to en esa bo­da como en la vi­da de los Borg. Di­cen que ejer­ce como her­mano ma­yor con tan­to es­me­ro como lo ha­ce con los hi­jos que Met­te-Ma­rit tie­ne con Haa­kon: los prín­ci­pes In­grid, de 12 años, y Sve­rre Mag­nus, de diez. Aho­ra to­do pa­re­ce de cuen­to de ha­das en la vi­da de Ma­rius. Pe­se a la se­pa­ra­ción de sus pa­dres, ha si­do un ni­ño fe­liz que se ha cria­do con dos fi­gu­ras pa­ter­nas. Por un la­do, su pa­dre bio­ló­gi­co y por otro Haa­kon, quien el día de su bo­da le de­fi­nió

como «un re­ga­lo en sí mis­mo». Am­bos com­par­ten su afi­ción por la mú­si­ca, to­can el piano e in­clu­so, se­gún pa­la­bras del prín­ci­pe, el jo­ven es quien le acon­se­ja so­bre nue­vos gru­pos. De he­cho gra­cias a él, he­mos vis­to al he­re­de­ro y su mu­jer sa­lien­do de un con­cier­to de Rihan­na. Con Haa­kon tam­bién com­par­te su afi­ción por el de­por­te, al­go en lo que son alum­nos aven­ta­ja­dos. Y prac­ti­can el es­quí y el surf, aun­que son du­chos en mu­chas otras dis­ci­pli­nas en las que se ejer­ci­tan des­de el co­le­gio. En el ca­so de Ma­rius esa for­ma­ción es par­te de una edu­ca­ción más que es­me­ra­da, como la de sus her­ma­nos. Acu­dió a la es­cue­la pri­ma­ria en As­ker, cer­ca de su re­si­den­cia, en 2010 pa­só al cen­tro Sol­vang y aho­ra ter­mi­na la se­cun­da­ria en Wang, un co­le­gio es­pe­cia­li­za­do en al­to ren­di­mien­to de­por­ti­vo don­de pue­de se­guir es­pe­cia­li­zán­do­se. Se­gún la pren­sa noruega, Ma­rius es es­pe­cial­men­te bueno en una dis­ci­pli­na lla­ma­da twin tip, que im­pli­ca es­quí acro­bá­ti­co y des­li­zar­se ha­cia atrás.

EL REY DE INS­TA­GRAM Pe­ro pa­re­ce que Ma­rius no so­lo ha co­no­ci­do el amor por los de­por­tes, tam­bién el mun­dano. A pe­sar de la apre­su­ra­da eti­que­ta de rompecorazones, a Ma­rius ape­nas se le co­no­ce un ro­man­ce: Mari Holst-Jaeger, una jo­ven de su edad con quien, se­gún El Mun­do, se ha de­ja­do ver al­gu­na vez en pú­bli­co. Así pa­sa los días es­te jo­ven, que se ha con­ver­ti­do en uno de los gua­pos ofi­cia­les de la reale­za y en uno de los más me­diá­ti­cos gra­cias a Ins­ta­gram. La en­car­ga­da de po­ner­lo en el ma­pa fue su ma­dre, al pu­bli­car un ví­deo su­yo prac­ti­can­do surf que de­jó a más de una ado­les­cen­te sus­pi­ran­do por los hue­sos de es­te jo­ven ru­bio y atlé­ti­co de ca­si dos me­tros de es­ta­tu­ra. La princesa lo pu­bli­có en su pro­pia cuen­ta de la red so­cial y lo vio medio pla­ne­ta. Si lo hu­bie­ra subido al per­fil del jo­ven tam­bién hu­bie­ra te­ni­do mu­cha vi­si­bi­li­dad, ya que, aun­que es­tá ce­rra­do al pú­bli­co, cuen­ta con más de 23.000 se­gui­do­res. En él, aho­ra so­lo hay fo­tos de Ma­rius prac­ti­can­do de­por­te o po­san­do cual mo­de­lo. El jo­ven ha apren­di­do la lección des­pués del es­cán­da­lo que pro­vo­có, sin que­rer­lo, ha­ce unos años. Era 2012, y Ma­rius, que por aquel en­ton­ces te­nía 14 años, se abrió un per­fil en Ins­ta­gram y co­men­zó a su­bir ins­tan­tá­neas. En­ton­ces más de uno pu­so el gri­to en el cie­lo, en­tre ellos el dia­rio VG, que de­di­có un ar­tícu­lo al asun­to. Las imá­ge­nes com­par­ti­das por Ma­rius ilus­tra­ban al­go tan mun­dano como las va­ca­cio­nes fa­mi­lia­res, pe­ro mos­tra­ban

MA­RIUS ES MÁS DIS­CRE­TO TRAS EL ES­CÁN­DA­LO DE 2012

su ubi­ca­ción, lo que po­dría com­pro­me­ter su se­gu­ri­dad. El asun­to se sal­dó con la eli­mi­na­ción de las fo­tos, un cam­bio en la pri­va­ci­dad de su cuen­ta y unas de­cla­ra­cio­nes de los prín­ci­pes en las que qui­ta­ban hie­rro al asun­to: «La Fa­mi­lia Real acu­de a cien­tos de ac­tos ofi­cia­les ca­da año que se anun­cian con un mí­ni­mo de 14 días de an­te­la­ción (…) Ese es un ries­go de se­gu­ri­dad con el que vi­vi­mos ca­da día. Es im­por­tan­te pro­te­ger a nues­tros hi­jos de la vi­da pú­bli­ca, por­que pen­sa­mos que pue­de ser da­ñino».

¿PRO­BLE­MAS REALES? Aho­ra, cua­tro años des­pués, li­lle Ma­rius, ya no es un ni­ño, al me­nos an­te la ley. Y la vi­da ha co­men­za­do a cam­biar pa­ra él. Di­cen las ma­las len­guas, que las re­la­cio­nes fa­mi­lia­res tam­bién. Se­gún el dia­rio Se Og Hor, es­pe­cial­men­te con su pa­dras­tro. «Aho­ra es ma­yor y en­tien­de lo que su­ce­de, sa­be que no tie­ne nin­gún de­ber real», ase­gu­ra­ba el dia­rio pa­ra con­cluir que si se de­ja ver en ac­tos pú­bli­cos «es por­que su ma­dre se lo pi­de». Des­de pa­la­cio no ha­cen de­cla­ra­cio­nes al res­pec­to. Mien­tras, el jo­ven si­gue apa­re­cien­do acom­pa­ñán­do­les en sus com­pro­mi­sos. Estuvo en los fes­te­jos del Día na­cio­nal, tam­bién en el 25 aniver­sa­rio del rei­na­do de Ha­rald y po­só pa­ra las fo­tos ofi­cia­les de Na­vi­dad, to­ma­das es­te año en Ska­gum, allí don­de se crió a cuer­po de prín­ci­pe pe­se a no te­ner san­gre azul. De mo­men­to su vi­da no ha va­ria­do. Ve­re­mos qué su­ce­de cuan­do sea el hi­jas­tro del rey o el her­mano de la rei­na In­grid.

So­bre es­tas lí­neas, Ma­rius y Haa­kon du­ran­te unas va­ca­cio­nes en Ma­llor­ca en 2003. Él te­nía seis años. A la de­re­cha, Ma­rius con su ma­dre, su pa­dras­tro y su her­mano pe­que­ño, Sve­rre, en la Co­pa del Mun­do de Sal­tos de es­quí en 2014.

Jun­to a es­tas lí­neas, Haa­kon en­se­ñan­do a Ma­rius a an­dar en bi­ci­cle­ta. A la iz­da., Ma­rius y los prín­ci­pes el día de su bo­da en el bal­cón de pa­la­cio. Aba­jo, la fa­mi­lia al com­ple­to.

A la iz­da., la bo­da de Mor­ten Borg con Ce­li­ne Mak­ta­bi en 2004, a la que Ma­rius (en se­gun­do plano) asis­tió. De­ba­jo, Haa­kon y Met­te-Ma­rit con Ma­rius Borg y Ma­rius en el co­le­gio del pe­que­ño. Ba­jo es­tas li­neas, el jo­ven jun­to a su ma­dre en un par­ti­do de fútbol re­cien­te­men­te.

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