“ME GUS­TA­RÍA QUE MI HI­JO AQUI­LES FUE­RA TE­NIS­TA”

STANY COPPET

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - LATIDOS CATÓDICOS -

Se ha con­ver­ti­do en el ma­lo de la te­le. Pe­ro Stany Coppet es bro­mis­ta, tí­mi­do y un pa­dra­zo con su hi­jo Aqui­les, el úl­ti­mo in­te­gran­te de la sa­ga Cha­plin, ya que la ma­dre del ni­ño, Do­lo­res, es nie­ta de Char­lot. Tras El Prín­ci­pe, gra­ba Per­dó­na­me Se­ñor, la nue­va fic­ción de Te­le­cin­co, don­de el fran­cés com­par­te car­tel con Paz Ve­ga e in­ter­pre­ta a un nar­co de os­cu­ro pa­sa­do y tur­bio pre­sen­te. Co­ra­zón ¿Có­mo es su per­so­na­je en es­ta se­rie? Stanny Coppet Es de ori­gen fran­co es­pa­ñol, la ma­yor par­te de su vi­da la ha pa­sa­do en Pa­rís. Tu­vo una his­to­ria de amor pa­sio­nal en su ado­les­cen­cia con el per­so­na­je que in­ter­pre­ta Paz Ve­ga. Hay un reencuentro des­pués de 20 años. Bruno era el ni­ño ri­co del pue­blo, tur­bu­len­to, pe­ro de bue­na fa­mi­lia, y ella pro­ce­de de un ori­gen más hu­mil­de. Él ha cam­bia­do su ca­mino, ella tam­bién, pa­ra ha­cer­se mon­ja. C. Ha en­la­za­do un pro­yec­to con otro. ¿Se lo es­pe­ra­ba? S.C. Ni en sue­ños ima­gi­na­ba que iba a tra­ba­jar en Es­pa­ña en una se­rie tan exi­to­sa co­mo El Prín­ci­pe. Y fue una sor­pre­sa cuan­do me lla­ma­ron pa­ra es­te pa­pel, me hi­zo mu­cha ilu­sión. Pen­sa­ba que era una bro­ma. C. Aho­ra es­tá ins­ta­la­do en Cá­diz, ¿le acom­pa­ña su fa­mi­lia? S.C. En­tre El Prín­ci­pe y Per­dó­na­me Se­ñor hi­ce unos tra­ba­jos en Fran­cia. No he­mos de­ci­di­do dón­de va­mos a vi­vir, por­que es­ta­mos via­jan­do mu­cho. C. ¿Dón­de le gus­ta­ría es­ta­ble­cer­se? S.C. En Es­pa­ña, por la ca­li­dad de vi­da. Pe­ro mi éxi­to aquí jue­ga a fa­vor. C. ¿Con un ni­ño en ca­sa es más di­fí­cil com­pa­gi­nar el tra­ba­jo pa­ra us­te­des? S.C. De mo­men­to es com­pli­ca­do. Ade­más mi mu­jer es ex­ce­si­va­men­te pro­tec­to­ra, no le de­ja ni un mi­nu­to so­lo. C. ¿Có­mo es co­mo pa­dre? S.C. Es­toy enamo­ra­do de un chi­co que se lla­ma Aqui­les, tie­ne ca­si dos años y le echo mu­cho de me­nos. Ha­ce ca­si un mes que no le veo. Ayer se rom­pió un dien­te en un par­que y ten­go ga­nas de ver­le y co­ger­le en mis bra­zos. C. ¿A quién se pa­re­ce? S.C. Di­cen que tie­ne la bo­ca de su ma­dre y mis ojos, pe­ro es ru­bio y mi mu­jer y yo so­mos mo­re­nos. Tie­ne mi mar­ca ge­né­ti­ca: una man­cha en la pier­na. C. ¿Le gus­ta­ría que si­guie­ra sus pa­sos? S.C. No, que se de­di­que a lo que quie­ra. Aun­que me gus­ta­ría que fue­ra te­nis­ta, que era mi sue­ño de ju­ven­tud.

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