JU­LIO BE­NÍ­TEZ

"Mi ma­dre no tie­ne la cul­pa de na­da".

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - SUMARIO - POR TE­RE­SA BA­RRIOS

Le ponen un Miu­ra de­lan­te y no lo pa­sa ni la mi­tad de mal. Po­bre. No es­tá acos­tum­bra­do a tan­ta jau­ría hu­ma­na ham­brien­ta de in­for­ma­ción mor­bo­sa. Por­que el in­te­rés en ese mo­men­to, cuan­do se pre­sen­ta­ba co­mo chi­co Mar­ti­ni en la te­rra­za iti­ne­ran­te, ubi­ca­da es­ta vez en Se­vi­lla, es­ta­ba cen­tra­do en ave­ri­guar qué opi­na­ba el mu­cha­chi­to de su her­mano le­gal nue­vo. Manuel Díaz, el Cor­do­bés hi­jo, que ya se pue­de de­cir. Y es­cri­bir. Pe­ro Ju­lio es un san­to y aguan­tó es­toi­co. Si al­guien es­pe­ra­ba que lan­za­ra al­gún im­pro­pe­rio, se que­dó con las ga­nas. Ni una pa­la­bra mal­so­nan­te ni me­dio ges­to que pu­die­ra ser ma­lin­ter­pre­ta­do. El me­nor de los hi­jos del Cor­do­bés –pa­dre– fue im­pe­ca­ble en sus de­cla­ra­cio­nes, a pe­sar de que se le re­cor­da­ra aque­lla afir­ma­ción en la que de­cía que Manuel Díaz ha­bía he­cho mu­cho da­ño a su fa­mi­lia. «Di­je que ha­bía si­do una his­to­ria de­ma­sia­do me­diá­ti­ca, des­pués de tan­tos años, y que eso te mar­ca. Pe­ro no ten­go na­da en con­tra de na­die, aun­que no sea agra­da­ble ver a tus se­res que­ri­dos en la pren­sa de esa ma­ne­ra». Par­te de ra­zón te­nía. A la ve­jez, vi­rue­las y prue­bas de paternidad. Y to­do muy ex­pues­to y ai­rea­do. Pe­ro Ju­lio res­pe­ta las de­ci­sio­nes de los de­más por­que di­ce –con sa­bi­du­ría y pru­den­cia– que son co­sas en las que no se pue­de me­ter. «En ca­sa no se ha­bla de es­te te­ma. A mí, mi pa­dre no me ha di­cho nun­ca que Manuel fue­ra mi her­mano y yo no le he pre­gun­ta­do. Era al­go que es­ta­ba ahí, sin más».

CA­PO­TE A SU MA­DRE

Y co­mo los pe­rio­dis­tas so­mos muy de ‘da­le Pe­ri­co al torno’, se­guía­mos. ¿Ha ha­bi­do o ha­brá en­cuen­tro en­tre su pa­dre y su her­mano? «Que yo se­pa no lo ha ha­bi­do, pe­ro son dos per­so­nas adul­tas y si tie­nen esa dis­po­si­ción me pa­re­ce bien». To­ma ya. ¿Y el vues­tro, Ju­lio? –da­le, Pe­ri­co–. «No se ha da­do el ca­so. Y si te di­go la ver­dad, yo ten­go mi vi­da he­cha y él tam­bién. Si al­gún día coin­ci­di­mos, no ten­go na­da en con­tra de na­die ni re­pu­dio a na­die. Pe­ro no lo co­noz­co y el ro­ce ha­ce el ca­ri­ño. Las co­sas son así. No creo que ha­ya que dar­le más vuel­tas». No con­for­mes, se­guía­mos en la cres­ta de la ola: ¿To­rea­ría con él? Por­que se di­ce que su pa­dre lo ve­tó... Ju­lio po­ne ca­ra de asom­bro y, al tiem­po que ele­va los hom­bros, se ríe y nos ca­lla: «Ya sa­béis más que yo, no te­nía ni idea. Me ex­tra­ña por­que no es su es­ti­lo». Im­po­si­ble sa­car­lo de esa se­re­ni­dad y sen­sa­tez, que de­ben de ser in­na­tas por­que la his­to­ria tie­ne man­dan­ga. Es noble y se le no­ta. Edu­ca­do, en­can­ta­dor y con un pun­to tí­mi­do que lo ha­ce aun más in­tere­san­te. No quie­re líos y sa­le del pa­so sin ha­cer da­ño. Y pa­ra eso hay que te­ner ca­be­za. Lo úni­co que no per­mi­tió es que se to­ca­rá a su ma­dre: «¿Mi ma­dre cul­pa­ble de que no lo re­co­no­cie­ra? Quien di­ga eso no la co­no­ce. Siem­pre se ha de­di­ca­do a su fa­mi­lia, a su ma­ri­do y a sus hi­jos, y no me pa­re­ce lim­pio que me­tan en es­to a una per­so­na que ni tie­ne cul­pa ni tie­ne na­da que ver con la his­to­ria. No es jus­to echar­le tie­rra en­ci­ma a ella, que siem­pre se ha man­te­ni­do al mar­gen de to­do». Pun­to en bo­ca pa­ra dar pa­so a te­mas más ama­bles. Ju­lio re­to­ma su ca­rre­ra co­mo to­re­ro en bre­ve, en Pe­rú con­cre­ta­men­te. Y tie­ne no­via. Des­de ha­ce nue­ve me­ses más o me­nos. Pe­ro ca­si se po­ne biz­co cuan­do le pre­gun­ta­mos por una po­si­ble bo­da. Me­jor lo de­ja­mos. Que es­tán las co­sas úl­ti­ma­men­te co­mo pa­ra pa­sar por el al­tar así, con li­ge­re­za...

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