ELENA FU­RIA­SE

"Em­pie­za a ago­biar­me el te­ma de la ma­ter­ni­dad".

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - NEWS - FO­TOS: RO­BER­TO IVÁN CANO

Asus 28 años, Elena Fu­ria­se em­pie­za a po­ner­se ner­vio­sa. Quie­re te­ner mu­chos hi­jos, quie­re en­con­trar al hom­bre de su vi­da y quie­re co­men­zar la tem­po­ra­da con mu­cho tra­ba­jo. Ca­ri­ño­sa y muy sin­ce­ra, la hi­ja de Lo­li­ta y Gui­ller­mo Fu­ria­se ha­bla con una trans­pa­ren­cia que, sim­ple­men­te, cau­ti­va. Co­ra­zón Una mu­jer tan jo­ven co­mo us­ted y ya la bus­can co­mo mo­de­lo pa­ra pre­sen­tar la lí­nea Ins­tant Ef­fects pa­ra la­bios, pes­ta­ñas y has­ta có­di­go de ba­rras. ¿Ya em­pe­za­mos con los cui­da­dos? Elena Fu­ria­se No soy una lo­ca ni una ob­se­si­va de la be­lle­za, pe­ro re­co­noz­co que hay co­sas que me gus­tan, co­mo es­tos pro­duc­tos, que son to­ques pa­ra real­zar y me­jo­rar. Son tru­cos sen­ci­llos que me en­can­tan pa­ra alar­gas pes­ta­ñas, me­jo­rar mis la­bios y has­ta di­si­mu­lar el có­di­go de ba­rras. Pues­tos a preo­cu­par­me, re­co­noz­co que lo que peor lle­vo son las man­chas en la piel, ya que me en­can­ta to­mar el sol. Uso pro­tec­ción, pe­ro soy de las que me pon­go co­mo un la­gar­to a pe­sar de sa­ber que la piel tie­ne me­mo­ria... C. ¿Có­mo se pre­sen­ta es­te ve­rano? E.F. Es­pe­ro ir al sur en agos­to, ya que to­do ju­lio me que­da­ré en Ma­drid, que no es­tán los tiem­pos pa­ra dis­pen­dios. Me en­cuen­tro tran­qui­la, sin pa­re­ja y es­pe­ran­do re­sul­ta­dos de prue­bas de tra­ba­jo. C. Ac­tual­men­te si­gue vi­vien­do jun­to a su ma­dre y her­mano. ¿A gus­to? E.F. Vi­vo muy bien, por­que to­dos so­mos in­de­pen­dien­tes, in­clu­so en lo eco­nó­mi­co, pe­ro es ver­dad que lle­ga el mo­men­to de em­pe­zar a pen­sar en te­ner mi pro­pia ca­sa. Más que na­da por si lle­vas a al­guien y quie­res te­ner la co­mo­di­dad de es­tar so­los y tran­qui­los. Re­co­noz­co que no me gus­ta vi­vir so­la y, por eso, si me mu­do, ten­dría que ser cer­ca de mi ma­dre y mi pa­dre. Me da mu­cha pe­na desa­yu­nar y ce­nar so­la, aun­que creo que em­pie­zo a ne­ce­si­tar­lo. Si no lo he he­cho ya es por­que no pue­do eco­nó­mi­ca­men­te ha­blan­do. C. Su pa­dre su­frió un ic­tus del que se es­tá re­cu­pe­ra­do bas­tan­te. ¿Có­mo se en­cuen­tra en es­te mo­men­to? E.F. Es­tá bien, mejor. Ha si­do un pa­lo muy du­ro, ya que le ha su­pues­to una se­rie de cam­bios a ni­vel psí­qui­co. Tie­ne mie­dos que le im­pi­den ha­cer al­gu­nas co­sas. Por ejem­plo, des­pués de un año si­gue sin que­rer co­ger el co­che y le cues­ta ser el hom­bre que era. Pien­so que con el tiem­po, me­jo­ra­rá más aun. Al prin­ci­pio se le in­mo­vi­li­zó un la­do del cuer­po, pe­ro hoy so­lo le que­da ya un po­co de ‘acol­cha­mien­to’ en al­gu­nas zo­nas y se pue­de mo­ver per­fec­ta­men­te. Vi­ve de for­ma in­de­pen­dien­te y creo que los efec­tos aho­ra son más esos mie­dos, que ten­drá que ir su­peran­do. C. La en­fer­me­dad de su pa- dre le ha­brá he­cho ver las co­sas con otra mi­ra­da. E.F. Ten­go mu­chí­si­ma re­la­ción con mi pa­dre y nos lle­va­mos muy bien, pe­ro es ver­dad que un he­cho así ha­ce que veas có­mo ‘tu Su­per­man’ se qui­ta la ca­pa y que des­cu­bras al hom­bre que hay de­ba­jo. Cuan­do es­tu­vo en el hos­pi­tal no sé có­mo lo hi­ce, pe­ro me con­ver­tí en su ma­dre, ha­bla­ba con los mé­di­cos y me que­da­ba por las no­ches pa­ra ver si des­can­sa­ba. Y to­do sin de­rra­mar una lágrima. Des­pués fue cuan­do me di cuen­ta de lo que ha­bía­mos pasado y, a ve­ces, a día de hoy, me sien­to cul­pa­ble, por­que no sé có­mo ayu­dar­le. En oca­sio­nes no sé có­mo tra­tar­le, aun­que al fi­nal aca­ba­mos ha­blan­do de to­do. Cuan­do en­tien­des que tu pa­dre ya de­pen­de más de ti que a la in­ver­sa, to­do es muy di­fe­ren­te. C. Me de­cía que no es­ta­ba enamo­ra­da y no sé si eso le preo­cu­pa. E.F. Lle­vo sol­te­ra al­go más de dos años, cuan­do rom­pí con Ja­vi, un mú­si­co as­tu­riano. En ese mo­men­to no sa­bía qué iba a ha­cer con mi vi­da, ya que lle­va­ba más de diez años con no­vios y has­ta se me ha­bía ol­vi­da­do có­mo se li­ga. Su­pe­ra­do eso, lle­ga el día en que le co­ges el

“VOL­VE­RÉ A LOS ES­CE­NA­RIOS A FI­NAL DE AÑO, CON MI MA­DRE”

gus­to y por eso creo que aho­ra, a mis 28 años, de­be­ría ser el mo­men­to de enamo­rar­me y te­ner hi­jos, pe­ro no se ha da­do la cir­cuns­tan­cia y no me en­cuen­tro mal. C. Se ve que es una mu­jer muy fa­mi­liar y muy de ha­cer un ni­di­to. E.F. Soy muy de es­tar con mi hom­bre, pe­ro lle­vo dos años muy bue­nos en los que he co­no­ci­do a gen­te ma­ra­vi­llo­sa, aun­que na­die en es­pe­cial con el que crear un com­pro­mi­so o afir­mar que me he enamo­ra­do. He te­ni­do ami­gos, pe­ro sé que no son pa­ra un pro­yec­to fu­tu­ro. C. ¿Y aho­ra có­mo li­ga? ¿Usa las web de con­tac­tos, los chat, va a ci­tas a cie­gas? E.F. Pa­ra na­da. Yo soy muy an­ti­gua, aun­que si co­noz­co a un chico que me gus­ta, no me im­por­ta to­mar la ini­cia­ti­va. Pe­ro lo de las webs co­mo Tinder o Mee­tic, na­da de na­da. Casi siem­pre sue­len ser ami­gos de ami­gos. C. Siem­pre di­ce que quie­re ser ma­má. ¿Tam­bién hoy? E.F. Sí. Em­pie­zo a es­tar ago­bia­da, por­que a mis 28 años creo que el re­loj bio­ló­gi­co co­mien­za a mar­car un rit­mo. Mi ma­dre y ami­gas me di­cen que no me ob­se­sio­ne, pe­ro veo que los 30 es­tán a la vuel­ta de la es­qui­na y co­mo quie­ro te­ner tres o cua­tro hi­jos, me ago­bio un po­co. Pien­sa que hay que enamo­rar­se, es­tar un tiem­po jun­tos, que coin­ci­da en que­rer te­ner hi­jos… C. ¿No cree que en lu­gar de bus­car a su com­pa­ñe­ro de vi­da va a ter­mi­nar bus­can­do a un se­men­tal? E.F. Es ver­dad que, a ve­ces, pien­so más en el pa­dre de mis fu­tu­ros hi­jos que en mi hom­bre. No des­car­to in­se­mi­nar­me y te­ner mis be­bés, así me re­la­jo y bus­co enamo­rar­me sin pen­sar en la des­cen­den­cia (ri­sas). C. Ha­ble­mos de tra­ba­jo y esas prue­bas que ha he­cho. E.F. Las hi­ce pa­ra una se­rie en Mé­xi­co y tam­bién pa­ra otra de pro­duc­ción es­pa­ño­la. Lo que ten­go se­gu­ro es que en agos­to voy a gra­bar un pro­gra­ma de en­tre­te­ni­mien­to pa­ra TVE que pre­sen­ta­rá Juan y Me­dio, Po­der ca­ni­jo, don­de ha­go una co­la­bo­ra­ción. Es un for­ma­to en el que los ni­ños cues­tio­nan a sus pro­fe­so­res so­bre su for­ma de dar las cla­ses. Yo lle­vo una sec­ción que aun no pue­do co­men­tar, pe­ro se­rá un es­pa­cio fa­mi­liar y di­ver­ti­do. C. ¿Le gus­ta­ría tra­ba­jar con su ma­dre? E.F. Es­ta­mos pre­pa­ran­do una fun­ción de teatro pa­ra fi­na­les de año que, ade­más, su­pon­dría mi vuel­ta a los es­ce­na­rios. Y qué mejor que ha­cer­lo a su la­do. Quie­ro vol­ver de la mano de mi ma­dre, con la que me sien­to arro­pa­da, y más con su va­lía co­mo ac­triz. Fue una pro­pues­ta su­ya y en­ten­dí que era el mo­men­to de re­gre­sar. Sien­to cier­to vér­ti­go, por­que me pa­só al­go muy fuer­te cuan­do hi­ce mi úl­ti­ma obra... C. Sí, y de­ci­dió re­ti­rar­se una tem­po­ra­da. ¿Qué fue lo que le pa­só? E.F. Fue una car­ga de res­pon­sa­bi­li­dad muy fuer­te, de mu­cho acu­mu­la­do. Creí que po­día con to­do y no fue así.

“SOY MUY AN­TI­GUA A LA HO­RA DE LI­GAR, NA­DA DE WEBS”

“No des­car­to in­se­mi­nar­me y te­ner mis be­bés, así me re­la­jo y bus­co enamo­rar­me sin pen­sar en des­cen­den­cia”.

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