ANA OBRE­GÓN

"To­das las pa­re­jas que he te­ni­do me han res­ta­do".

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - CONTENTS - POR BEA­TRIZ COR­TÁ­ZAR

De­ci­di­da siem­pre a dar la ca­ra por los su­yos, Ana Obre­gón no des­can­sa ni cuan­do el tiem­po lo per­mi­te. Des­de ha­ce dos me­ses vi­ve con una cá­ma­ra pe­ga­da a sus es­pal­das pa­ra el do­cu rea­lity que lan­za­rá DKiss, Al­go pa­sa con Ana, y don­de la ten­dre­mos en es­ta­do pu­ro pa­ra ale­gría de sus se­gui­do­res. En­tre me­dias sa­ca pe­cho por el pa­dre de su hi­jo y se emo­cio­na al ha­blar de la her­ma­na que va a te­ner su ado­ra­do Álex. Su fa­mi­lia es lo pri­me­ro y por eso, más que ma­tar, mue­re por ellos. Co­ra­zón ¿No le pa­re­ce una lo­cu­ra lan­zar un rea­lity so­bre su vi­da? ¿Ne­ce­si­ta des­nu­dar­se an­te la au­dien­cia? Ana Obre­gón No se tra­ta de un rea­lity al uso, la idea es otra. To­do em­pe­zó a raíz de unas con­ver­sa­cio­nes con la pro­duc­to­ra pa­ra un pro­yec­to de se­rie que ten­go. Allí me ha­bla­ron del nue­vo ca­nal de te­le­vi­sión que se iba a lan­zar en bre­ve. Que­rían cen­trar­se en mi vi­da, pe­ro es­pe­cial­men­te en plas­mar có­mo es el día a día de una ma­dre que ade­más es ac­triz, mez­clar mi ru­ti­na con mi tra­ba­jo. Mi pri­me­ra reac­ción fue de­cir que no, por­que pen­sé que, des­pués de 30 años en los me­dios y siem­pre con se­gui­mien­to de la pren­sa, me cues­ta has­ta me­ter­me de lleno en las re­des. Lo que me gus­tó fue mos­trar mi otra ca­ra, lo que no se ve de­trás de esas imá­ge­nes y ro­da­jes que pro­ta­go­ni­zo. Co­no­cer a la au­tén­ti­ca Ana que va a la com­pra y plan­cha, que edu­ca a su hi­jo. C. ¿Cree que va­mos a des­cu­brir una nue­va Ana? A.O. La ex­pe­rien­cia con el tea­tro de es­tos dos años de atrás ha si­do muy es­pe­cial, por­que el con­tac­to di­rec­to con el pú­bli­co me ha per­mi­ti­do tes­tar el ca­ri­ño que me dan y eso me ha en­can­ta­do. No creo que cam­bie tan­to la opi­nión que la gen­te tie­ne de mí, ya que, cuan­do han in­ten­ta­do dar otra ima­gen dis­tor­sio­na­da, no lo han con­se­gui­do. Y eso me lo ha de­mos­tra­do la gen­te que ve­nía a ver­me al tea­tro. Soy una mu­jer po­si­ti­va que bus­ca el la­do bueno de las co­sas. C. ¿Cuán­to van a du­rar las gra­ba­cio­nes? A.O. Es­ta­mos ter­mi­nan­do, la idea era es­tar ro­dan­do has­ta me­dia­dos de agos­to los diez epi­so­dios que he fir­ma­do. Hoy pue­do de­cir que, des­pués de ha­ber to­ca­do ca­si to­dos los pa­los del mun­do ar­tís­ti­co, salvo pre­sen­tar un te­le­dia­rio, es­te tra­ba­jo es muy es­pe­cial. No tie­ne que ver con na­da de lo que he he­cho, aun­que ayu­da mu­cho la ex­pe­rien­cia de to­dos es­tos años. Se tra­ta de re­fle­jar la reali­dad de una mu­jer in­de­pen­dien­te, lu­cha­do­ra, tra­ba­ja­do­ra, ma­dre… C. ¿Ha in­vo­lu­cra­do a su fa­mi­lia en es­te tra­ba­jo? A.O. Mi fa­mi­lia no tie­ne na­da que ver con es­te mun­do y eso no lo ha­ría. El úni­co que sa­le un po­co es mi hi­jo, Álex, por­que vi­ve con­mi­go, y Ales­san­dro Le­quio. A mis pa­dres no, salvo cuan­do se me ve ha­blan­do con ellos por te­lé­fono. Pe­ro sin imá­ge­nes. A mis pa­dres no les me­to las cá­ma­ras de­lan­te, eso no hay pro­gra­ma que lo con­si­ga. C. Las com­pa­ra­cio­nes son odio­sas pe­ro se di­ce que se­rá un es­ti­lo pa­re­ci­do al de las Kar­das­hian... A.O. Na­da que ver. Ellas no ha­cen fun­cio­nes de tea­tro ni en­sa­yan ni suben a un es­ce­na­rio. Su ro­llo es muy di­fe­ren­te al mío. No sa­len mis her­ma­nos ni mis pa­dres. C. Las Cam­pos tam­bién es­tán gra­ban­do su do­cu rea­lity, que em­pie­za a emi­tir­se aho­ra en agos­to. A.O. No ten­go ni idea, pe­ro te ase­gu­ro que mi his­to­ria no tie­ne na­da en co­mún con el res­to. Se pre­sen­ta­rá en el Fe­sTVal de Vi­to­ria, a prin­ci­pio de sep­tiem­bre, y allí se ve­rá el pri­mer ca­pí­tu­lo. Me ha­ce mu­cha ilu­sión es­tar al la­do del lan­za­mien­to de una ca­de­na in­no­va­do­ra. C. Por lo que veo, va­ca­cio­nes las jus­tas. A.O. Real­men­te muy po­qui­tos días: del 14 al 28

“NO HE DE­FEN­DI­DO A LE­QUIO, ME HE SOLIDARIZADO CON MA­RÍA CO­MO MU­JER”

de agos­to, lue­go hay que gra­bar otra vez. Esos días los pa­sa­ré en fa­mi­lia, co­mo una pi­ña, en la ca­sa de Ma­llor­ca. C. Creo que ha­ce unos días tu­vie­ron un sus­to muy gran­de con su pa­dre. A.O. Sí. Es­ta­ba gra­ban­do cuan­do me lla­ma­ron pa­ra de­cir­me que se ha­bía caí­do y lo tras­la­da­ban en am­bu­lan­cia al hos­pi­tal. En ese mo­men­to, lan­cé el mi­cró­fono y sa­lí co­rrien­do a ver­le. Lo sien­to mu­cho, pe­ro lo pri­me­ro son ellos. Ló­gi­ca­men­te, si hu­bie­ra es­ta­do en un di­rec­to, no po­dría ha­ber reac­cio­na­do así, pe­ro por suer­te ten­go un equi­po en­can­ta­dor que en­ten­dió to­do per­fec­ta­men­te. Gra­cias a Dios mi pa­dre es­tá bien y, salvo unas con­tu­sio­nes, no hay na­da se­rio. Lo que ocu­rre es que aho­ra, en­tre los mé­di­cos de mi pa­dre y mi ma­dre, nos te­ne­mos que ir tur­nan­do los cin­co her­ma­nos. Siem­pre he in­ten­ta­do ser una bue­na hi­ja y me gus­ta es­tar pen­dien­te. Mis ami­gos es­tán un po­co en­fa­da­dos, por­que lle­vo to­do el año sin sa­lir, pe­ro hoy mi prio­ri­dad son ellos. No voy a nin­gún si­tio. C. Pues así nun­ca va a en­con­trar pa­re­ja. A.O. ¿Pe­ro en qué mo­men­to? Sal­go de las gra­ba­cio­nes a la ca­sa de mis pa­dres y no hay más. C. Tal vez se enamo­re de al­gún mé­di­co. A.O. Eso le de­cía el otro día rién­do­me a mi pa­dre. Creo que nos va a ve­nir a to­dos fe­no­me­nal te­ner un mé­di­co en ca­sa. En el fon­do me en­can­ta­ría es­tar al la­do de al­guien de mi mun­do, ya que yo es­tu­dié Bio­lo­gía, y se­ría ce­rrar un círcu­lo. El pro­ble­ma es que los mé­di­cos bue­nos es­tán ca­sa­dos (ri­sas). C. Pa­ra col­mo de his­to­rias sal­ta el es­cán­da­lo de Ol­vi­do Hor­mi­gos des­ve­lan­do que fue la aman­te de Ales­san­dro Le­quio. En se­gui­da ha da­do la ca­ra por él, al­go que lle­va ha­cien­do des­de

“NO HA NA­CI­DO EL HOM­BRE POR EL QUE HA­GA HUE­CO EN MI AR­MA­RIO PA­RA SU RO­PA”

ha­ce mu­chos años. ¿Cree que es su obli­ga­ción? A.O. Yo no he de­fen­di­do a Ales­san­dro, lo que hi­ce fue so­li­da­ri­zar­me, co­mo mu­jer, con Ma­ría Pa­la­cios, quien tras mu­chos años desean­do que­dar­se em­ba­ra­za­da, por fin va a te­ner su be­bé. Creo que lo que ha he­cho Ol­vi­do no es un comportamiento muy hu­mano. Y pun­to. No me quie­ro me­ter en más his­to­rias que ya ten­go yo bas­tan­tes. Lo que sí es ver­dad es que los dos es­tán muy tran­qui­los. Aca­bo de ha­blar con ellos y me han con­ta­do que pre­fie­ren no ha­cer ca­so a na­da de lo que di­cen, al­go a lo que tam­bién me su­mo. Sa­ber que Ma­ría se en­cuen­tra bien es lo úni­co im­por­tan­te. Evi­den­te­men­te, no es pla­to de buen gus­to co­mo re­co­no­cen. Me preo­cu­pa­ba la an­gus­tia que pu­die­ra lle­gar al be­bé, ya que cual­quier gi­ne­có­lo­go lo pri­me­ro que te di­ce es que tie­nes que vi­vir la fe­li­ci­dad má­xi­ma. Por eso no sé si me­re­ce la pe­na ga­nar un di­ne­ro a cos­ta de es­tas his­to­rias. Yo no en­tro en si es ver­dad o men­ti­ra. Ales­san­dro di­ce que es fal­so, pues ya es­tá. C. Vi­ve muy ape­ga­da a su hi­jo y se no­ta que hay muy bue­na quí­mi­ca en­tre us­te­des dos. A.O. Vi­vo fe­liz a su la­do, es lo me­jor que he he­cho en mi vi­da. Ca­da día me sor­pren­de con su sen­si­bi­li­dad, la ONG que ha crea­do y la em­pre­sa de mar­ke­ting que ha lan­za­do so­lo y que em­pe­zó en el ga­ra­je de ca­sa, co­mo Ste­ve Jobs. Hoy ya tie­nen su ofi­ci­na y les va muy bien. C. ¿Y no te­me que lle­gue el día que le anun­cie que se va de ca­sa? A.O. Es un chi­co muy in­de­pen­dien­te, pe­ro sa­be que en ca­sa so­mos una fa­mi­lia pe­cu­liar, pues­to que la fi­gu­ra del pa­dre ha es­ta­do muy fue­ra al no vi­vir en ca­sa y yo he si­do la que he lu­cha­do el día a día a su la­do. Ver­le tan bien aho­ra, con sus tra­ba­jos, in­clu­so sus colaboraciones en una ter­tu­lia ra­dio­fó­ni­ca de eco­no­mía y mar­ke­ting, es un or­gu­llo. Al ser hi­jo de pa­dres fa­mo­sos te­nía to­das las pa­pe­le­tas pa­ra ha­ber ele­gi­do un ca­mino muy fá­cil, pe­ro por suer­te no ha si­do así. Evi­den­te­men­te lle­ga­rá un día que se irá so­lo o con una no­via y se­rá una des­gra­cia pa­ra mí, pe­ro has­ta la fe­cha no ha ocu­rri­do. Hoy es un gran apo­yo. Pien­so que es bueno que vea que me lle­vo bien con su pa­dre y con Ma­ría y que es­toy en­can­ta­da con la ni­ña que es­pe­ran, Gi­ne­vra, por­que a pe­sar del lío que siem­pre me ro­dea, he con­se­gui­do que mi hi­jo vi­va en la cal­ma. Siem­pre in­ten­to qui­tar­le hie­rro a to­do, pe­ro lo bueno hoy en día es que tie­ne una ma­du­rez in­creí­ble. Aho­ra to­dos es­ta­mos

“UN DÍA MI HI­JO SE IRÁ, SO­LO O CON UNA NO­VIA, Y SE­RÁ UNA DES­GRA­CIA PA­RA MÍ”

pen­dien­tes del par­to y no sa­bes la ilu­sión que le ha­ce te­ner una her­ma­ni­ta. C. ¿Y no ha lle­ga­do el mo­men­to de que em­pie­ce a pen­sar en us­ted? A.O. Mi co­ra­zón y mi tiem­po lo ten­go en­tre­ga­do al cui­da­do de mis pa­dres y te ase­gu­ro que no ten­go ca­pa­ci­dad pa­ra pen­sar en bus­car un no­vio. No creo que sea el mo­men­to y, ade­más, es que es­toy sú­per a gus­to. He lle­ga­do a la con­clu­sión de que las pa­re­jas des­equi­li­bran y yo lle­vo tra­ba­ján­do­me mi paz y equi­li­brio es­tos años a ba­se de yo­ga y me­di­ta­ción, y no quie­ro que na­die me ha­ga cam­biar. Es más, no creo que ha­ya na­ci­do el hom­bre por el que ha­ga si­tio en mi ar­ma­rio pa­ra su ro­pa. Re­co­noz­co que me en­can­ta lle­gar a ca­sa y po­ner­me mis cre­mas y dis­fru­tar del des­can­so. So­lo de pen­sar que ten­go que cum­plir con uno que es­té es­pe­ran­do me da al­go. Ade­más, a mí to­das las pa­re­jas me han res­ta­do y mien­tras no ven­ga na­die que su­me no ha­brá na­da de na­da. Así so­mos las mu­je­res in­de­pen­dien­tes.

FO­TOS: VÍC­TOR CUCART

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