“ES­TA SE­RIE HA SI­DO UN IN­TEN­SO VIA­JE”

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN -

Se ha con­ver­ti­do en uno de los ac­to­res más va­lo­ra­dos tan­to en ci­ne co­mo en tea­tro y te­le­vi­sión, y no es fru­to ni de la ca­sua­li­dad ni de la suer­te sino de un gran ta­len­to que aho­ra le es­tá de­vol­vien­do lo sem­bra­do. Tras ro­dar una es­ce­na muy in­ten­sa, Da­niel Grao se se­có el su­dor de la fren­te, aflo­jó su cor­ba­ta, res­pi­ró hon­do y nos ha­bló del ator­men­ta­do An­to­nio Mon­te­jano que in­ter­pre­ta en La so­na­ta del si­len­cio. Co­ra­zón In­ten­so per­so­na­je... Da­niel Grao To­do un re­to y un via­je muy in­ten­so en su piel. Los flash­back an­te­rio­res a la Gue­rra Ci­vil nos ayu­dan a con­tar su his­to­ria, ya que apa­re­ce un An­to­nio mu­cho más lu­mi­no­so y po­si­ti­vo, víc­ti­ma de las cir­cuns­tan­cias. Es un des­cen­so a los in­fier­nos por la en­fer­me­dad, la cár­cel y la pro­pia ira fru­to de la frus­tra­ción de no po­der sa­car ade­lan­te a su fa­mi­lia. Es una víc­ti­ma tam­bién del ma­chis­mo de la épo­ca. El úni­co refugio que en­cuen­tra es el al­cohol y la mor­fi­na. C. Es una épo­ca muy cer­ca­na, que ya pa­re­ce muy le­ja­na. D.G. Pe­ro es­tá a la vuel­ta de la es­qui­na. Me pa­sa tam­bién con La pie­dra os­cu­ra, la obra que es­toy ha­cien­do de Ra­fael Ro­drí­guez Ra­pún, aman­te de Lor­ca, que pa­re­ce que es­tás ha­cien­do al­go muy le­jano y, de pron­to, te vie­ne al­guien del pú­bli­co y te di­ce que es nie­to, hi­jo o so­brino de unos u otros. Los con­flic­tos son atem­po­ra­les, so­lo cam­bia la es­té­ti­ca del mo­men­to, que, en es­te ca­so, es un aña­di­do pa­ra la se­rie por­que es muy atrac­ti­va. C. Con po­ner­se ese tra­je y ese pei­na­do, ya se tie­ne que ver otro... D.G. Ayu­da mu­chí­si­mo siem­pre el tra­ba­jo de ma­qui­lla­je, pe­lu­que­ría y ves­tua­rio, y en mi per­so­na­je es fun­da­men­tal y muy ins­pi­ra­dor. So­lo con mi­rar­te en el es­pe­jo... Ade­más, to­dos es­tos looks que se ale­jan mu­cho de uno, ya par­tien­do de ahí, ayu­dan. C. ¿Se ve muy trans­for­ma­do? D.G. Mu­cho. Yo, ade­más, ve­nía de tra­ba­jar con un look de bar­bi­ta y gre­ñas, y ver­me así... C. No de­ja de en­la­zar pro­yec­tos en ci­ne, tea­tro y te­le­vi­sión. To­dos muy di­fe­ren­tes. D.G. Sí, ya es una alegría te­ner mu­cho tra­ba­jo sien­do ac­tor en es­tos tiem­pos, pe­ro, ade­más, es­toy muy con­ten­to con el ti­po de pro­yec­tos que es­toy pu­dien­do ha­cer. Y po­der to­car to­dos los pa­los es es­tu­pen­do. C. ¿Con qué com­pa­ñe­ro ha co­nec­ta­do me­jor du­ran­te el ro­da­je? D.G. En ge­ne­ral, con to­dos. Con al­guno, co­mo Clau­dia Trei­sac y Fran Perea, ya ha­bía tra­ba­ja­do, pe­ro mi tra­ma es bas­tan­te en­do­gá­mi­ca por­que hay com­pa­ñe­ros con los que no he coin­ci­di­do. La his­to­ria de An­to­nio es so­li­ta­ria y fa­mi­liar. Pa­ra mí, era fun­da­men­tal en­ten­der­me bien con Mar­ta Etu­ra, que es mi mu­jer, y ha si­do una ma­ra­vi­lla.

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