EL VI­LLANO QUE SU­PO PER­DO­NAR A SU MA­DRE

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - LO ÚLTIMO -

Mí­ren­la, con qué or­gu­llo le ob­ser­va. A él tam­bién pa­re­ce que se le cae la ba­ba mien­tras abra­za a su ma­dre. Y es que ese fue un día es­pe­cial. Larry Hag­man, el ac­tor me­jor pa­ga­do de la te­le­vi­sión en­ton­ces por su pa­pel de J.R. en Da­llas, es­tre­nó su es­tre­lla en el Pa­seo de la fa­ma. Aun­que las co­sas no siem­pre fue­ron tan fá­ci­les. A él le cos­tó mu­chos años per­do­nar las au­sen­cias de ella du­ran­te su in­fan­cia. Au­sen­cias por no de­cir aban­dono, ya que mien­tras el pe­que­ño Larry cre­cía con su abue­la en Te­xas, Mary Mar­tin, la ma­dre, se con­ver­tía en una de las es­tre­llas más im­por­tan­tes de los mu­si­ca­les de Broad­way. ¿In­flu­yó eso en el al­coho­lis­mo de él? Po­dría ser. Pe­ro me­jor no es­pe­cu­lar y cen­trar­se en los he­chos y los ex­ce­sos de al­guien que pre­su­mía de desa­yu­nar ce­rea­les con bour­bon y de be­ber­se cin­co bo­te­llas de cham­pán al día. Más vino, vod­ka y lo que le echa­ran. «Nun­ca me em­bo­rra­ché ni me pu­se vio­len­to o des­agra­da­ble, tam­po­co ol­vi­dé mis diá­lo­gos en un ro­da­je», pre­su­mía. Y quie­nes le co­no­cie­ron ase­gu­ran que, en efec­to, Hag­man fue siem­pre un ti­po es­tu­pen­do y ge­ne­ro­so, ade­más de muy juer­guis­ta y ex­cén­tri­co, ca­paz, por ejem­plo, de ir a ha­cer la com­pra dis­fra­za­do de go­ri­la o de sem­brar el caos en el hi­pó­dro­mo de As­cot al arro­jar bi­lle­tes fal­sos de 100 dó­la­res jus­to cuan­do en­tra­ba la rei­na de Inglaterra. El hí­ga­do, eso sí, se lo des­tro­zó. Le diag­nos­ti­ca­ron una ci­rro­sis, un cán­cer y tu­vie­ron que tras­plan­tar­le uno en 1995. Des­pués de eso, vi­vió –y be­bió– 17 años más.

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