DIE­GO PABLO SI­MEO­NE LA SO­LE­DAD ELEGIDA DE EL CHO­LO

¿QUÉ SIEN­TE UN EN­TRE­NA­DOR CUAN­DO ES PA­DRE? ¿Y CUÁN­DO TIE­NE QUE ALEJARSE DE SUS HI­JOS POR PERSEGUIR UN SUE­ÑO PRO­FE­SIO­NAL? EL AR­GEN­TINO SE ABRE TÍMIDAMENTE EN SU AU­TO­BIO­GRA­FÍA, DON­DE NOS MUES­TRA CÓ­MO ES EL VER­DA­DE­RO DIE­GO PABLO SI­MEO­NE.

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - INFORME - POR ANA GUE­RRA

La gen­te ve a una per­so­na iden­ti­fi­ca­da con el fút­bol que co­mu­ni­ca co­sas de lo que sien­te por el fút­bol. Pe­ro no me co­no­ce. En par­te por­que soy rea­cio a las re­des so­cia­les, don­de siem­pre se ter­mi­na des­nu­dan­do la per­so­na­li­dad de los que par­ti­ci­pan. Y tam­bién por­que soy ce­lo­so de mi in­ti­mi­dad, que no tie­ne por qué ser pú­bli­ca». Es­tas pa­la­bras son del pro­pio Cho­lo Si­meo­ne –46 años– en la au­to­bio­gra­fía que aca­ba de pu­bli­car, Creer (Edi­to­rial Pla­ne­ta). Una obra en la que el ar­gen­tino, efec­ti­va­men­te, ha­bla de su vi­da li­ga­da al ba­lom­pié, pe­ro en la que da una se­rie de pin­ce­la­das so­bre sí mis­mo que, qui­zá, el hin­cha no se ha­bía pa­ra­do a ob­ser­var. El en­tre­na­dor del Atlé­ti­co de Ma­drid, ade­más de por el lan­za­mien­to de es­te li­bro, es ac­tua­li­dad por­que aca­ba de con­ver­tir­se en pa­dre. El pa­sa­do jue­ves 29 na­ció Fran­ces­ca, el pri­mer be­bé de Si­meo­ne con su ac­tual pa­re­ja, la mo­de­lo Car­la Pe­rey­ra, y el cuar­to en to­tal, des­pués de los tres hi­jos que tu­vo du­ran­te su vi­da en co­mún con Ca­ro­li­na Bal­di­ni –es­tu­vie­ron jun­tos dos dé­ca­das–. Y sí, aun­que sea rea­cio a las re­des, ha si­do él mis­mo quien ha mos­tra­do la pri­me­ra ima­gen de la ni­ña.

LA PATERNIDAD

Qui­zá por­que, co­mo re­fle­xio­na en Creer, cuan­do «na­ce un hi­jo el ju­ga­dor ya no es fut­bo­lis­ta, es pa­dre». Esa es la par­te de la que se la­men­ta. «Cuan­do na­ció mi pri­mer hi­jo, es­ta­ba con­cen­tra­do y no fui a su na­ci­mien­to. To­da­vía me due­le». ase­gu­ra. Es­ta vez no le ocu­rrió lo mis­mo: el par­to fue pro­gra­ma­do. Y aña­de: «Es­tar le­jos de mis hi­jos es la par­te más di­fí­cil de ser en­tre­na­dor del Atlé­ti­co».

Aun­que sin du­da, lo que más sor­pren­de de sus con­fe­sio­nes, en­tre vi­ven­cias de­por­ti­vas y de li­de­raz­go, es la de­fi­ni­ción que de sí mis­mo rea­li­za. Por­que ahí don­de le ven, con to­do el ca­rác­ter que de­mues­tra des­de la ban­da, es una per­so­na so­li­ta­ria. «Soy así co­mo per­so­na: ce­rra­do, her­mé­ti­co. No ten­go mu­chos ami­gos, pe­ro al mis­mo tiem­po soy ex­tro­ver­ti­do (…) Siem­pre fui una per­so­na so­li­ta­ria». Y ahí es don­de ra­di­ca el éxi­to de Die­go Pablo co­mo per­so­na –que no per­so­na­je, ya que él ja­más se con­si­de­ró así–: en ha­ber sa­bi­do ge­ne­rar un ha­lo de mis­te­rio o lo que él lla­ma «enig­ma». Un enig­ma que le ha con­ver­ti­do en uno de los téc­ni­cos más co­ti­za­dos e ido­la­tra­dos… a pe­sar de que a él le gus­ta mar­car dis­tan­cia.

“SOY CE­RRA­DO, HER­MÉ­TI­CO. NO TEN­GO MU­CHOS AMI­GOS”

El téc­ni­co y Car­la co­men­za­ron su re­la­ción ha­ce dos años. Son po­cas las ve­ces en las que se dejan ver jun­tos: a él le gus­ta pre­ser­var su vi­da pri­va­da.

LA HIS­TO­RIA DE UN HOM­BRE PE­GA­DO A UNA PE­LO­TA Die­go Si­meo­ne pre­sen­tó ha­ce unos días en Ma­drid el li­bro ‘Creer’, en el que, ade­más de de­jar­nos aso­mar en su es­fe­ra ín­ti­ma, con­fie­sa: “No ten­go re­cuer­do de mí mis­mo sin una pe­lo­ta de fút­bol”.

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