MARC MÁR­QUEZ

"Se li­ga di­fe­ren­te co­mo cam­peón del mun­do".

La Voz de Galicia (A Coruña) - Hoy Corazón - - NOTICIAS - POR ANA GUE­RRA

Di­ce que lla­mar a su fra­gan­cia He­ro Sport al prin­ci­pio no le con­ven­cía, por­que nun­ca se ha con­si­de­ra­do un hé­roe. Marc Már­quez (23), do­ble cam­peón del mun­do de Mo­to GP y lí­der del mun­dial en li­za, nos des­ve­ló cuán­to de co­que­to es, el éxi­to que tie­ne con el pú­bli­co fe­me­nino y el res­pe­to que le tie­ne a la muer­te cuan­do cir­cu­la a más de 300 ki­ló­me­tros por ho­ra. Co­ra­zón ¿Có­mo le con­ven­cie­ron para ha­cer un per­fu­me? Marc Már­quez La pri­me­ra reac­ción fue de res­pe­to. Pe­ro lue­go, va­lo­rán­do­lo, te vie­ne Puig, que es de las ca­sas más im­por­tan­tes, y no po­día de­cir que no. La ver­dad es que no me es­pe­ra­ba que el pro­yec­to fue­se tan en­tre­te­ni­do. Tie­nes que es­co­ger la fra­gan­cia que te gus­ta, lo que quie­res re­pre­sen­tar… C. La han lla­ma­do He­ro Sport. ¿Es cons­cien­te de que para mu­chos de los que si­guen el motociclismo us­ted lo es? M.M. El nom­bre lo pro­pu­sie­ron ellos y no es­ta­ba con­ven­ci­do, por­que no es mi es­ti­lo. Siem­pre he si­do más pre­ca­vi­do y aso­ciar mi nom­bre a la pa­la­bra hé­roe... Lue­go te po­nes a pen­sar y un hé­roe es ese que lu­cha y que in­ten­ta su­pe­rar­se en el día a día. Y eso sí re­pre­sen­ta el es­ti­lo de vi­da que he lle­va­do yo, de siem­pre que­rer ser me­jor y bus­car nue­vos re­tos. C. ¿Quién es su hé­roe? M.M. Para mí, son hé­roes las per­so­nas que no son pú­bli­cas, pe­ro que sal­van vi­das. No­so­tros so­mos hé­roes de fic­ción, ído­los. C. Hé­roe qui­zá no, pe­ro, co­mo di­ce, uno de sus ído­los de in­fan­cia era Va­len­tino Ros­si. ¿Có­mo es­tá la re­la­ción con él en es­tos mo­men­tos? M.M. Es­ta­mos en stand by. La re­la­ción que te­ne­mos es la mí­ni­ma que de­be ha­ber en­tre pi­lo­tos, me­ra­men­te pro­fe­sio­nal, cor­dial. He ido en­ten­dien­do en es­tos años que, al fi­nal, con tus má­xi­mos ri­va­les, ya sea Va­len­tino, Jor­ge Lo­ren­zo…, nun­ca se pue­de te­ner una amis­tad. Nos ha­bla­mos, sin más.

C. En­ton­ces, ¿no hay ami­gos en el pad­dock? M.M. No los hay en­tre los ri­va­les di­rec­tos para el tí­tu­lo, pe­ro hay otros pi­lo­tos, de otras ca­te­go­rías, con los que sí pue­des tra­bar amis­tad. Aun­que es muy re­la­ti­vo. Du­ran­te la tem­po­ra­da, la re­la­ción es pro­fe­sio­nal, pe­ro al aca­bar sa­li­mos a to­mar al­go, sin pro­ble­ma. C. A lo me­jor, si le ga­na­mos ya el Mun­dial a Ros­si ce­rra­mos el ca­pí­tu­lo. M.M. Por mí ya es­tá ce­rra­do. Él lo va sa­can­do, erre que erre. Yo ya di­je ha­ce tiem­po que es­ta­ba fi­ni­qui­ta­do, se die­ron las opi­nio­nes de los dos la­dos y al fi­nal la vi­da si­gue. No soy ren­co­ro­so. C. Dí­ga­me la ver­dad, ¿se li­ga más sien­do cam­peón del mun­do? M.M. (Ri­sas) Se li­ga di­fe­ren­te. Siem­pre hay un te­ma de con­ver­sa­ción ini­cial, que ayu­da bas­tan­te. La sen­sa­ción esa ini­cial de dis­tan­cia des­apa­re­ce. Pe­ro al fi­nal, tie­nes que ser na­tu­ral, ser uno mis­mo. Yo siem­pre he si­do un chi­co di­ver­ti­do, al que le en­can­ta ha­blar y le gus­ta es­tar ro­dea­do de gen­te. C. ¿Es de los que se mi­ra de­lan­te del es­pe­jo va­rias ve­ces an­tes de sa­lir de ca­sa? M.M. Mí­ni­mo dos o tres ve­ces. Me vis­to, me mi­ro en el es­pe­jo y si es­tá mi her­mano por allí, le pre­gun­to qué tal me ve. Tam­po­co soy co­que­to en ex­ce­so, pe­ro me gus­ta sa­lir a la ca­lle arre­gla­do. Al fi­nal, cuan­do te pre­sen­tas a al­guien, lo pri­me­ro que cuen­ta es la ima­gen. C. Vol­vien­do a las mo­tos, ¿sa­be igual el ca­va en No­che­vie­ja en ca­sa que en lo al­to del po­dio? M.M. Sa­be di­fe­ren­te. Ese ca­va sa­be a vic­to­ria y ale­gría, pe­ro tam­po­co es que te ape­tez­ca be­ber­lo. Has ter­mi­na­do la ca­rre­ra, es­tás su­da­do… C. ¿Qué es lo que más le ape­te­ce ha­cer al aca­bar una ca­rre­ra? M.M. Lle­gar al co­rra­li­llo don­de de­ja­mos la mo­to y ver a to­do el equi­po. Cuan­do con­tem­plas sus ca­ras, con los que es­tás tra­ba­jan­do to­do el año, y es­tán casi más con­ten­tos que tú, eso te lle­na de una ma­ne­ra im­pa­ga­ble. C. Hay mo­men­tos bue­nos, pe­ro tam­bién com­pli­ca­dos. Ha vi­vi­do la muer­te de al­gu­nos com­pa­ñe­ros du­ran­te es­tos años. Cuan­do su­ce­de al­go así, ¿con qué cuer­po se sube uno a la mo­to? M.M. Nun­ca pien­sas en eso, pe­ro cuan­do pa­sa te ha­ce ver la reali­dad a la que es­tás ex­pues­to. Ser pi­lo­to de mo­tos es un ries­go, pe­ro es al­go con lo que dis­fru­tas. Se sa­le y se da el má­xi­mo y si pa­sa… La ver­dad es que el gol­pe de Luis Sa­lom fue du­ro, por­que no so­lo le co­no­cía­mos a él, sino tam­bién a la fa­mi­lia. Pa­sas pá­gi­na y es co­mo cuan­do un ami­go tu­yo su­fre un ac­ci­den­te. C. ¿No se plan­tea uno lo cer­ca que es­tá de la muer­te? M.M. No. Sí da al­go de res­pe­to. Du­ran­te una épo­ca ves un po­co más los pe­li­gros, pe­ro si pien­sas en la muer­te, es me­jor que no te subas a la mo­to, por­que te vas a caer. C. ¿Y la fa­mi­lia? M.M. Con mi ma­dre ha sa­li­do el te­ma y di­ce que su­fre más cuan­do me voy con mis ami­gos de fies­ta y co­ge­mos el co­che. En la mo­to sa­be que es un ries­go, pe­ro que me cai­go y ten­go al doc­tor.

“SOY DI­VER­TI­DO, ME GUS­TA HA­BLAR CON LA GEN­TE”

Marc pre­sen­tó en Ma­drid, de la mano de Puig, su pri­me­ra fra­gan­cia: He­ro Sport. Allí nos con­fe­só que es de los que se mi­ra “dos y tres ve­ces en el es­pe­jo” an­tes de sa­lir de ca­sa.

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